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Ejemplos de oraciones con la palabra cadáver

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra cadáver en el contexto de una oración.

Término cadáver: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "cadáver" aquí tienes una selección de 63 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra cadáver para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Soy un verdadero cadáver.
  • ¿Se va a bajar el cadáver o no?
  • El cadáver tiene la faz contra tierra.
  • Decía palpando la pechuga del cadáver.
  • Subí por una cuerda y llegué al cadáver.
  • Se da sepultura a un cadáver, y allí queda.
  • Los que conducían el cadáver le zarandeaban.
  • Anfiteatro propio del cadáver del amor carnal.
  • En el suelo hay un bulto, un hombre, un cadáver.
  • Catalina se desmayó al lado del cadáver de su marido.
  • Le dijo sacando por debajo de la capa la mano del cadáver.
  • Lentamente, con mimo maternal, fué amortajando el cadáver.
  • E hizo mención, ante el cadáver, de volver a arrodillarse.
  • Era Pepeta queriendo separar á Teresa del cadáver de su hijo.
  • Pero a sí misma se comparaba al cadáver del Cid venciendo moros.
  • Y al salir éste del cuarto iba desencajado y pálido como un cadáver.
  • A un cadáver le ponían un cucurucho en la boca o un sombrero de papel.
  • Pero en vano buscó al contrario, con el deseo de contemplar su cadáver.
  • Se acercó al cadáver de Villasús, y con una voz melodramática gritó.
  • Unos cuantos desharrapados, entre ellos uno melenudo, rodeaban el cadáver.
  • Nosotros contemplábamos su cadáver aún caliente, y nos parecía mentira.
  • En cuanto almorcemos, me entrego a ti, como un cadáver de la sala de disección.
  • Que no tenía para amortajarle ni encender un cirio con que alumbrar su cadáver.
  • La más joven contemplaba fijamente, con estupor doloroso, la alborotada barba del cadáver.
  • Acompañaron a la última morada el cadáver del finado las autoridades civiles y militares.
  • Inmediatamente Demóstenes, el negro, y otro marinero cogieron el cadáver y lo tiraron al agua.
  • El cadáver de Martín se llevó al interior de la posada y estuvo toda la noche rodeado de cirios.
  • Y prorrumpiendo en lamentos más fuertes, se abalanzó sobre el frío cadáver, queriendo abrazarle.
  • Como el viento venía de aquella parte, oyó claramente la campana de San Justo que anunciaba cadáver.
  • Hija de mi vida chillaba Segunda, abrazando y besando a su sobrina, que si no era ya cadáver, lo parecía.
  • Se acercó al cadáver de Lulú, estuvo contemplando a la muerta largo rato y la besó en la frente varias veces.
  • Todos aquellos desharrapados que debían ser bohemios, amigos de Villasús, habían hecho horrores con el cadáver.
  • Entonces, Don Alonso se retiró, tan pálido como el cadáver de su amigo, que yacía mutilado en el piso del alcázar.
  • Se echaron los muertos de la última refriega al mar y se descolgó el cadáver de Zaldumbide y el del doctor Cornelius.
  • Vestía el cadáver, traje de marinero, compuesto de elástica de lana de punto y pantalón y chaleco con botones amarillos.
  • Una ráfaga húmeda sacudió la cortina de percal y la triste luz del día de plomo cayó sobre la palidez del cadáver tibio.
  • A la luz pálida del alba se veía el cadáver de Zaldumbide, colgado de una verga, balanceándose con los movimientos del barco.
  • Por la noche velamos el cadáver Urbistondo, el criado y yo, y por la mañana lo enterramos en el pequeño cementerio de la aldea.
  • A menudo se ve al niño, deshecho en lágrimas al pie del cadáver de su madre, consolarse con un juguete o un cartucho de dulces.
  • El amigo estrechó la mano, se estremeció al notar su frialdad y quedó horrorizado al ver que por debajo de la capa salía el brazo de un cadáver.
  • La barraca y la fortuna del odiado intruso alumbrarán tu cadáver mejor que los cirios comprados por la desolada Pepeta, amarillentas lágrimas de luz.
  • Andrés, a pesar de que tenía el convencimiento de que no había tal catalepsia, sacó el estetoscopio y auscultó al cadáver en la zona del corazón.
  • Los viejos árboles, que germinaban con una savia de resurrección, parecían saludar al pequeño cadáver agitando bajo la brisa sus ramas cargadas de flores.
  • Esto tiene que ser una manifestación decía del ex alcalde a muchos correligionarios y otros enemigos del Magistral reunidos en la tienda, al pie del cadáver.
