Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra bravo

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra bravo en el contexto de una oración.

Término bravo: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "bravo" aquí tienes una selección de 28 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra bravo para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • ¡Bravo! ¡Al fin! ¿Eh?
  • ¡Bravo! exclamó don Pedro.
  • Muy bravo estás dijo mi ama.
  • Había sido un bravo militar.
  • ¡Bravo! ¡bravo! gritó el concurso.
  • José Mari era hijo de Juan Recalde, el Bravo.
  • En aquel instante se sintió tan bravo como cualquiera.
  • ¡El Vivero! ¡Bravo, bravo, eureka! repetía el Marqués.
  • Antes estaba allí un relojero llamado Bravo, que murió de miserere.
  • ¡Bravo, bravo! gritaron aquellos señores, que aplaudían el heroísmo ajeno.
  • ¡Bravo! ¡bravo! gritaron Paco y Edelmira, que también se sentían muy jóvenes.
  • ¡Bravo, paisano! gritó don Víctor, en pie, con una copa de Champaña en la mano.
  • Este es el león del desierto cuyos rugidos espantan al más bravo de los cazadores.
  • ¡Bravo, bravo! ¡eso, eso! gritó gran parte del concurso, como si oyera aquello por primera vez.
  • ¡Bravo! ¡bravo! gritaron Edelmira y Paco al ver los brazos del buen mozo entre los palos de la barquilla del columpio.
  • Pretendía por lo bravo, y si no era el poner huevos, no le faltaba otra cosa para gallina, porque cacareaba notablemente.
  • La perspicaz mujer vio el porvenir, oyó hablar del gran proyecto de Bravo Murillo, como de una cosa que ella había sentido en su alma.
  • Para encontrar algo parecido, no igualado, sería preciso remontarse a la época en que González Bravo ejercía de revolucionario en el famoso Guirigay.
  • Recalde el Bravo, padre de nuestro camarada Joshe Mari, y otro patrón, llamado Zurbelcha, habían salido en una trincadura para recoger a los náufragos.
  • ¡Bravo, Shanti! ¡Bravo! me gritaban los viejos pescadores, que se acercaron a mirarme todos en fila, con las manos metidas en los bolsillos del pantalón.
  • ¡Bravo, Chim! dijo Tommy, y dió unas cuanlas volteretas y un magnífico salto mortal, seguido de Mari Zancos, que había tomado al grumete por su protector.
  • Pero en orden de chisteras, la más notable era la de Don Basilio Andrés de la Caña, que lo menos era de catorce modas atrasadas, y databa del tiempo en que Bravo Murillo le hizo ordenador de pagos.
  • Creo que fue Cantero quien le acompañó a Gobernación para ver a González Bravo, y éste dio al punto la orden para que fuese puesto en libertad el revolucionario, el anarquista, el descamisado Juanito.
  • Y como él no sabía nada de mar, porque no tenía de naval más del comer nabos, dijo, contando la batalla que había vencido el señor don Juan en Lepanto, que aquel Lepanto fue un moro muy bravo, como no sabía el pobrete que era nombre del mar.
  • Las mujeres, sabedoras de lo ocurrido gracias á la pasmosa rapidez con que en la huerta se transmiten las noticias, salían al camino para ver de cerca al bravo marido de Pepeta y compadecerle como á un héroe sacrificado por el interés de todos.
  • Tenía orgullo en decir que era muy bravo y sólo por él se dejaba manejar, y ahora estaba allí tendido de costado sobre el estiércol, inmóvil como carne muerta, agitando alguna vez con ronco estertor el redondo pecho y levantando un poco la cabeza para lanzar en torno suyo la mortecina y lacrimosa mirada.
  • Se comenzaba a decir con expresión respetuosa don Baldomero cada vez que se nombraba al general Espartero, y todos callaban para escuchar religiosamente a don Lucas, el beneficiado de San Juan, un cura que el 23 había emigrado a Londres por liberal, y que pronunciaba conmovedores discursos hablando del pobre Riego, a quien comparaba con Bravo, Padilla y Maldonado.
  • Y había tomado tan a contrapelo el chasco de González Bravo y la marcha de Isabel II, que se disparaba, poniéndose a dos dedos de ahogarse, cuando el sobrino, por molestarle, le contradecía, disculpaba a los revolucionarios, repetía las enormidades que la prensa y las lenguas de entonces propalaban contra la majestad caída, y aparentaba creerlas como artículo de fe.