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Ejemplos de oraciones con la palabra barón

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra barón en el contexto de una oración.

Término barón: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "barón" aquí tienes una selección de 30 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra barón para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Preguntaba el barón.
  • Y ella va contenta decía el barón.
  • La de Páez y la del barón apenas se tenían en pie.
  • El Barón quería más quedarse, pero tuvo que seguirlas.
  • Una abdicación abominable se atrevió a decir un barón tronado.
  • Hay que salvar a los náufragos dijo el Barón a guisa de chiste.
  • El propietario de Saint Palais con el barón Lesbas d Armagnac, de Mauleon.
  • ¡Buena sociedad la de la Marquesa! El Marqués le decía en tanto al barón.
  • El barón de la Deuda Flotante creía en el poder de la prensa periódica, pero su hija no.
  • Tenía razón don Víctor advirtió el barón ¿por qué no habían de haber ido los criados?
  • Gritaba la Marquesa, reía a carcajadas Obdulia, sonaba la voz gangosa de una hija del Barón.
  • La de Páez y la del barón al pasar cerca una de otra se sonreían discretamente, como diciendo.
  • La gente joven, Obdulia, Visita, Ana, Edelmira y la niña del Barón, corrían solas por el bosque.
  • ¡Está esto que arde! le decía Joaquín Orgaz a una niña del barón, que sonreía y miraba al techo.
  • Lo mismo opinó el barón tronado, que había vivido en Madrid mantenido por una poetisa traductora de folletines.
  • La Marquesa de Vegallana y su tertulia, más la del barón de la Barcaza y Pepe Ronzal cenaron en el gabinete de lectura.
  • El Barón, Ripamilán, Bermúdez, que tampoco quería correr, Benítez el médico de Anita, y otros vetustenses ilustres.
  • Se detuvieron en Lasao, en la posesión de un barón carlista, a hacer que su administrador firmara un documento y siguieron bordeando el Urola hasta Azpeitia.
  • Pero Crespo era una excepción, un amigo verdadero, que entendía a medias palabras lo que las tías, el barón, etc., etc., no hubieran entendido en tomos como casas.
  • Sí ardía aquello, pero sin faltar a las reglas del buen tono vetustense, decía el Marqués al Barón, que estaba ya como un tomate y cada vez más cerca de la jamona.
  • Mi trabajo suscitó en el seno del jurado una discusión importantísima, de la cual se ocupó mi hermano Julio en la carta que con tal motivo dirigió al barón de Mayals.
  • ¡Pero qué divina, Ana, pero qué divina! le decía a la Regenta cara a cara, y con voz gangosa, la hija mayor del Barón, Rudesinda, que según don Saturnino Bermúdez, era una belleza ojival.
  • A pesar de tanto trabajo, aún me quedaba tiempo para asistir a las veladas literarias del excelente literato y cronista de la provincia don Juan Vila y del inspirado poeta Alejandro Harssem, barón de Mayals.
  • Por lo demás, a ella y a sus dos hermanas, las llamaban los plebeyos Las tres desgracias, y a su señor padre, barón de la Barcaza, el barón de la Deuda flotante, aludiendo al título y a los muchos acreedores del magnate.
  • El círculo de la nobleza se abrió para acoger en su seno a la Hija pródiga de la Sociedad, como acertó a decir el barón de la Barcaza, que in illo tempore había estado muy enamorado de Anita, a pesar de la señora baronesa e hijas.
  • Las señoritas de la clase media (y cuenta que en Vetusta el gobernador civil y familia entraban en la aristocracia) se vengaban de aquel desdén mal disimulado contándoles los huesos de la pechuga a las del barón y a otras jóvenes aristócratas.
  • Eran excelentes grabados ya pasados de moda, el papel viejo y con manchas de humedad, los marcos de caoba, y representaban asuntos que nada tenían de español, por cierto, las batallas de Napoleón I, reproducidas de los un tiempo célebres retratos de Horacio Vernet y el barón Gros.
  • Las del barón se humanizaban, las niñas de la clase media olvidaban los huesos que enseñaba la nobleza, y pensaban en la alegría ambiente, se entregaban al baile con furor invencible, como ansiando beber en aquella atmósfera perfumada, demasiado perfumada tal vez, el licor desconocido que pudiera saciar sus vagos anhelos.
  • En frente del Casino, en los balcones de la Real Audiencia, otro palacio churrigueresco de piedra obscura, estaban, detrás de colgaduras carmesí y oro, la gobernadora civil, la militar, la presidenta, la Marquesa, Visitación, Obdulia, las del barón y otras muchas damas de la llamada aristocracia por la humilde y envidiosa clase media.
  • A los dos minutos aquellos violines y violas, clarinetes y flautas, a quienes acompañaba en su laboriosa gestación armónica un plano de Erard, comenzaron a llenar el aire con sus acordes, como se prometía decir en El Lábaro del día siguiente Trifón Cármenes, el cual había osado preguntar a la hija segunda del barón si le favorecía.