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Ejemplos de oraciones con la palabra baldomero

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra baldomero en el contexto de una oración.

Término baldomero: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "baldomero" aquí tienes una selección de 100 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra baldomero para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Baldomero parecía otro.
  • Tantas cosas a Don Baldomero.
  • Don Baldomero no lo decía así.
  • Don Baldomero no cesaba de exclamar.
  • Algo más daremos, ¿verdad Baldomero?
  • manifestó Don Baldomero con orgullo.
  • A Baldomero le ha sabido esto muy mal.
  • Mi amigo Baldomero también dará algo.
  • Tenía la misma edad que Don Baldomero.
  • Baldomero está incomodado con tu bromazo.
  • Don Baldomero solía enfadarse y le decía.
  • Pero sí a Don Baldomero y algo a Barbarita.
  • Pues irían también Don Baldomero y su hijo.
  • Baldomero no lo consiente, y tiene mucha razón.
  • Hija, Baldomero no se nos presenta muy favorable.
  • Asimismo era interior el despacho de Don Baldomero.
  • Cuando le hablo de esto a Baldomero, se ríe de mí.
  • Don Baldomero miró a su esposa con cierta severidad.
  • Don Baldomero II y Don Juan I tenían ropa para un siglo.
  • Don Baldomero entró a ver a su hijo antes de pasar al comedor.
  • Don Baldomero tenía ya sesenta años, Barbarita cincuenta y dos.
  • Don Baldomero decía con acento de tristeza una cosa muy sensata.
  • Verificábase en él lo que Don Baldomero había dicho del país.
  • Milagro, milagro apuntó Don Baldomero en marcha hacia el comedor.
  • Le preguntó Don Baldomero desde el otro extremo de la habitación.
  • Don Baldomero y Barbarita besaron a sus hijos y se fueron a acostar.
  • Vamos a ver dijo Don Baldomero con alegría, que le retozaba en la cara.
  • También esto concordaba con un pensamiento de Don Baldomero, que decía.
  • ¡Dale!, ya pareció aquello respondía don Baldomero Pues yo te probaré.
  • El veinticinco por ciento es mucho para la gente menuda dijo Don Baldomero.
  • A Don Baldomero le pareció muy bien el viaje del chico, para que viese mundo.
  • Esta tarde tuve la palabra en la boca para contarle a Baldomero tu calaverada.
  • Jamás se ha visto a Don Baldomero II en un teatro sin tener al lado a su mujer.
  • Don Baldomero estaba muy sereno, y el golpe de suerte no le daba calor ni frío.
  • ¡Vaya!, si su marido, Pepe Reoyos, era íntimo, pero íntimo, de Don Baldomero.
  • Cuando comunicaba sus temores a Don Baldomero, este se echaba a reír y le decía.
  • Nada, nada, aquella misma noche al acostarse, le había de contar todo a Baldomero.
  • Llegó entonces Don Baldomero, anunciándose antes de entrar con estas alegres voces.
  • Esta noche sin falta se lo dices tú, y yo me encargo de volver a tantear a Baldomero.
  • Era ahijado de Don Baldomero I, y por esto seguía llamando padrino a Don Baldomero II.
  • ¡Ay!, el susto que se llevaron Don Baldomero Santa Cruz y Barbarita no es para contado.
  • Todavía me he de ver yo cogida al brazo de don Baldomero, dando vueltas en la Castellana.
  • No podía ser, pues, Don Baldomero, por razón de afinidades personales, sospechoso al poder.
  • Después hubo debate sobre quesos, diciendo Don Baldomero que los del Reino son también muy buenos.
  • Bárbara manifestaba a su madre con gozo discreto, que Baldomero no le daba el más mínimo disgusto.
  • El escritorio no alteró jamás ciertas tradiciones venerandas del laborioso reinado de Don Baldomero I.
  • exclamó Don Baldomero pasándose la mano por la cabeza, y arrojando hacia el suelo una mirada fúnebre.
  • Algo le habría gustado a Don Baldomero que el Delfín diera a conocer sus eximios talentos en la política.
  • Sin hacer mucho caso de su amigo, Don Baldomero leyó en voz alta la noticia o estribillo de todos los días.
  • Por Dios, hijo decía Don Baldomero con inocencia, si eso no puede ser y sacaba a relucir los jamases de Prim.
