Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra barraca

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra barraca en el contexto de una oración.

Término barraca: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "barraca" aquí tienes una selección de 100 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra barraca para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • ¿Y su barraca?
  • Una barraca arde pronto.
  • Estuvimos en aquella barraca un mes.
  • Llovían desgracias sobre la barraca.
  • La barraca estaba obscura, silenciosa.
  • Iban á trabajar, á vivir en la barraca.
  • Batiste se detuvo ante la barraca cerrada.
  • Afluía cada vez más gente á la barraca.
  • Rodaba el canto del gallo de barraca en barraca.
  • Ahora sí que corrió de veras hacia su barraca.
  • Y el valentón, cerrando la barraca, se acostó.
  • Parecíale que la muda barraca se burlaba da él.
  • En toda la barraca no había mas que un objeto nuevo.
  • Ya les habían hecho salir para siempre de su barraca.
  • No estaban en la barraca para fijarse en tales pormenores.
  • Según se aproximaba á su barraca sentía mayor inquietud.
  • En el interior de la barraca, ¡qué abundancia! ¡qué paz!
  • Al pequeñín lo encontraría muerto al volver á su barraca.
  • Nadie hubiera reconocido la trágica barraca del tío Barret.
  • Habían prendido fuego á la barraca por sus cuatro costados.
  • ¡pare! Era Batistet llamándole desde la puerta de la barraca.
  • La cubierta de paja de la barraca apareció de pronto enderezada.
  • Siguieron el camino en silencio, separándose cerca de la barraca.
  • Al día siguiente la barraca tuvo entornada su puerta toda la mañana.
  • Si abandonó el camino, fué por llegar antes á la barraca de Pimentó.
  • Durante los demás días de la semana, la barraca del domador estuvo vacía.
  • Y el valentón, en la misma noche, entregó las llaves de la barraca á sus amos.
  • Acababa de pasar frente á su barraca y había visto luces por la puerta abierta.
  • También la abundancia había hecho renacer la alegría en la barraca de Batiste.
  • La misma Pepeta hacía tiempo que no había parado su atención en la vieja barraca.
  • ¡Que forme toda la escuela! La gente del camino se había aproximado á la barraca.
  • Casi volcó la pequeña mesa con una de sus patadas, y se lanzó fuera de la barraca.
  • Su presencia allí era una ofensa, y la barraca casi nueva un insulto á la pobre gente.
  • Pero cerca ya de la barraca, cuando iban á separarse, Tonet tuvo un arranque de tímido.
  • Vivir juntos y unidos en su barraca, no separarse nunca de unas tierras que eran su vida.
  • En la plazoleta, frente á la barraca, florecían macizos de dompedros y plantas trepadoras.
  • Después, á la luz del candil, iba y venía por la barraca preparando su viaje á Valencia.
  • Y marcando un cuadro cerca de su barraca, empezó á remover la tierra ayudado por su familia.
  • La prosperidad de la familia parecía reflejarse en la barraca, limpia y brillante como nunca.
  • A lo lejos, en la antigua barraca de Barret, ladraba el perro olfateando la proximidad de su amo.
  • Estaban todos, hasta el pobre perro, que aullaba melancólicamente mirando la barraca incendiada.
  • Vivían en la vieja barraca lo mismo que los náufragos que se aguantan sobre un buque destrozado.
  • El viento, cada vez más fuerte, trajo hasta la barraca un lejano eco de lamentos y voces furiosas.
  • Su mujer le había contado al día siguiente cómo fué conducido á su barraca el herido valentón.
  • Consistía éste en hacer un agujero en el muro de la barraca donde dormíamos, para salir a cubierta.
  • Entraba el sol por el ventanillo de su estudi y toda la gente de la barraca estaba ya fuera de la cama.
  • ¡Cuánta gente! Todos los del contorno pasaban por el camino con dirección á la barraca de Pimentó.
  • ¿Para qué necesitaba un hombre jueces ni Guardia civil, teniendo buen ojo y una escopeta en su barraca?
  • Después de esta venta corría otra vez hacia su barraca, deseando salvar cuanto antes una hora de camino.
  • Dejó atrás el pueblo, y según avanzaba Batiste hacia su barraca marcábase cada vez más la hostilidad.
  • Aquel Pimentó tenía el pellejo duro, y arrojando sangre y barro iba tal vez á rastras hasta su barraca.
  • Era una barraca vieja, sin más luz que la de la puerta y la que se colaba por las grietas de la techumbre.
  • Este movimiento de la huerta hacia la barraca de su enemigo era una prueba de que Pimentó se hallaba grave.
  • Al anochecer, cuando ya iban á retirarse, les llamó á grandes gritos Teresa desde la puerta de la barraca.
  • Cuando apenas acababa de amanecer, ya se colaron en la barraca dos viejas, que vivían en una alquería vecina.
  • Pepeta iba á seguir adelante, hacia su blanca barraca, que asomaba entre los árboles algunos campos más allá.
  • Y con las manos llenas de barro volvió á salir de la barraca, quedando plantado ante su bancal de mustio trigo.
  • Al entrar en la barraca y darle de lleno la luz del candil, las mujeres y los chicos lanzaron un grito de asombro.
  • La población pontonera vivía entre la galería baja y la barraca hecha sobre cubierta, vigilada por unos y otros.
  • Martín recordó el sitio por donde entró y empujando violentamente la lona la abrió y salió fuera de la barraca.
  • Se alejó de sus campos, de su barraca, yendo insensiblemente camino abajo, con paso lento, hacia la taberna de Copa.
