Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "ballester" aquí tienes una selección de 100 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra ballester para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Era Ballester.
- Amigo Ballester.
- Olimpia gritó Ballester.
- Si no lo advierte Ballester.
- Buenos días, amigo Ballester.
- Pero Ballester tomó una vara.
- ¿No lo dispuso así Ballester.
- Si pudiera esperar a Ballester.
- Las extravagancias de Ballester.
- No se divierta conmigo, Ballester.
- Observándola, Ballester se decía.
- Una de dos dijo Ballester suspirando.
- Lo mismo que el tontaina de Ballester.
- Ballester examinaba las terribles drogas.
- Le encargaremos a Ballester que te amarre.
- Por fin, se hizo lo que Ballester deseaba.
- Y convido a las de Torquemada, a Ballester.
- Vamos a ver dijo Ballester mirando el libro.
- Ballester y Guillermina se miraron alarmados.
- Buenas tragaderas tiene el amigo dijo Ballester.
- Vaya Ballester dijo Fortunata con malísimo humor.
- Ballester se la sabía ya de memoria sin perder nota.
- ¡Cuidado que es bonito! dijo Ballester inclinándose.
- Era Ballester, quien al verla, se quedó algo cortado.
- Tengo que ajustarle las cuentas al señor de Ballester.
- Ballester y la santa volvieron a mirarse con inquietud.
- Pues Ballester y doña Guillermina lo decían hace poco.
- Ballester había recomendado que se le diera carne cruda.
- No dándose por vencido, Ballester persistió en su idea.
- Amigo Ballester, le convido a usted a Variedades esta noche.
- Las once y media serían cuando sintieron la voz de Ballester.
- Ballester se asomó a la puerta entornada para ver a la pareja.
- Ha ido a cortarse el pelo le dijo Ballester, ofreciéndole una silla.
- Ballester, por Dios, averígüelo usted y sáqueme de este conflicto.
- Cuando Ballester le propuso que tomara la medicina, replicó la joven.
- Esperaré yo también contestó el otro sentándose debajo de Ballester.
- Entonces Ballester cubrió la faz de su amiga con un pañuelo finísimo.
- Y apuesto a que ha sido Ballester el que les ha dado el ácido arsenioso.
- Fue allá la fundadora, y se alegró de encontrar a Ballester en la sala.
- Ballester dijo Maxi mirándole fijamente y como quien vuelve de un letargo.
- Doña Lupe mandó recado a Ballester, que fue a verle después de anochecido.
- Parecía convencida, y Ballester se fue con la impresión de haber triunfado.
- Subía del cuarto de Plácido a decir a Ballester algo referente al entierro.
- Ballester, afectadísimo, hacía de tripas corazón, y se retiró el último.
- Dejando que pasara la racha de entusiasmo maternal, Ballester continuó así.
- Me ha dicho esta mañana Ballester que tiene algo de reblandecimiento cerebral.
- ¡Y qué talento artístico, qué expresión! decía el gran tuno de Ballester.
- ¡Qué reguapa está! pensaba Ballester al saludarla, apretándole mucho la mano.
- Y yo también dijo Ballester, cayendo en la cuenta de que no debía contrariarle.
- A eso de la una, Ballester se fue a su botica y los dos Josés a la casa de la Cava.
- Soy Ballester, y ahí tengo la vara aquella para enderezar a los niños mal criados.
- Le dijo Ballester con aquella dureza que era, según él, el más eficaz tratamiento.
- Amiga mía le dijo Ballester, no tema usted que la mortifique con consuelos vulgares.
- Bebió con ansia, y entre tanto, la fundadora llevaba aparte a Ballester y le decía.
- Ballester dice que es nervioso, una hiperquinesia del corazón, producida por la dispepsia.
- Aquí donde usted me ve, amigo Ballester, yo también puedo ser ángel, poniéndome a ello.
- El excelentísimo señor de Ballester queda encargado de la ejecución del presente decreto.
- Ello es que yo he dormido, amigo Ballester dijo Rubín con relativa serenidad levantándose.
- Fue a buscarme al cajón, muy ofendida porque el señor Ballester no la dejó entrar a verte.
- Toma las llaves, saca de aquel chocolate que nos dio Ballester, chocolate con hierro dializado.
- Por la noche estaban en la botica, además de Ballester, los dos practicantes Padilla y Rubín.
- Fortunata delante, Guillermina agarrada a ella, y detrás Ballester, Maxi, Izquierdo y Segunda.
- Como Ballester se acercara a la puerta de la alcoba cuando oía reír a la santa, esta le dijo.