  • Yo, te digo la verdad, le traería a casa si no fuera porque a Baldomero y a Juan no les gustan estos tapujos.
  • Don Baldomero, sin meterse en dibujos, dijo una cosa muy sensata, producto de su observación de tanto tiempo.
  • Y en este desabridísimo noviazgo pasaron algunos meses, al cabo de los cuales Baldomero se soltó y despabiló algo.
  • Cuando reveló sus planes a Don Baldomero, este sintió regocijo, pues también a él se le había ocurrido lo mismo.
  • Y aunque se hunda el mundo, este hijo es el verídico nieto natural de esos señores, Don Baldomero y doña Bárbara.
  • ¡Si habrá nacido de pie este bendito Plácido dijo Don Baldomero a su nuera, que hasta se saca la lotería sin jugar!
  • Don Baldomero, acentuando más su sonrisa paternal, abrió una gaveta de su mesa y sacó un objeto envuelto en papeles.
  • ¿En qué consistía que habiendo sido él educado tan rígidamente por Don Baldomero I, era todo blanduras con su hijo?
  • Don Baldomero II se sonrió con aquella bondad patriarcal tan suya, y sacando otra vez lista y lápiz, dijo en alta voz.
  • En el reinado de Don Baldomero II, las prácticas y procedimientos comerciales se apartaron muy poco de la rutina heredada.
  • Barbarita, que conocía bien a su amiga, no machacaba como Don Baldomero, dejándola comer lo que quisiese o no comer nada.
  • Estaban en el despacho apartados de los dos grupos de tresillistas (Don Baldomero, Ruiz Ochoa, su señora, Pepe Samaniego y otros).
  • Aquel día había entrado en Madrid el Rey Alfonso XII, y Don Baldomero estaba con la Restauración como chiquillo con zapatos nuevos.
  • Había estado admirablemente hecho, según Don Baldomero, y el ejército había salvado una vez más a la desgraciada nación española.
  • Ya tenían canas las cabezas de uno y otro, y Don Baldomero decía a todo el que quisiera oírle que amaba a su mujer como el primer día.
  • En el reinado de Don Baldomero I, o sea desde los orígenes hasta 1848, la casa trabajó más en géneros del país que en los extranjeros.
  • El resto de su renta lo capitalizaba Don Baldomero, bien adquiriendo más acciones cada año, bien amasando para hacerse con una casa más.
  • Don Baldomero no había podido sustraerse a esa preocupación tan española de que los padres trabajen para que los hijos descansen y gocen.
  • La casa se denominó desde entonces Sobrinos de Santa Cruz, y a estos sobrinos, Don Baldomero y Barbarita les llamaban familiarmente los Chicos.
  • Villalonga y Don Baldomero no prestaban ni pizca de atención a los entusiasmos de su insufrible amigo, y se ocupaban en cosas de más sustancia.
  • Vaya, vaya con este perdis decía Don Baldomero mirando mucho a su amigo y pariente y no atreviéndose a decir que le encontraba muy desmejorado.
  • Entró Don Baldomero de la calle cuando ya se iban a sentar a la mesa, y dijo con la mayor naturalidad del mundo que le había caído la lotería.
  • Hasta que Don Baldomero realizó el traspaso, no se supo en aquella casa lo que era un metro, ni se quitaron a la vara de Burgos sus fueros seculares.
  • Ii Ya sabemos que la madre de Don Baldomero Santa Cruz y la de Gumersindo y Barbarita Arnaiz eran parientes y venían del Trujillo extremeño y albardero.
  • El 26 por la mañana entró Don Baldomero en el cuarto de su hijo cuando este se acababa de levantar, y ambos estuvieron allí encerrados como una media hora.
  • ¡Hombre, en qué tonterías te fijas! observó Don Baldomero, continuando la apología de la patria en términos calurosos que el otro oía con benevolencia.
  • Resolviose la cuestión del Pituso conforme a lo dispuesto por don Baldomero, y la propia Guillermina se lo llenó una mañanita a su asilo, donde quedó instalado.
  • Pero lo más particular era que creyendo Don Baldomero que tal sistema había sido eficacísimo para formarle a él, lo tenía por deplorable tratándose de su hijo.
  • Cuando se casó, hízole proposiciones don Baldomero para que tomase algunos miles y negociara con ellos, ya jugando a la Bolsa, ya en otra especulación cualquiera.
