Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra balas

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra balas en el contexto de una oración.

Término balas: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "balas" aquí tienes una selección de 27 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra balas para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Silbaban las balas.
  • No le entraban balas ni catarros.
  • Suponíalo lleno de postas o de balas.
  • Y las balas pocas veces se andan a roer zancajos.
  • Tú eres valiente, Martín, tú no tendrás miedo de las balas.
  • Dos o tres balas pasaron silbando y fueron a estrellarse en el suelo.
  • Los perseguidores dispararon sobre el coche que fué atravesado por las balas.
  • Estaba seguro de que las dos balas de su escopeta las tenía aún en el cuerpo.
  • ¡Ah!, lo que debía hacer era meterle un par de balas en el cuerpo a doña Lupe.
  • Defender una trinchera heroicamente y plantar la bandera entre las balas que silban.
  • Mucha madera donde mandar balas, y mucho jumo de pólvora que caliente el aire cuando hace frío.
  • La carrera terminó a la media hora, al oir que las balas comenzaban a silbar por encima de sus cabezas.
  • Figúrense ustedes el fuego de estos seis colosos, vomitando balas y metralla sobre un buque de 74 cañones.
  • También solían cargar en carros, que cubrían de tejas, plomo en lingotes, que había de servir para fundir balas.
  • Otras balas rebotaban contra un palo o contra la obra muerta, levantando granizada de astillas que herían como flechas.
  • A todo atendía, todo lo disponía, y la metralla y las balas corrían sobre su cabeza, sin que ni una sola vez se inmutara.
  • Luego, en los calcañares, me enseñó otras dos señales, y dijo que eran balas, y yo saqué por otras dos mías que tengo que habían sido sabañones.
  • Estábamos envueltos por el enemigo, cuya artillería lanzaba una espantosa lluvia de balas y de metralla sobre nuestro navío, lo mismo que sobre el Bucentauro.
  • Ya dije que los heridos se habían transportado al último sollado, lugar que, por hallarse bajo la línea de flotación, está libre de la acción de las balas.
  • ¿Para qué es eso de estarse arrojando balas y más balas, sin más ni más, puestos sobre cuatro tablas que, si se quiebran, arrojan al mar centenares de infelices?
  • Los primeros juegos fueron llevados a la carrera por el Cacho, que tiraba las pelotas como balas unas líneas solamente por encima de la raya, de tal modo que era imposible recogerlas.
  • El Trinidad le destrozaba con mucha fortuna, cuando el Temerary, ejecutando una habilísima maniobra, se interpuso entre los dos combatientes, salvando a su compañero de nuestras balas.
  • Excuso decir que en aquel reñido combate forjado dentro de mi propio cerebro, derroté a todos los ingleses habidos y por haber, con más facilidad que si sus barcos fueran de cartón, y de miga de pan sus balas.
  • De tal suerte combatida y sin poder de ningún modo devolver iguales destrozos, la tripulación, aquella alma del buque, se sentía perecer, agonizaba con desesperado coraje, y el navío mismo, aquel cuerpo glorioso, retemblaba al golpe de las balas.
  • Las balas de cañón, de tan cerca disparadas, mutilaban horriblemente los cuerpos, y era frecuente ver rodar a alguno, arrancada a cercén la cabeza, cuando la violencia del proyectil no arrojaba la víctima al mar, entre cuyas ondas debía perderse casi sin dolor la última noción de la vida.
  • En las plataformas iban los de la Lonja, tratantes en trigo, molineros, gente campechana y amiga del estruendo, que, en mangas de camisa, botonadura de diamantes y gruesa cadena de oro en el chaleco, arrojaban a los balcones con la fuerza de proyectiles los ramilletes húmedos y los cartuchos de confites duros como balas, con más almidón que azúcar.
  • Y sintiendo en su interior la ciega bravura del mercader moro que sufre toda clase de ofensas, pero enloquece de furor cuando le tocan su propiedad, Barret entró corriendo en su barraca, agarró la vieja escopeta que tenía siempre cargada detrás de la puerta, y echándosela á la cara plantóse bajo el emparrado, dispuesto á meterle dos balas al primero de aquellos bandidos de la ley que pusiera el pie en sus campos.