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Ejemplos de oraciones con la palabra bajar

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra bajar en el contexto de una oración.

Término bajar: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "bajar" aquí tienes una selección de 74 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra bajar para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Sí, ahora va a bajar.
  • ¿Quiere usted volver a bajar?
  • Ella no podía bajar a la mina.
  • ¿Se va a bajar el cadáver o no?
  • Bautista comenzó a bajar despacio.
  • Quiso bajar a la huerta, al Parque.
  • ¡Estaría tan mona! Resolvió bajar.
  • Si quiere usted bajar sola, puede usted hacerlo.
  • Al llegar a Aranjuez se decidió a bajar del tren.
  • Y vuelta a bajar y a subir nuevamente con un mensaje.
  • Adivina el papel que puede subir y el que va a bajar.
  • Cuando Bautista descendió, Martín comenzó a bajar.
  • El irlandés comenzó a bajar sin hacer el menor ruido.
  • Con su mano, el subir y bajar de las banderas de señal.
  • Al bajar la escalera, sus pensamientos tomaban otro giro.
  • Estaba cerca la estación donde tenía que bajar Andrés.
  • Pues hagan el favor de parar el coche, porque voy a bajar.
  • ¡Entonces sí que tendrían que bajar la cabeza, darse por convictos!
  • Si atábamos la cuerda en la galería alta, podríamos bajar a la otra.
  • No tardó, sin embargo, en bajar al sollado, diciendo que se sentía muy mal.
  • Aquí todo se hace público, y al fin no hay más remedio que bajar la cabeza.
  • Serían cerca de las nueve cuando comenzó a bajar las escaleras cautelosamente.
  • Cuando le oyó bajar las escaleras volvió a sentir deseos de más explicaciones.
  • Pero como no teníamos viento favorable, decidí bajar y doblar el Cabo de Hornos.
  • Al bajar a la prendería Hurtado y el juez, la mujer del tío Garrota había muerto.
  • Temía que se cansase, que se enfriase al atravesar los salones, al bajar al claustro.
  • Le seguimos, y agarrándonos a las dos limas pudimos bajar los tres al segundo balcón.
  • Hubiéramos podido bajar desde allá al mar por una de las cadenas que sujetaban el pontón.
  • Sor Marcela intentó bajar valerosa, pero a los tres peldaños cogió miedo y viró para arriba.
  • La cabeza se le desvanecía, y al bajar la escalera tuvo que agarrarse al barandal para no caerse.
  • No había llegado Fortunata al segundo, cuando vio bajar a este, y le entraron ganas de saludarle.
  • Y tornó a bajar con toda su oficiosidad y diligencia, dispuesto a subir cien veces si fuese menester.
  • Al entrar el médico, la enferma solía bajar disimuladamente al gato de la cama y dejarlo en el suelo.
  • Era el barquero que veía su barca en un islote que dejaba el agua en medio de la ría al bajar la marea.
  • Mi madre encontraba que dejar la derrota de Cádiz a Filipinas para ir a Liverpool era bajar de categoría.
  • Empujó demasiado fuerte, para que se cayera Saturno y, ¡zas! subió la barquilla allá arriba y al bajar.
  • Toda la noche se hubiera estado el animalejo mira que te mirarás, con aire de desafío, sin bajar la mirada.
  • Vamos a bajar antes que vuelva el agua advirtió De Pas, que hubiera querido estar cinco estados bajo tierra.
  • Al bajar de la torre y pasar por el trascoro las había visto, las había conocido, eran la Regenta y Visitación.
  • Y luego le cumple torcer a mano izquierda, y luego le cumple bajar a mano derecha por un atajito, hasta el crucero.
  • Había que marchar con cuidado por los escalones húmedos, resbaladizos y rotos, y bajar la cabeza para no tropezar.
  • ¡Bien por los chicos valientes! dijo Santa Cruz, a punto que Ramón Villuendas se despedía para bajar al escritorio.
  • Híceme algo de rogar, aunque poco, y cené con ellos, haciendo bajar a buscar mis criados y jurando de echarlos de casa.
  • Poco tardaron los bailarines en bajar hacia la rectoral, cantando y atruxando como locos, y con ellos descendió Julián.
  • Don Pedro volvió a bajar la escalera rápidamente silbando una riveirana, y el capellán, al pronto, se quedó inmóvil.
  • Pero esto ya era mucha libertad, y aunque la chiquilla imaginó diferentes pretextos para bajar, no se salió con la suya.
  • Pero tuvo que bajar el brazo, porque doña Petronila replicó que no estaba dispuesta a recibir órdenes de un entrometido.
  • El carcelero, pareciéndole que por no dejarme zabullir en lo hondo le daría otro doblón, asió del caso y mandóme bajar allá.
  • Estas niñerías para mostrar cuánta virtud sea saber los hombres subir siendo bajos, y dejarse bajar siendo altos cuánto vicio.
  • Tras de esto, se vió bajar un hombre por el tronco de un árbol, se vió que cruzaba la huerta, montaba sobre la tapia y desaparecía.
  • Dudaba, permanecía quieto, como el que desea retrasar el momento de una resolución importante, y al fin se decidió á bajar al mercado.
  • Corrí hacia él para auxiliarle, y antes que yo llegase, un oficial se le acercó, intentando convencerle de que debía bajar a la cámara.
