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Ejemplos de oraciones con la palabra bosque

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra bosque en el contexto de una oración.

Término bosque: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "bosque" aquí tienes una selección de 50 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra bosque para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Los otros en el bosque.
  • Llegaron a lo más alto del bosque.
  • La decoración de bosque se había desplomado.
  • Llamaba los chicos a los que habían salido al bosque.
  • En efecto, los paraguas no servían de nada en el bosque.
  • ¿Pero ese amor se aviene con aventuras como la del bosque?
  • Un bosque de maderos y cuerdas, invadidos por las telarañas.
  • Entonces me parece más solitario el bosque, más solitario el palacio.
  • Al salir del bosque había visto un prado de yerba muy verde y muy alta.
  • ¿La iglesia está cerca, creo, saliendo por ahí por el bosque, verdad?
  • Hasta los viejos cantaron, bailaron un minué y corrieron por el bosque.
  • Él, Paco, Mesía y Bermúdez salieron de la casa y entraron en el bosque.
  • Pasaron los dos por el bosque de Iraty y les acometieron unos cuantos jabalíes.
  • Sus poderosas cuadernas, que eran un verdadero bosque, sustentaban cuatro pisos.
  • Ocupaba el bosque las laderas de una loma y el altozano, que era lo más espeso.
  • Estaba prohibido a todo el mundo, incluso al dueño del bosque, tocar en una hoja.
  • Aquí parece embozarse en la montaña, en el bosque, y como si el mar le sirviese de escudo.
  • La gente joven, Obdulia, Visita, Ana, Edelmira y la niña del Barón, corrían solas por el bosque.
  • No lo tuvo por difícil, pues recordaba aproximadamente el punto del bosque donde Primitivo quedaba.
  • Se corría por el bosque, por la galería que rodeaba la casa, por la huerta, por la orilla del río.
  • La vida se les ofrecía más al desnudo en aquellos campos, en el bosque, en los repliegues de la montaña.
  • Más de una vez, en medio del bosque del Vivero, a solas con Ana, don Álvaro se había sentido en ridículo.
  • Por un postigo salieron de la huerta y entraron en el bosque de corpulentas encinas y robles retorcidos y ásperos.
  • Sentía como murmullo de la brisa en las hojas de un bosque el contenido crujir de la seda, el aleteo de los abanicos.
  • Porque, sobre que poca gente atraviesa el bosque para ir a la iglesia, los que van siguen la trocha casa del leñador.
  • ¿No era lo probable que estuvieran con ellos Paco, Joaquín, Visita, Obdulia y los demás que habían subido al bosque?
  • Esta vegetación parecía en la obscuridad un bosque indiano, una bóveda de bambúes cimbreándose sobre el camino negro.
  • Otras veces íbanse al bosque, a un castañar, y allí tenía ella que vigilarle, vigilarse y vigilar a los niños con más cuidado.
  • Querían saborear hasta la última gota de alegría loca en la libertad del campo, en las confidencias secretas y picantes del bosque.
  • Antes del último arranque de locura, de las últimas carreras por el bosque y de la última alegría hubo un cuarto de hora de melancolía.
  • Se apearon, y rodeando la quinta del Marqués, entraron en el bosque de robles donde meses antes don Víctor había buscado a su mujer ayudado del Magistral.
  • Había encontrado después del molino un bosque y lo había cruzado corriendo, cantando, y eso que tenía aún los ojos llenos de llanto, pero cantaba de miedo.
  • ¡Una cosa tan inferior a su categoría y a su nacimiento! ¡Una triste criada de cocina! Siguieron andando, acercándose a la linde del bosque, donde concluía el huerto.
  • Un rincón del bosque, una dama que monta a la inglesa, y un jinete que le va a los alcances dispuesto, según todas las señas, a besarle una mano en cuanto pueda cogerla.
  • Como en la comedia que representan en el bosque los personajes del Sueño de una noche de verano, la fantasía tenía que suplir en el teatro de Vetusta las deficiencias del lienzo y del cartón.
  • Este comedor tiene las paredes cubiertas con papeles que representan un bosque, una catarata cruzada por un puentecillo rústico, una playa de doradas arenas, en las que aparece encallada una barquichuela.
