Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "benigna" aquí tienes una selección de 34 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra benigna para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- A mí no replicó Benigna.
- Lo rompió Benigna para decir.
- Pues digo lo mismo que Benigna.
- Tomad dijo Benigna a los niños.
- ¡Ay Dios mío! exclamó Benigna.
- Benigna y Ramón miraban a Jacinta.
- Oyose la voz de Benigna, hecha una furia.
- Tus buenos sentimientos te hacen delirar, ¿verdad, Benigna?
- Candelaria no salía de Madrid, y Benigna había ido a Laredo.
- A comer, a comer dijo Benigna, convocando a toda la tropa menuda.
- Diré a tu marido que Benigna está enferma y has ido a visitarla.
- No hay medio de hacerle comer más que con las manos apuntó Benigna riendo.
- Tú le tienes que lavar manifestó Benigna, sin cejar en su cólera, tú, tú.
- Casose luego la mayor, llamada Benigna en memoria de su abuelito el héroe de Boteros.
- Las dos hermanas casadas, Candelaria y Benigna, iban alguna vez, Jacinta casi siempre.
- Juntose Rafaela con su ama en la casa de Benigna, y helas aquí por la calle de Toledo abajo.
- ¿No quería Benigna a los hijos de la primera mujer de su marido como si fueran hijos suyos?
- Oyola en San Ginés, y después fue a casa de Benigna, donde encontró escenas de desolación.
- Entró Benigna, que venía de misa, y corroboró todas aquellas denuncias, aunque con tono indulgente.
- Benigna no se andaba en tantos reparos, y ¡pataplum!, le zambulló dentro, sujetándole brazos y piernas.
- Mujer, llévate, llévate de una vez de mi casa este cachorro de tigre dijo Benigna, entrando muy soliviantada.
- Benigna y su marido manifestaron con enérgicos signos de cabeza que aquello del romanticismo estaba muy bien dicho.
- En estos días tranquilos, suaves, de temperatura benigna, se pueden pasar las horas dulcemente contemplando el mar.
- Y en cuanto tuvo Juan compañía, buscaron suegra y nuera un pretexto para salir, y se encaminaron a la morada de Benigna.
- Puesto que Benigna no le quiere tener dijo la nuera, ni es posible tampoco tenerle aquí, le pondremos en casa de Candelaria.
- Pero Benigna bajó al momento, y lo primero que hizo fue observar atentamente la cara sucia de aquel aguinaldo que su hermana le traía.
- Juan se apresuró a sacar el duro, y en el mismo momento en que lo ponía en la mano de Benigna, Jacinta y los chicos soltaron una carcajada.
- Mucho se pasmaron él y Benigna de que Juan viera al pequeñuelo con sosegada indiferencia, sin hacer ninguna demostración de cariño paternal.
- Sonreía Benigna, y si no hubiera sido por consideración a su querida hermana, habría dicho del Pituso lo que de las monedas que no sonaban bien.
- ¡Qué había de ser sino alguna barbaridad de Juanín! Así lo comprendió Benigna, corriendo alarmada al comedor, de donde el temeroso estrépito venía.
- Los otros niños se le llevaron para jugar, no sin que antes le hiciera Jacinta muchas carantoñas, por lo cual dijo Benigna que no debía darle tan fuerte.
- Era la noche templada y benigna, y Julián apreciaba por primera vez la dulce paz del campo, aquel sosiego que derrama en nuestro combatido espíritu la madre naturaleza.
- La familia menuda de aquella casa se componía de cinco cabezas, dos niñas grandecitas, hijas de la primera mujer de Ramón, y los tres hijos de Benigna, dos de los cuales eran varones.
- Volvió al fin Jacinta, trayendo de la mano al delincuente ya lavado y vestido de limpio, y a poco entró Benigna, completamente aplacada, y encarándose con su cuñado, le dijo con la mayor severidad.