Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "botica" aquí tienes una selección de 61 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra botica para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Si no, lo gastarás en botica.
- ¿Apostamos a que la traen a la botica?
- De la botica la llevaron a la Casa de Socorro.
- Amigo dijo parándose en la puerta de la botica.
- Habríale gustado vivir en la misma casa de la botica.
- ¿Dónde está el frasco que vino de la botica de Cebre?
- Le he visto yo, le he visto pasar por delante de la botica.
- Aquella tarde estuvo Maxi en la botica bastante más calmado.
- Por la tarde, recoger la botica, repartirla y hacer guardias.
- De Aparisi, uno de los que solían ir de tertulia a la botica.
- Lleve usted la caja a la botica, y veremos lo que tiene dentro.
- Dos o tres horas después de esto, Fortunata entraba en la botica.
- Por si acaso, no bajaré esta noche a la botica, y te acompañaré.
- Pase usted, Don Segismundo dijo reconociendo al regente de la botica.
- Y su mujer le contestó que esperase en la botica, que ellas bajarían.
- Fue ella a buscarle a la botica a la hora concertada, y no le encontró.
- Al despedirse para volver a la botica, llevó a su mujer aparte y le dijo.
- Llevaba un vaso con medicina, tapado con un papel a estilo de botica antigua.
- Yo veré el modo de buscar en la botica un veneno cualquiera que acabe pronto.
- ¿Sabe usted que si me descuido pierdo mi colocación en la botica de Samaniego?
- A eso de la una, Ballester se fue a su botica y los dos Josés a la casa de la Cava.
- De repente, una tarde que volvía Rubín de la botica, al subir la escalera la oyó cantar.
- Doña Lupe subió y Fortunata fue a la botica, donde Maxi estaba solo, haciendo un emplasto.
- Por la noche estaban en la botica, además de Ballester, los dos practicantes Padilla y Rubín.
- Mira, te pasas por la botica y pides un frasco de aceite de hígado de bacalao, del que yo traía.
- De esto hablamos largamente en la botica, que llamamos el círculo literario, y le voy engatusando.
- En una de estas vueltas, salió Ballester a la puerta de la botica y le llamó con gesto imperativo.
- Yo le doy a usted lo que necesite para su madre y para el pensador, hasta que encuentre otra botica.
- Pero aún estaba en la cama cuando su marido, después de dar una vuelta por la botica, subió a verla.
- Mira dijo la viuda, vete a la botica, ponte a trabajar, y con la distracción se te despejará la cabeza.
- Era aquel señor un farmacéutico que tenía la botica en la calle del Pez, hombre muy simpático e instruído.
- Padillita le metió un día en la botica, y yo empecé a darle guasa con sus críticas, diciéndole que me gustaban mucho.
- Andrés muchas noches tenía que ir a las dos o a las tres de la mañana en busca del médico y después salir a la botica.
- A poco llegó el practicante que sólo hacía servicio en la botica por las noches, y llevándole aparte, le dijo Segismundo.
- Lo malo era que desde que ingresara en la botica, seríale preciso ausentarse de su casa días enteros, y esto le ponía en ascuas.
- Rubín estiró el codo sobre el lecho, apoyándose en él con actitud perezosa, semejante a la que tomaba en la botica cuando leía.
- Es también accionista de La Esperanza, una sociedad de esas de médico, botica y entierro, y tiene participación en una funeraria.
- La viuda de Fenelón llegó a la hora de costumbre, y a poco subió el mozo de la botica con la bandeja de dulces que mandaba Ballester.
- Volvieron los paseos de noche, y por fin le permitieron salir solo, y reanudó sus trabajos en la botica, cuidadosamente vigilado por Ballester.
- Maxi había tomado el grado y estaba ya practicando en la botica de Samaniego, a las órdenes de un tal Ballester, encargado del establecimiento.
- Tres días después de esto, al entrar en la botica, notó que Ballester y Quevedo hablaban, y que al verle llegar a él, se callaron súbitamente.
- Sus nuevas obligaciones en la botica le llamaban del lado de la química y de la farmacia, y se dedicó a esto con verdadero ardor, deseando aprender.
- En actitud semejante a la de un perro que ante el palo de su amo agacha las orejas y arrastra el rabo por el suelo, entró Rubín en la botica diciendo a su regente.
- Doña Lupe y Papitos sí que lo vieron todo, y esta tuvo aún la pretensión de que su ama la dejase ir a la botica para ver la cura que le hacían a aquella borrachona.