  • Parecía que el cadáver tendido abajo, en la suciedad de la cuadra, estaba allí, sobre la mesa, mirando con los ojos vidriosos e inmóviles a sus antiguos amos.
  • Y toda la campiña entumecida, desnuda, se extendía a lo lejos, inmóvil como el cadáver de un náufrago que chorrea el agua de las olas que le arrojaron a la orilla.
  • Ante el cadáver del malogrado Churruca, los ingleses, que le conocían por la fama de su valor y entendimiento, mostraron gran pena, y uno de ellos dijo esto o cosa parecida.
  • La hiena que monda los huesos de un cadáver, la araña que sorbe una mosca, no hace más ni menos que el árbol bondadoso llevándose de la tierra el agua y las sales necesarias para su vida.
  • Azorín ha observado que en una ocasión, para evitar decepciones, Ron se ha aproximado con discreción a un cadáver y ha alargado una pata y lo ha tocado ligeramente para averiguar si estaba muerto o vivo.
  • Pero mi indignación se trocó en asombro y en un sentimiento indefinible, mezcla de respeto, de pena y de miedo, cuando observando atentamente las facciones mutiladas de aquel cadáver, reconocí en él a mi tío.
  • Ana vio de repente, como a la luz de un relámpago, a don Víctor vestido de terciopelo negro, con jubón y ferreruelo, bañado en sangre, boca arriba, y a don Álvaro con una pistola en la mano, enfrente del cadáver.
  • Algunas franjas de luz trepaban hasta el rostro del Magistral y ora lo teñían con un verde pálido blanquecino, como de planta sombría, ora le daban viscosa apariencia de planta submarina, ora la palidez de un cadáver.
  • Después Allen, como loco, siguió golpeando el cadáver, la mesa, con una furia de elefante herido, hasta que rompió el banco y se quedó con un trozo de madera en la mano, contemplándolo como un sonámbulo que despierta.
  • Era un rosario de comadres llorosas que iban llegando de todos los lados de la huerta, y rodeaban la cama, besaban el pequeño cadáver y parecían apoderarse de él como si fuera cosa suya, dejando á un lado á Teresa y su hija.
  • Quince días después, el cabo de miqueletes del puerto de la carretera de Elguea participó al comandante de Lúzaro que en la peña llamada Leizazpicua encontraron el cadáver de un hombre de unos cuarenta años de edad, arrojado por las olas.
  • Un cadáver horriblemente desfigurado, fue cogido entre dos marineros, y en el momento de levantarlo en alto, algunos de los circunstantes se permitieron groseras burlas, que en toda ocasión habrían sido importunas, y en aquel momento infames.
  • Y las lenguas de manso y dulce fuego de los dos cirios que ardían a un lado y otro del cadáver, haciendo brillar su frente, tan blanca como la cera de ellos, parecían, vibrando al compás del rezo, acompañar en sus oraciones a las dos hermanas.
  • Y si se deja pasar delante a la dama, ninguno de los nocturnos rondadores se detendrá en su carrera loca, aunque oiga el tiro que corta la vida de su rival, aunque tropiece en el camino su ensangrentado cadáver, aunque el tufo de la pólvora le diga.
  • Bien se adivinaba viendo la turba de muchachos atrevidos y pegajosos que se iban colando en la barraca, y cansados de contemplar, hurgándose las narices, el cadáver de su compañero, salían á perseguirse por el camino inmediato ó á saltar las acequias.
  • El padre, siempre sentado en una silleta de esparto bajo el emparrado de la puerta, fumaba cigarro tras cigarro, impasible como un oriental, volviendo la espalda á su vivienda, cual si temiera ver el blanco catafalco que servía de altar al cadáver de su hijo.
  • Ballester, deshaciéndose en demostraciones de caballerosidad protectora y de fraternal hidalguía, le dijo que los Rubín grandes y chicos, así los de carne y hueso como los que tenían pechos de algodón, no entrarían en aquella alcoba sino pasando sobre su cadáver.
  • Y en efecto, en el terreno, repujado de pequeñas eminencias que contrastaban con la lisa planicie del atrio, advertía a veces el pie durezas de ataúdes mal cubiertos y blanduras y molicies que infundían grima y espanto, como si se pisaran miembros flácidos de cadáver.
  • Primero la ruina del protector que sostenía el prestigio de la casa y la de su hijo, con cuya fortuna contaba para casos extraordinarios, e inmediatamente aquella enfermedad extraña, rápida como el rayo, que mataba por anticipado al pobre joven, pues le tenía inmóvil e insensible como un cadáver, sin otra vida que aquella respiración angustiosa que parecía asfixiar a los demás.