  • Luego, un hombre rubio, al parecer extranjero, y después saltó una muchacha morena, que ayudó a bajar a una señora gruesa, de pelo blanco.
  • Hasta la madrugada estuvo la tía acompañándola, y viéndola relativamente sosegada, se fue a descabezar un sueño antes de bajar al mercado.
  • Después que echó aquel brindis estúpido, Izquierdo habló de subir a gatas a casa de su hermana, y de bajar rodando por los escalones de piedra.
  • Los cuartos estaban pavimentados con azulejos relucientes y resbaladizos y tenían escalones para subir y bajar, salvando las diferencias de nivel.
  • Y al pasar unas escaleras que había para bajar a un patio donde estaba el depósito de la sala, las cabezas iban dando lúgubremente en los escalones de piedra.
  • Las mulas volvieron de nuevo camino del puerto, y Zalacaín y su cuñado comenzaron a bajar del monte en línea recta, saltando, deslizándose sobre la nieve, a riesgo de despeñarse.
  • Al bajar por la escalera de la gradería los pasos del fugitivo producían gran estrépito, y los demás muchachos sentados llevaban el compás golpeando con los pies y con los bastones.
  • Las conveniencias sociales, nena mía, son más fuertes que nosotros, y no puede uno estar riéndose de ellas mucho tiempo, porque a lo mejor viene el garrotazo, y hay que bajar la cabeza.
  • Lo único que pudo recordar fue que el instinto de precaución le dominaba aún, y que al bajar la escalera lo hizo de puntillas, evitando roces, como si fuera un delincuente y temiera ser descubierto.
  • De la niña que se le cayó la muñeca en un pozo seco adonde no podía bajar a sacarla y se puso a llorar, a llorar, a llorar, y lloró tanto que se llenó el pozo con sus lágrimas y salió flotando en ellas la muñeca.
  • La muchacha de los ojos negros, a quien al principio no reconoció Martín, era la señorita a quien habían hecho bajar del coche los de la partida del Cura y después se había fugado con ellos en compañía de su madre.
  • Tras el capellán salió también su acólito, y mientras los dos arreglaban a la Dura, las monjas, viendo sojuzgado al enemigo, arriesgáronse a bajar y acudieron a Guillermina, que con el pañuelo se restañaba la sangre de su leve herida.
  • Tenía tal convencimiento Martín de que sólo a fuerza de audacia se salvaría, que se desnudó con rapidez, se puso el uniforme y la boina, luego se ciñó la espada, se echó el capote por encima y comenzó a bajar las escaleras, taconeando.
  • Un tonel viejo arrimado al descuido a la pared, y los restos de una espaldera, fueron escalones suficientes, sin que nadie pudiese notarlo, para subir y bajar don Álvaro por la parte del parque con toda la prisa que pudieran aconsejar las circunstancias.
  • Ilustración VII POR EL PACÍFICO Aunque el plan nuestro era bajar por el Pacífico, hasta llegar al paralelo 50 a 55 al sur, se decidió ponerse en rumbo hacia las islas de Taití y desembarcar en cualquiera de ellas por lo menos a la mitad de los chinos.
  • Sabel, por su parte, a medida que el banquete se prolongaba y el licor calentaba las cabezas, servía con familiaridad mayor, apoyándose en la mesa para reír algún chiste, de los que hacían bajar los ojos a Julián, bisoño en materia de sobremesas de cazadores.
  • Y se endiosaba, y tardaba un buen rato en bajar, entreteniéndose en arreglar cosas que no estaban revueltas, o poniéndose de pechos en la ventana, muy risueña y campechanota, alardeando de una confianza que Julián, cada día más reservado, no autorizaba en modo alguno.
  • Torquemada había sido alabardero en su mocedad, y conservando el bigote y perilla, que eran ya entrecanos, tenía un no sé qué de eclesiástico, debido sin duda a la mansedumbre afectada y dulzona, y a un cierto subir y bajar de párpados con que adulteraba su grosería innata.
  • Pero aquellas prendas sólo eran de indispensable uso al bajar a la capilla y en las horas de rezo, y podía quitárselas en las horas de trabajo, poniéndose entonces una falda vieja de las de su propio ajuar y un cuerpo, también de lana, muy honesto, que recibían para tales casos.
  • Sobre ella, agitándose dorado y tembloroso entre sus deslumbrantes varas, el palio, que avanzaba lentamente, y bajo la movible tienda de seda, como un sol asomando entre nubes de perfumes, la deslumbrante custodia, que hacía bajar las cabezas, como si nadie pudiera resistir la fuerza de su brillo.
  • Y mañana, cuando salga en los periódicos la extensa relación de lo ocurrido, no podréis imaginaros que la fiera en figura humana que mató al rival, a la novia y hasta a la mamá, si es que se decide a bajar, era el joven dulce y simpático que, pálido como un muerto, estaba hecho un poste cerca del cafetín.
  • Por más que el jinete trataba de sofrenarlo agarrándose con todas sus fuerzas a la única rienda de cordel y susurrando palabritas calmantes y mansas, el peludo rocín seguía empeñándose en bajar la cuesta a un trote cochinero que descuadernaba los intestinos, cuando no a trancos desigualísimos de loco galope.