- El asunto de su colocación se había resuelto ya, porque habiendo fallecido Samaniego a fines de Octubre, su viuda organizó el personal de la botica, dando una plaza a Maximiliano.
- Tan grande era su dolor, que los cariñosos padres no pudieron calmar su espíritu con ingeniosas razones, ni atemperar su cuerpo con los cordiales que traje a toda prisa de la botica.
- Que hacía mucho frío, que se le había descosido un mitón, que aquel llavín parecía la maza de Fraga, que al volver a casa entraría en la botica a comprar unas pastillas para la tos.
- Desde luego entraría de practicante en la botica de Samaniego, el cual estaba gravemente enfermo, y si se moría, la viuda tendría que confiar a dos licenciados la explotación de la farmacia.
- Garmendia mandó un recado a Zapiain, el relojero, pidiéndole un taladrador de metales, y cuando volvió el mancebo de la botica con él, nos pusimos los dos a horadar la caja por uno de los lados.
- Salió a despedirles a la puerta de la botica, se puso muy tieso, y estirándose todo lo posible sobre la base de sus zapatillas, les siguió con la vista hasta que desaparecieron en lo alto de la calle.
- El enfermo no iba ya a la botica, ni mostraba deseos de ir a parte alguna, pareciendo caer en profunda apatía y reconcentrar toda su existencia en el hervidero callado y recóndito de sus propias ideas.
- Señalaba a un emblema pintado en el techo de la botica, en el cual estaban, decorativamente combinados, la serpiente de Esculapio, el reloj de arena del Tiempo, un alambique, una retorta, el busto de Hipócrates y una calavera.
- Pero a la tarde siguiente, Pseudo Narcissus odoripherus, fue a buscarle a la botica de Samaniego, y le dijo que Fortunata tenía citas con un señor en una casa del paseo de Santa Engracia, un poquito más arriba de los almacenes de la Villa.
- A la semana siguiente, Ballester salió de la botica de Samaniego, porque doña Casta se enteró de sus relaciones (que a ella se le antojaron inmorales) con la infame que tan groseramente había atropellado a Aurora, y no quiso más cuentas con él.
- FIN DE LA PARTE TERCERA Parte cuarta I En la calle del Ave María i Segismundo Ballester (el licenciado en Farmacia que estaba al frente de la botica de Samaniego) tenía frecuentes altercados con Maxi por los garrafales errores en que este incurría.
- Al día siguiente, después de almorzar, y cuando Maxi se había marchado a la botica, tuvo tanto miedo Fortunata a que la ira estallase, que para evitarlo se ató una venda a la cabeza, fingiendo jaqueca, y encerrándose en su alcoba, acostose en su cama.
- Después era Aurora sola la que cometía el nefando crimen, penetrando de puntillas en la alcoba, dándole a oler un maldecido pañuelo empapado en menjurje de la botica, y dejándola como dormida, sin movimiento, pero con aptitud de apreciar lo que pasaba.
- Y al día siguiente, en un rato que le dejó libre la botica, tomó el camino de la calle de Tabernillas, más muerto que vivo, pensando en lo que diría y lo que callaría, con la penita muy acentuada en la boca del estómago, lo mismo que cuando iba a examinarse.
- Pero no había más remedio que dar el salto del Norte al Sur de Madrid, pues teniendo Maximiliano que pasar la mayor parte del tiempo en la botica de Samaniego, era una falta de caridad hacerle recorrer dos veces al día los tres cuartos de legua que separan el barrio de Chamberí del de Lavapiés.
- En tal decisión tuvo además bastante parte un grande amigo del difunto Nicolás Rubín y de toda la familia (el farmacéutico Samaniego, dueño de la acreditada botica de la calle del Ave María), prometiendo tomar bajo sus auspicios a Maximiliano, llevársele de mancebo o practicante con la mira de que, andando el tiempo, se quedase al frente del establecimiento.
- La botica, los jaropes que él aborrecía, el miedo a equivocar las dosis, el pavor que le inspiraban las medicinas verdosas, creyendo que podían ser veneno (para don Víctor el veneno, a pesar de sus estudios físico químicos, siempre era verde o amarillo), las equivocaciones y torpezas de las criadas, las horas de hastío y silencio al pie del lecho de la enferma, las inquietudes naturales, el estar pendiente de las palabras de Somoza, el hablar con todos los que quisieran enterarse de la misma cosa, de los grados de la enfermedad.