  • Todos los vecinos se levantaron rumiando mentalmente la forma de acercarse á la barraca de Batiste y entrar en ella.
  • 19 ¡Baja, cobarde! ¡Asómate, morral! Y la barraca permanecía silenciosa y cerrada, como si la hubiesen abandonado.
  • A las diez de la mañana, cuando Pepeta con sus dos compañeras regresó de Valencia, estaba la barraca llena de gente.
  • Y dominado por súbito terror, echó á correr, buscando á través de los campos el camino que conducía á su barraca.
  • Aquel hombre que le había desafiado, insultándole impunemente mientras le tenía metido en su barraca como una gallina.
  • En aquella barraca, ni las bestias se libraban de la atmósfera envenenada de odio que parecía flotar sobre su techumbre.
  • La barraca sufrió una conmoción, y tal desgracia hasta hizo que la familia olvidase momentáneamente al pobre Pascualet.
  • Con paso vacilante, entumecido por el reposo, salió de la barraca, sentándose bajo el emparrado, en un banco de ladrillos.
  • ¡Cuánto cuesta ganarlo! ¡Y cuán malos hace á los hombres! En una barraca brillaba una luz pálida, amarillenta, triste.
  • Al mediodía, Teresa, escapándose casi á viva fuerza del cautiverio en que la guardaban las vecinas, volvió á la barraca.
  • El tío Barret fué derechamente hacia sus campos, y como un perro abandonado, comenzó á dar vueltas alrededor de la barraca.
  • La barraca aparecía como esfumada entre las nubes de humo de estas luminarias, que despertaban sorda cólera en toda la huerta.
  • Y la barraca de Barret presentaba un aspecto coquetón y risueño, como jamás lo había tenido en poder de su antiguo ocupante.
  • , y salían de la barraca, besando antes la diestra escamosa de don Joaquín y repitiendo todos de corrido al pasar junto á él.
  • Pero por la noche, al emprender el regreso á su barraca, no sentía miedo, á pesar de que el crepúsculo era obscuro y lluvioso.
  • Los vecinos, al ver cómo se reformaba la barraca de Barret, colocándose recta la montera, veían en esto algo de burla y de reto.
  • En vano la pobre mujer la dió prisa, revolviéndose impaciente en la barraca, como espoleada por la campana que sonaba á lo lejos.
  • Tentó con el palo la escopeta que estaba á sus pies, y volvió la cabeza, como si buscase en la obscuridad la barraca de Pimentó.
  • El dinero producto de la recolección invertíase en reparar las brechas abiertas en el ajuar de la barraca por los meses de espera.
  • Pero el trance más cruel, el obstáculo más temible, estaba casi al final, cerca ya de su barraca, y era la famosa taberna de Copa.
  • Desmelenadas y rugientes como locas, moviendo con furia sus brazos, aparecieron en la puerta de la barraca las dos infelices mujeres.
  • Junto á la puerta de la barraca estaba la esposa, rodeada de los pequeños, esperando impaciente, por ser ya pasada la hora de comer.
  • Oía a los viajantes de comercio que en la mesa discurseaban y alguna que otra vez iba al teatro, una barraca construída en un patio.
  • De noche dormía con zozobra, y muchas veces, al menor ladrido del perro, saltaba de la cama, lanzándose fuera de la barraca escopeta en mano.
  • Y así fué conduciéndole hasta su barraca, donde quedaron él y los amigos vigilándolo, dándole consejos para que no cometiese un disparate.
  • Era la nodriza de Amparito, una huérfana de las inmediaciones de Alboraya, madre del cochero, y que había criado en su barraca a la señorita.
  • Algo oyó él de lo que había sucedido en la barraca, de las causas que obligaban á los dueños á conservar improductivas tan hermosas tierras.
  • Pero dentro de la barraca era donde temía encontrar á la desgracia, eterna compañera de su existencia, esperándole para clavar en él sus uñas.
  • Tal vez este sonido tan dulce era de los ángeles que habían bajado para llevárselo, y revoloteaban por la huerta no encontrando su pobre barraca.
  • Sentada á la puerta de su barraca, creyó sorprenderle varias veces rondando por sendas algo lejanas, ó escondiéndose en los cañares para mirarla.
  • Pero nadie olvidó los campos y la barraca, permaneciendo unos y otra en el mismo estado que el día en que la justicia expulsó al infortunado colono.
  • Otros labriegos, que habían mostrado gran hostilidad contra la familia, no osaban llegar hasta la barraca y permanecían en el camino, formando corro.
  • Y todos con la cara fosca, hablando á gritos, entre enérgicos manoteos, lanzando tal vez desde lejos miradas de odio á la antigua barraca de Barret.
  • La barraca y la fortuna del odiado intruso alumbrarán tu cadáver mejor que los cirios comprados por la desolada Pepeta, amarillentas lágrimas de luz.
  • El ruido lento y monótono que surgía entre los árboles era el de la escuela de don Joaquín, establecida en una barraca oculta por la fila de álamos.
  • Y en el fondo, invadiendo la barraca de Pimentó y perdiéndose más allá de la puerta obscura, toda la gente del contorno, el aterrado coro de la tragedia.
  • Y todos se abalanzaron á él, en la entrada de la barraca, bajo la vetusta parra, á través de cuyos pámpanos brillaban las estrellas como gusanos de luz.
  • Batiste, sentado en una silleta de esparto en medio de la barraca, miraba con expresión estúpida el desfile de estas gentes que tanto lo habían maltratado.
  • Pero la barraca, insensible á los lamentos de los que se tostaban en sus entrañas, seguía arrojando curvas lenguas de fuego por las puertas y las ventanas.