  • Lo que hacía cavilar algo a Don Baldomero II era que su hijo no tuviese la firmeza de ideas que él tenía, pues él pensaba el 73 lo mismo que había pensado el 45.
  • Barbarita solía ponerse en primera fila para echar los gemelos en redondo y poder contarle a Baldomero algo más que cosas de decoraciones y del argumento de la ópera.
  • Pero quiso su mala suerte que aquel mismo día o el próximo cortase el vuelo de su mente Don Baldomero, el cual la llamó a su despacho para echarle el siguiente sermón.
  • Pareció que el mismo demonio lo hizo, porque en el momento de salir Don Baldomero del cuarto de su hijo, he aquí que se presentan en el despacho Villalonga y Federico Ruiz.
  • Don Baldomero no tenía carácter para poner un freno a su estrepitoso cariño paternal, ni para meterse en severidades de educación y formar al chico como le formaron a él.
  • En las postrimerías de aquel reinado fue cuando la casa empezó a trabajar en géneros de fuera, y la reforma arancelaria de 1849 lanzó a Don Baldomero II a mayores empresas.
  • Durante algún tiempo, el Delfinito siguió en casa de Guillermina, donde estaba la nodriza, hasta que enteraron de todo a Don Baldomero, y se le pudo llevar a la casa patrimonial.
  • Baldomero era juicioso, muy bien parecido, fornido y de buen color, cortísimo de genio, sosón como una calabaza, y de tan pocas palabras que se podían contar siempre que hablaba.
  • Hablando de esto con su marido, Don Baldomero, en quien lo progresista no quitaba lo autoritario (emblema de los tiempos), propuso un plan defensivo que mereció la aprobación de ella.
  • Entre ella y yo, ¡qué diferencia! Yo soy madre del único hijo de la casa, madre soy, bien claro está, y no hay más nieto de don Baldomero que este rey del mundo que yo tengo aquí.
  • Don Baldomero Santa Cruz, el gordo Arnaiz, Bringas, Moreno, Labiano y otros almacenistas de paños, lienzos o novedades, le daban piezas para que las fuera enseñando de tienda en tienda.
  • Mientras fue Don Baldomero jefe de la casa, esta no se desvió en lo esencial de los ejes diamantinos sobre que la tenía montada el padre, a quien se podría llamar Don Baldomero el Grande.
  • Después de esta conversación, fue Jacinta a la casa de su hermana a quien también confió su secreto, concertando con ella el depositar el niño allí hasta que Juan y Don Baldomero lo supieran.
  • Los gustos extranjeros de aquel hombre y el desamor que a su patria mostraba, eran ocasión de empeñadas reyertas entre él y Don Baldomero, que defendía todo lo del Reino con sincero entusiasmo.
  • La mujer de don Baldomero I y la del difunto Arnaiz eran primas segundas, floridas ramas de aquel nudoso tronco, de aquel albardero de la calle de Toledo, cuya historia sabía tan bien el gordo Arnaiz.
  • ¿Por qué no se le ocurrió darle un escándalo, ir a la casa con el crío en brazos y presentarse a doña Bárbara y a Don Baldomero y contarles allí bien clarito la gracia que había hecho su hijo?
  • Siempre tenía Don Baldomero un surtido tan variado como excelente, y el buen señor conservaba, entre ciertos hábitos tenaces del antiguo hortera, el de reservar los cigarros mejores para los domingos.
  • Don Baldomero disfrutaba una renta de veinticinco mil pesos, parte de alquileres de sus casas, parte de acciones del Banco de España y lo demás de la participación que conservaba en su antiguo almacén.
  • Pepe Samaniego apareció en la puerta a punto que Don Baldomero pregonaba su nombre y su premio, y el favorecido no pudo contener su alegría y empezó a dar abrazos a todos los presentes, incluso a los criados.
  • Don Baldomero, que deseaba echar aquella noche una partida de mus, el juego clásico y tradicional de los comerciantes de Madrid, esperó a que entrase Pepe Samaniego, que era maestro consumado, para armar la partida.
  • Trinaba contra todo arancel que no significara un simple recurso fiscal, mientras que Don Baldomero, que en todo era templado, pretendía que se conciliasen los intereses del comercio con los de la industria española.