- Probablemente esta salidita, con pretexto de llevarle a Ballester los polvos, sería para verle.
- Xi A eso de las diez salió Fortunata para llevar a Ballester el paquete de sustancias venenosas.
- Después observó que Ballester sacaba de un cajón un paquetito de medicamento y se lo daba al Sr.
- En una de estas vueltas, salió Ballester a la puerta de la botica y le llamó con gesto imperativo.
- Y mi niño es el rey de España, y nada tiene que ver con Ballester, que es su amiguito y nada más.
- La del campo indicó Ballester con mal humor, discurriendo que maldita la falta que hacía Maxi allí.
- Ballester se reía y Maximiliano estaba muy serio, lo que reparó la fundadora, apresurándose a decir.
- En el de cabecera iba Ballester, que por no ir solo se había hecho acompañar de su amigo el crítico.
- Ballester contestó con un gran suspiro, al cual no dio su interlocutora la interpretación conveniente.
- Ballester iba y venía, trabajando sin cesar, y cantaba entre dientes estribillos de zarzuelas populares.
- Maxi no comprendía, y Ballester, decidido a darle la noticia sin rodeos ni atenuaciones, concluyó así.
- Era un ángel murmuró Ballester, a quien, sin saber cómo, se le comunicaba algo de aquella exaltación.
- ¿Pues no ha tenido el atrevimiento de decirme, entre bromas y veras, que yo estaba enredada con Ballester?
- Ballester se le llevó no sin trabajo, porque aún quería permanecer allí más tiempo y llorar sin tregua.
- Mi familia, Ballester y todas las personas a quienes conozco fuera de casa, bordaban admirablemente su papel.
- Ballester la contradecía suavemente, recomendándole la prudencia, la tolerancia y el perdón de las injurias.
- Ballester la miraba sin osar decirle nada, respetando aquel dolor que por lo muy verdadero no podía disimularse.
- A pesar de todo, no quería Ballester irse sin llevarle por delante, y tanto bregó con él, que hubo de conseguirlo.
- (Ballester tomaba una actitud que a él le parecía aristocrática), decía que a quien debiera usted querer es a mí.
- Al ofrecerle una silla, Ballester parecía poner especial cuidado en dar a conocer sus botas nuevas, resplandecientes.
- Confeccionada la medicina en un dos por tres, volvió Ballester a coger la vara, y continuó la filípica de este modo.
- Yo iré dijo Ballester, que no podía desechar la idea de que en el obrador de Samaniego darían razón de la fugitiva.
- Se encendió luz en la sala, y doña Casta dijo a Olimpia que tocara la pieza para que la oyeran Maximiliano y Ballester.
- Ballester se corrió gallardamente aquel día a convidar a Izquierdo y a Ido del Sagrario en el próximo café de Levante.
- Dice Ballester que tome mucho hierro, pero mucho hierro, y que esto es falta de glóbulos en la sangre, y así debe de ser.
- Ballester mandó a la criada que quitara la luz, que acaloraba mucho la alcoba, y se sentó donde antes había estado Maxi.
- ¡Y luego dice el tonto de Ballester que mi marido está loco! Más razón tiene y más talento que todos los cuerdos juntos.
- Esto me lo dice mi razón, amigo Ballester, mi razón, que hoy, gracias a Dios, vuelve a iluminarme como un faro espléndido.
- Fortunata había oído la voz de doña Lupe, y cuando esta se retiró, quiso que Ballester le explicase qué traía por allí.
- También ella desea que entre tú y Ballester le inventéis algo, y deis nombre a la casa, y llenéis bien el cajón del dinero.
- Por fortuna, entre las cosas que dejó Ballester en previsión de todos los contratiempos posibles, había un biberón muy majo.
- Como ella aparentase no interesarse en este giro de la conversación, volvió Ballester a tomar el tono fraternal de esta manera.
- ¡Ultrajar a los hombres de ciencia y a los solteros! Llevando su broma hasta el fin, Ballester porfiaba que la yema era venenosa.
- Vi Ballester fue temprano, y a ella le faltó tiempo para hablarle de la visita de Maxi y de la historia que este le había llevado.
- Y expresándose así, con ínfulas y asperezas de dómine, Ballester le quitó de las manos a su subalterno lo que entre ellas tenía.
- Apoyó Ballester la idea que a su amigo le había entrado, y todo el día estuvo hablándole de lo mismo, temeroso de que se desdijera.
- La viuda de Fenelón llegó a la hora de costumbre, y a poco subió el mozo de la botica con la bandeja de dulces que mandaba Ballester.