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Ejemplos de oraciones con la palabra camila

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra camila en el contexto de una oración.

Término camila: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "camila" aquí tienes una selección de 38 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra camila para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • El palo seco era doña Camila.
  • Doña Camila estaba enferma del susto, en cama.
  • Doña Camila la educaba como si fuera un polvorín.
  • Vivía con una señora que se llamaba aya y doña Camila.
  • Quería marchar de veras, muy lejos, huyendo de doña Camila.
  • En este particular don Carlos aprobaba el criterio de doña Camila.
  • Despidió a doña Camila y se encargó de la instrucción de su hija.
  • Entre doña Camila y don Carlos habían ajado las rosas de su rostro.
  • Doña Camila se creyó obligada en conciencia a indicar algo a la familia.
  • Los chicos de la calle la miraban como el hombre que besaba a doña Camila.
  • Era Iriarte, el amante de doña Camila y antiguo dueño de la casa de campo.
  • Doña Camila culpaba al hombre que le daba besos, de las picardías de la niña.
  • Aquella noche lloró en su lecho Ana como lloraba bajo el poder de doña Camila.
  • ¡Qué escándalo! doña Camila cogió a Anita por la garganta y por poco la ahoga.
  • Ya se sabe cómo entendió la grosera y lasciva doña Camila la aventura de los niños.
  • Si doña Camila se acercaba a la puerta a escuchar por el ojo de la llave, no oía nada.
  • Doña Camila entendía el Cristianismo como la Geografía o el arte de coser y planchar.
  • Decía el hombre de doña Camila, que saboreaba por adelantado la lujuria de lo porvenir.
  • La historia sagrada fue el maná de su fantasía en la aridez de las lecciones de doña Camila.
  • Al principio la calumnia habíale hecho poco daño, era una de tantas injusticias de doña Camila.
  • Esta amenaza de doña Camila no pasó de amenaza, pero Ana no sentía salir de Loreto, ir donde quiera.
  • Créanlo ustedes decía el amante de doña Camila el hombre nace naturalmente malo, y la mujer lo mismo.
  • La conversación tardó en volver al pecado de Ana, a la vergüenza de que les hablaba la carta de doña Camila.
  • Los dolores que doña Camila le hizo padecer antes de conseguir que aprendiera las sílabas, perdonóselos ella de todo corazón.
  • Aquella señora aya tenía criados y criadas y un señor que venía de noche y le daba besos a doña Camila, que le pegaba y decía.
  • De todas suertes, doña Camila se rodeó de precauciones pedagógicas y preparó a la infancia de Ana Ozores un verdadero gimnasio de moralidad inglesa.
  • Doña Camila y Ana se trasladaron a Madrid y allí vivían parte del año los tres juntos, pero el verano y el otoño los pasaban en la quinta de Loreto.
  • Por allí, por allí asomaba la oreja de la modista italiana que, en efecto, debía de haber sido bailarina, como insinuaba doña Camila en su célebre carta.
  • Pero una vez que Ana volvió del campo diciendo que la Virgen, según le constaba a ella, lavaba en el río los pañales del Niño Jesús, doña Camila, indignada, exclamó.
  • Sabía que su difunta esposa era una humilde modista, y ella, doña Camila Portocarrero que se creía descendiente de nobles, bien podía aspirar a la sucesión de la italiana.
  • Emigró Ozores y doña Camila juró odio eterno al ingrato, y consagró, con la paciencia de los reformistas ingleses, un culto de envidia póstuma a la modista italiana que había conseguido casarse con aquel estuco.
  • La hipocresía de doña Camila llegaba hasta el punto de tenerla en el temperamento, pues siendo su aspecto el de una estatua anafrodita, el de un ser sin sexo, su pasión principal era la lujuria, satisfecha a la inglesa.
  • Quiso saber lo que era aquel pecado de que la acusaban, y en la maldad de doña Camila y en la torpe vida, mal disimulada, de esta mujer, se afiló la malicia de la niña que fue comprendiendo en qué consistía tener honor y en qué perderlo.
  • Así como en la infancia se refugiaba dentro de su fantasía para huir de la prosaica y necia persecución de doña Camila, ya adolescente se encerraba también dentro de su cerebro para compensar las humillaciones y tristezas que sufría su espíritu.
  • Tuvo que emigrar don Carlos, y Ana quedó en poder de doña Camila, que por imprudencia imperdonable de Ozores se vio disponiendo a su antojo de la mayor parte de las rentas de su amo, cada vez más flacas, pues las conspiraciones cuestan caras al que las paga.
  • Cuando don Carlos decidió vivir en Loreto todo el año, para hacer economías, Ana le besó en los ojos y en la boca y fue por un día entero la niña expansiva y alegre que había empezado a brotar antes de ser trasplantada al invernadero pedagógico de doña Camila.
  • Loreto era una aldea, y como doña Camila refería la aventura a quien la quisiera oír, llorando la infeliz, rendida bajo el peso de la responsabilidad (y ella poco podía contra la naturaleza), el escándalo corrió de boca en boca, y hasta en el casino se supo lo de aquella confesión a que se obligó a la reo.
  • Aconsejaron los médicos aires del campo y del mar para la niña y el aya escribió a don Carlos que un su amigo, Iriarte, el que le había recomendado a doña Camila, vendía en una provincia del Norte, limítrofe de Vetusta, una casa de campo en un pueblecillo pintoresco, puerto de mar y saludable a todos los vientos.