  • Un encuentro a solas con cualquiera de aquellas señoras y señoritas en un bosque espeso de encinas seculares, le parecía una situación que exigía una oratoria especial de la que él no se sentía capaz.
  • Detrás de la loma, y ya más cerca, estallaron cohetes de dinamita y en seguida la gaita y el tamboril de timbre tembloroso, apagadas las voces por la distancia, resonaron al través de la hojarasca del bosque.
  • Ana veía a Edelmira y a Obdulia, que se había declarado maestra de la niña colorada y fuerte, correr como locas por el bosque de robles seculares perseguidas por Paco Vegallana, Joaquín Orgaz y otros íntimos.
  • Idea tuvo de arrojarse del coche, y a pie, a todo correr, volver furioso al Vivero a sorprender lo que el presentimiento le daba por seguro, lo que no había pasado tal vez en el bosque, pero lo que estaría pasando en la casa.
  • Y en último término, en el límite del horizonte, entre el verde de la vega y el azul del cielo, el puerto, como un bosque de invierno, marcando en la atmósfera pura y diáfana la aglomeración de los mástiles de sus buques.
  • Y todo aquello había sido movimiento, luz, vida, ruido, cantando en el bosque, volando por el cielo azul, serpeando por las frescas linfas, luciendo al sol destellos de todo el iris, al pender de las ramas, en vega, prados, ríos, montes.
  • Y mientras llevaban a cabo este retoque criminal, eran las exploraciones sin término, las rebuscas furiosas sobre el mármol del tocador, al través del bosque de frascos y cajas, persiguiendo objetos que aturdidamente tocaban sin reconocerlos.
  • Gritaba la Marquesa desde el Belvedere al Magistral y a don Víctor que uno tras otro, a veinte pasos de distancia, corrían por el bosque, calados ya hasta los huesos, chorreando el agua por todos los pliegues de la ropa y por las alas del sombrero.
  • Era el caso que, en su opinión, el Magistral era amante de doña Ana hacía mucho tiempo, y que la escena del bosque del Vivero la interpretó la vanidad de la criada como una victoria de su belleza que había hecho caer en pecado de inconstancia al canónigo.
  • Víctor ha salido con Frígilis (segunda visita del buen Crespo, el único grande hombre que conozco de vista.) Bajo un paraguas de Pinón de Pepa el casero de los marqueses recorren, como cobijados en una tienda de campaña, el bosque de encinas que mi marido llama siempre seculares.
  • Pero se metía a interpretar a su modo los textos del Antiguo y Nuevo Testamento y hasta se atrevía a decir delante de curas y señoras, que el hombre virtuoso es siempre un sacerdote, y que un bosque secular es el templo más propio de la religión pura, y que Jesucristo había sido liberal, con otros disparates.
  • El cual, aquella misma mañana en el pozo lleno de yerba, antes en el patio de la iglesia, por las callejas, cuando venían detrás del tambor y de la gaita, en el bosque, después en el carro de Pepe, donde venían juntos, casi sentada ella encima de él, sin poder remediarlo, más tarde en el salón, en todas partes y en todo el día le había estado dejando ver que la adoraba, pero no se lo había dicho, por respeto.
  • Cuando media hora después entraba solo por el postigo del bosque en la huerta, lo primero que vio fue a la Regenta metida en el pozo seco, cargado de yerba, y a su lado a don Álvaro que se defendía y la defendía de los ataques de Obdulia, Visita, Edelmira, Paco, Joaquín y don Víctor que arrojaban sobre ellos todo el heno que podían robar a puñados de una vara de yerba, que se erguía en la próxima pomarada de Pepe el casero.
  • La vieja criada que administraba el hogar de don Eugenio tuvo que valerse de ungüentos para despoblar de bestias sanguíneas el bosque de cerdas polvorientas que se empinaban sobre el cráneo del muchacho, y concluido el exterminio, el amo lo entregó al brazo secular de los aprendices más antiguos, los cuales, en lo más recóndito del almacén y sin pensar que estaban en enero, con un barreño de agua fría y tres pases de estropajo y jabón blando, dejaron al neófito limpio de mugre de arriba a abajo y con una piel tan frotada que echaba chispas.