Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "bastó" aquí tienes una selección de 20 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra bastó para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Yo me basto y me sobro.
- Si yo me basto y me sobro.
- Esto bastó para que continuase.
- Le bastó presentarse para triunfar.
- Para todo eso me basto y me sobro yo.
- No bastó la intervención del sereno.
- Esto bastó para afirmarla en su resolución.
- Esta afición bastó a Andrés para considerarle como un bruto.
- Le hiciste el amor por lo fino, y ella lo admitió por lo basto.
- Yo me basto y me sobro para despedir con buenos modos a estos señores.
- Mas no bastó, porque llegándose a mí ocho o nueve, comenzaron a reírse.
- Y esta sola pregunta, expresada con acritud, bastó para hacerme desgraciado.
- Y para educarnos le bastó la trasparencia de su vida, tan sencilla, tan clara.
- A don Fermín le bastó lo que oyó al entrar en la sacristía para comprender que se había comentado lo del teatro.
- No bastó la tradicional benevolencia de los profesores para que Trabuco consiguiera hacerse licenciado en ambos derechos.
- Llegó un día en que ya no le bastó vegetar al lado de Frígilis, viéndole sembrar y plantar en la huerta y oyendo sus apologías del Eucaliptus.
- Bastó que esta la cogiese por un brazo y la metiera dentro del encierro, para que la prisión se efectuase sin ningún inconveniente, después de tanta bulla.
- Examinar con algún detenimiento a los habituales sacerdotes de este culto ceremonioso y circunspecto de la espada y el basto, es conocer a Vetusta intelectual en uno de sus aspectos característicos.
- Y esta palabra bastó para que la entendieran, pues en casa de doña Manuela, la tienda era por antonomasia el establecimiento de Las Tres Rosas, y fuera de ella no se reconocía otra tienda en Valencia.
- Bastó que la muchacha opusiera la resistencia que el fingido pudor exigía, para que él, seguro de vencer, enfriara, cejase en su descabellado propósito, contentándose con pequeños favores y con el conocimiento exacto de la hermosura que ya no había de poseer.