Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "belén" aquí tienes una selección de 38 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra belén para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Pregúntaselo a Belén.
- Así al menos lo vio Belén.
- ¡Una mujer, una manceba, un belén.
- ¿Y para quién es este Belén, señora?
- Belén lo creía o afectaba creerlo, Fortunata no.
- Le dijo Belén, alzándole a viva fuerza la cabeza.
- ¡Como las mieles! repitió Belén no comprendiendo.
- Preguntó Belén toda ojos, pálida como una muerta.
- Ya era tarde cuando se le acercó Belén sentándosele al lado.
- ¡Miradla qué facha! Quiere venir con nosotros a Belén.) Y la Curriqui seguía.
- Ello fue que Belén, temblando de emoción y con la cara ansiosa, dijo a la monja.
- En frente vio el Magistral el pesebre de Belén cuadriculado también por rayas opacas.
- Yo creo dijo Belén, después de una grave pausa, que eso debes consultarlo con el confesor.
- Si querían ver incomodadas a Felisa y Belén, no había más que hablarles de volver al mundo.
- Al principio, su vecina Belén creyó que rezaba, porque oyó cierto murmullo y algún silabeo fugaz.
- Felisa y Belén, juntas todo el día, se separaban por las noches, pues sus dormitorios eran distintos.
- Un instante después, Belén y la monja cuchichearon, sin duda a propósito de Mauricia a quien miraban.
- Llamábase Belén, y en el tiempo que allí había pasado dio pruebas inequívocas de su deseo de enmienda.
- Sin saber cómo se encontró en el portal de su casa pensando en el Niño Jesús, en su cuna, en el portal de Belén.
- Mientras más consuelos le daba Belén, más inconsolable estaba la otra, y más caudaloso era el río de sus lágrimas.
- Sus compañeras Belén y Felisa le dieron besos, regaláronle estampitas y medallas, asegurándole que rezarían por ella.
- Y todo esto era porque hacía mil ochocientos setenta y tantos años había nacido en el portal de Belén el Niño Jesús.
- ¡Introducir un Belén cual si fuera matute! Y como expertísimo contrabandista, hizo Plácido su alijo con admirable limpieza.
- No se distinguía, como Belén y Felisa, por su ardiente celo religioso, lo que indicaba falta de vocación para la vida claustral.
- Una vieja medio loca, la Curriqui, vestida con una falda de flores y una toca blanca, era la encargada de explicar lo que pasaba en Belén.
- Belén ponía con tanto calor sus facultades musicales al servicio de Dios, que cantaba coplitas hasta quedarse ronca, y cantaría hasta morir.
- Qué cosas tienes, mujer observó Belén muy apurada, acordándose de cuando fue corista y representándose con terror el escenario de la Zarzuela.
- Tenía Belén vara alta con las señoras, por su humildad y devoción y por la diligencia con que iba a contarles cuanto hacían y decían sus compañeras.
- (Si quieres venir con nosotros a Belén, tendrás que quitarte esa falda vieja.) El público de pescadores y de chicos celebraba estos detalles naturalistas.
- Una era Belén, que leía en su libro de rezos, y la otra Mauricia la Dura, que tenía la cabeza inclinada sobre la carpeta, apoyando la frente en un puño cerrado.
- Creyeron las otras dos que se había ido a acostar, y quedáronse allí haciendo comentarios sobre el extraño caso, que Belén transmitió a Fortunata con todos sus pelos y señales.
- Belén y las damas cantoras entonaban inocentes romanzas, mientras duró el Manifiesto, en las cuales se decía que tenían el pecho ardiendo en llamas de amor y otras candideces por el estilo.
- Ripamilán se dormía sobre el recuerdo de Cirino, pero al llegar al empadronamiento de José se animó el Arcipreste, figurándose a los santos esposos camino de Bethlehem (o mejor Belén.) Y sucedió que hallándose allí le llegó a María la hora de su alumbramiento.
- Pues, hija arguyó Belén con aquel sonsonete que había aprendido y que tan bien se acomodaba a su figura angelical y a sus moditos insinuantes, ten entendido que aunque tus crímenes fueran tantos como las arenas de la mar, Dios te los perdonará si te arrepientes de ellos.
- Se hablaba aún de talegas, y la operación de contar cualquier cantidad era obra para que la desempeñara Pitágoras u otro gran aritmético, pues con los doblones y ochentines, las pesetas catalanas, los duros españoles, los de veintiuno y cuartillo, las onzas, las pesetas columnarias y las monedas macuquinas, se armaba un belén espantoso.
- Y subieron a la acera de la Lonja, pasando por entre los grupos de gente menuda que, con un dedo en la boca o hurgándose las narices, contemplaba respetuosamente los pastorcillos de Belén y los Reyes Magos hechos de barro y colorines, estrellas de latón con rabo, pesebres con el Niño Jesús, todo lo necesario, en fin, para arreglar un Nacimiento.
- Pero como la Regenta no estaba en antecedentes sintió el alma en los pies al considerar que aquel hombre con gorro y chaqueta de franela que repartía mandobles desde la cama a la una de la noche, era su marido, la única persona de este mundo que tenía derecho a las caricias de ella, a su amor, a procurarla aquellas delicias que ella suponía en la maternidad, que tanto echaba de menos ahora, con motivo del portal de Belén y otros recuerdos análogos.
- Belén se había puesto a charlar por lo bajo con una monja llamada Sor Facunda, que era la marisabidilla de la casa, muy leída y escribida, bondadosa e inocente hasta no más, directora de todas las funciones extraordinarias, camarera de la Virgen y de todas las imágenes que tenían alguna ropa que ponerse, muy querida de las Filomenas y aún más de las Josefinas, y persona tan candorosa, que cuanto le decían, sobre todo si era bueno, se lo creía como el Evangelio.