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Ejemplos de oraciones con la palabra cadena

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra cadena en el contexto de una oración.

Término cadena: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "cadena" aquí tienes una selección de 45 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra cadena para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • ¿Qué cadena?
  • Azorín examina la cadena.
  • Yo estoy atado a una cadena.
  • Pero estaba atada con una cadena.
  • El bote estaba atado con una cadena.
  • Esta cadena la llevó él una semana.
  • No me gustaba su modo de arrastrar la cadena.
  • La cadena es de plata, gorda y con muletilla.
  • Como una cadena estridente que no ha de romperse.
  • El viejo, con un gesto rápido, se quita la cadena.
  • Es una cadena de oro, compuesta de dos finos ramales juntos.
  • Llevaba chalecos de color, y en la cadena del reloj colgantes de plata.
  • Guardo esa cadena como el mejor recuerdo de mi efímera vida artística.
  • Juanito viose detenido por la cadena que acababa de tender el guardavía.
  • Se les recomendó que formaran la cadena, y así fueron llegando a tierra.
  • Traía más hierro que Vizcaya, dos pares de grillos y una cadena de portada.
  • Tiramos de una cadena que colgaba cerca de la puerta y sonó una campana a lo lejos.
  • Arrastraba la cadena, créame usted, como si no hubiese arrastrado otra cosa en mi vida.
  • Gastaba levita negra, chaleco blanco, del que colgaba la cadena del reloj llena de dijes.
  • Oye, tú dijo la del Banco, volviéndose de repente a la Regenta ¿quién será esa cadena?
  • Una tarde fuimos los dos a una joyería de la calle de la Montera a comprar cada uno una cadena.
  • Pero al cabo de una semana encontré a Ortiz y me dijo que mi cadena le gustaba más que la suya.
  • Luego el hombre vino con un oso atado a una cadena, con la cabeza protegida por una cubierta de cuero.
  • Del centro de la campana bajaba una gruesa cadena negra, en cuyo garfio final se enganchaba un caldero.
  • Dice Pedro explicó la señorita que estuvo ahí la cadena con que tenían sujeto sus abuelos a un negro esclavo.
  • Aquello era la cadena que él había arrastrado representando el Segismundo de La vida es sueño, en el primer acto.
  • Pero esta cadena se hallaba tan iluminada por la luz del fanal de popa, que tuvimos miedo de que nos viese la guardia.
  • Por otra parte, el que tenía la llave de la cadena de la lancha era un señor que vivía en la primera casa de Izarte.
  • Había pasado por debajo de la cadena, y el empleado acababa de detenerle casi en la misma cabeza del tren que avanzaba.
  • Así lo hice, venciendo los halagos de Doña Flora, que trató de atarme con una cadena formada de las marchitas rosas de su amor.
  • Cuando Maximiliano se retiró, iba desarrollando en su mente la más prodigiosa cadena de razonamientos que en aquellas cavilaciones se había visto.
  • Se presentó Manolo el Chafandín, vestido de día de fiesta, muy elegante, muy empaquetado, con un sombrero ancho torero y una gran cadena de reloj de plata.
  • VI Era un rumor de avispero, un susurro de colmena, lo que oían mañana y tarde los huertanos al pasar frente al molino de la Cadena, por el camino que va al mar.
  • Y para recalcar más su facha americana, llevaba una joya en la corbata y una cadena de reloj interminable, que le daba muchas vueltas de una parte a otra del pecho.
  • Ilustración En aquella época, el puerto de Brest se cerraba al anochecer, por medio de una enorme cadena de hierro tendida de una orilla a otra, y se abría al estampido de un cañonazo, a la hora de la diana.
  • El servicio de los cañones estaba listo, y advertí también que las municiones pasaban de los pañoles al entrepuente por medio de una cadena humana semejante a la que había sacado la arena del fondo del buque.
  • Un ligero matiz de púrpura teñía la superficie de las aguas hacia Oriente, y la cadena de colinas y lejanos montes que limitan el horizonte hacia la parte del Puerto permanecían aún encendidos por el fuego de la pasada aurora.
  • , porque el uno llevaba un hábito en los pechos, y el otro una cadena de diamantes (que era hábito y encomienda todo junto), dije yo que andaba en busca de buenos caballos para mí y a otro primo mío, que entrábamos en unas fiestas.
  • No aguardó más don Diego, y volviéndose a su casa encontró con los dos caballeros del hábito y cadena amigos míos, junto a la Puerta del Sol, y contóles lo que pasaba y díjoles que se aparejasen y en viéndome a la noche en la calle, que me magullasen los cascos.
  • Que donde quiera que se pusiese el espectador los ojos del retrato miraban al que le miraba, y que la cadena del reloj, la gola, los botones, la carrillera y placa del morrión, en una palabra, toda la parte metálica estaba pintada de la manera más extraordinaria y magistral.
  • Cada uno de estos grandes progresos en el camino de la vida era sorpresa y placer inefable para Julián, confirmando su dedicación paternal al ser que le dispensaba el favor insigne de tirarle de la cadena del reloj, manosearle los botones del chaleco, ponerle como nuevo de baba y leche.
  • En las plataformas iban los de la Lonja, tratantes en trigo, molineros, gente campechana y amiga del estruendo, que, en mangas de camisa, botonadura de diamantes y gruesa cadena de oro en el chaleco, arrojaban a los balcones con la fuerza de proyectiles los ramilletes húmedos y los cartuchos de confites duros como balas, con más almidón que azúcar.
  • Ha columbrado, confusamente, entre sus recuerdos de niño, como una visión única, una sala ancha, un poco oscura, empapelada de papeles grises a grandes flores rojas, con una sillería de reps verde, con una consola sobre la que hay dos hermosos ramos bajo fanales, y entre los dos ramos, también bajo otro fanal, una muñeca que figura una dama a la moda de 1850, con la larga cadena de oro y el relojito en la cadera.
  • Rompía los ojales del chaleco con la enorme cadena cargada de dijes, y él, que antes cuidaba de salir con poca calderilla en el bolsillo, por miedo a los compromisos o a la tentación de entrar en algún café, sacaba ahora, a tuertas y a derechas, su gran cartera de hombre de negocios repleta de billetes del Banco, y muchas veces escandalizaba a los camareros presentando para pagar un refresco un papelote de mil pesetas.
  • Allí, en vez de las historias del buen truhán Fernando de Amezqueta, tuvieron que oir, contada por una vieja, la historia de don Teodosio de Goñi, un caballero navarro que, después de haber matado a su padre y a su madre, engañado por el Diablo, se fué de penitencia al monte con una cadena al pie, hasta que, pasados muchos años y siendo don Teodosio viejo, se le presentó un dragón, y ya iba a devorarle, cuando apareció el arcángel San Miguel y mató al dragón y rompió las cadenas al caballero.