Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "biblioteca" aquí tienes una selección de 36 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra biblioteca para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Ahí, en la biblioteca.
- He de ir luego a la Biblioteca.
- Su biblioteca aumentaba con desechos.
- No tenía biblioteca, y un amigo le proporcionaba libros.
- Dormíamos los tres huéspedes del capitán en la biblioteca.
- Era la biblioteca de un Ulloa, un Ulloa de principios del siglo.
- Pero tiene una excelente biblioteca de libros viejos y novísimos.
- Inmediatamente regreso y me cuelo en el Ateneo o en la Biblioteca.
- Pues bueno ¡ajajá! Que traigan el Calepino, ese que hay en la biblioteca.
- Su biblioteca era la sociedad y sus textos las palabras calentitas de los vivos.
- Los socios antiguos miraban la biblioteca como si estuviera pintada en la pared.
- La biblioteca consistía en un estante de nogal no grande, empotrado en la pared.
- Le quedaban la biblioteca, que había mejorado, y los amigos, nuevos, por supuesto.
- Hay una biblioteca con cuatro mil volúmenes en varias lenguas y de todos los tiempos.
- El domingo oímos la misa en la capilla, y después yo estuve registrando la biblioteca.
- El gabinete de lectura, que también servía de biblioteca, era estrecho y no muy largo.
- Hurtado pasaba las mañanas en la Biblioteca Nacional, y por las tardes y noches paseaba.
- Esta vez se mandó con el maragato la biblioteca entera, el orgullo legítimo de don Carlos.
- Pudo reunir una mediana biblioteca donde había no pocos libros de los condenados en el Índice.
- Andrés hacía gestiones para conseguir un empleo, y mientras tanto iba a la Biblioteca Nacional.
- No obstante, limitóse a condenar la biblioteca, a no pasar ni un mal paño por el lomo de los libros.
- Después, buscando en la biblioteca, halló el Genio del Cristianismo, que fue una revelación para ella.
- Los diputados y el presidente abandonaron el salón por la puerta del reloj y aguardaron en la biblioteca a que les dejaran salir.
- Don Blas le invitó a Hurtado a ir a su casa y le mostró su biblioteca con varios armarios llenos de libros españoles y latinos.
- Tenía salones inmensos, mal decorados, espejos de cuerpo entero, varias mesas de billar y una pequeña biblioteca con algunos libros.
- ¡Caramba! Yo no me atrevo a salir a la calle, a ir tímidamente al Ateneo, a pedir un libro en la Biblioteca, a entrar en la librería de Fe.
- Un día de sol, en Mayo, Ana que se preparaba a una vida nueva, por dentro, cantaba alegre limpiando los estantes de la biblioteca en la quinta.
- Cuando terminé de escribir, salí de la biblioteca, metí la carta en un libro, llamé a la criada y le encargué que diera aquello a la hija del capitán.
- Al final, la criada abrió una puerta y pasamos los tres a una biblioteca abandonada, en donde había varios colchones de paja tirados en el suelo, y allí dormimos.
- El verano, durante las vacaciones, Andrés leyó en la Biblioteca Nacional algunos libros filosóficos nuevos de los profesores franceses e italianos y le sorprendieron.
- En el piso bajo, salón, billar, gabinete biblioteca, galería de costura sobre el jardín, rodeada de cristales, el comedor con paso a la estufa por la escalinata de mármol blanco.
- Había una capilla vieja en el mayor abandono, unas salas viejas y desmanteladas, una biblioteca vieja llena de libros húmedos y tres o cuatro criados tan viejos y arruinados como toda la casa.
- De noche, en la biblioteca, discutían don Carlos, un clérigo de Loreto y varios aficionados a la filosofía y a la buena sidra, que prodigaba el arruinado Ozores por tal de tener contrincantes.
- Muchas veces, cuando reinaba aquel silencio de biblioteca, en que parecía oírse el ruido de la elaboración cerebral de los sesudos lectores, de repente un estrépito de terremoto hacía temblar el piso y los cristales.
- Mi tía Úrsula, además de su biblioteca, formada por folletines ilustrados franceses, y de sus libros de aventuras marítimas, tenía otro fondo de donde ir sacando los relatos emocionantes que a mí tanto me cautivaban.
- Se le sublevaba su amor propio de monarca indiscutible en los Pazos de Ulloa al verse tenido en menos que unos catedráticos acatarrados y pergaminosos, y aun que unos estudiantes troneras, con las botas rojas y el cerebro caliente y vibrante todavía de alguna lectura de autor moderno, en la Biblioteca de la Universidad o en el gabinete del Casino.