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Ejemplos de oraciones con la palabra campos

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra campos en el contexto de una oración.

Término campos: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "campos" aquí tienes una selección de 100 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra campos para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Espléndido sol doraba los campos.
  • Y ahora este paseo por los campos.
  • ¿Por qué no eran suyos los campos?
  • ¡A trabajar! Los campos estaban perdidos.
  • Sólo contaba con lo que produjesen los campos.
  • Esparcíase por los campos la bendición de Dios.
  • á él le convenían los campos, y en ellos se quedaba.
  • No miraba a los campos, no contemplaba la lontananza de montes y nubes.
  • Es pobre nuestro suelo (yermos están los campos por falta de cultivo).
  • La imaginación se lanzaba a la carrera a galopar por los campos de fantasía.
  • A los lados se extendían prados de yerba alta y espesa y campos de hortaliza.
  • Hasta de día evitaba el abandonar sus campos, rehuyendo el roce con los vecinos.
  • A Martínez Campos, a Jovellar y todos los demás que habían andado en aquel lío.
  • Apenas si podía él llevar adelante los dos campos que había roturado y cultivado.
  • Ha privado, en fin, de los aprovechamientos de los ganados al beneficio de los campos.
  • Imágenes horribles era lo que inspiraba la contemplación de estos campos abandonados.
  • Se derramaba en los campos de Batiste, que bebían y bebían con la sed del hidrópico.
  • No se veía un solo hombre trabajando en los campos, ni una caballería en los caminos.
  • A la derecha campos de maíz, ahora vacíos, enseñaban la tierra, negra con la humedad.
  • ¡como quien dice nada! El mayor, Batistet, apenas si podía ir más allá de sus campos.
  • En sus paseos por el monte y por los campos, este estudio es uno de sus recreos predilectos.
  • Pero el tal sujeto no salía de sus campos, y no era cosa de ir á amenazarle en su propia casa.
  • Pasó con prodigioso salto por encima de la familia, galopando furiosamente á través de los campos.
  • Todos le miraban de reojo, pero jamás oyó desde los campos cercanos al camino una palabra de insulto.
  • Los hombres en los campos, encorvados, con la vista en el suelo, sin dar descanso á los activos brazos.
  • Quién fué el primero que se decidió á pasar el puentecillo que unía el camino con los odiados campos.
  • Era el día lluvioso y frío, la carretera, amarillenta, llena de baches, ondulaba por entre campos verdes.
  • La vida se les ofrecía más al desnudo en aquellos campos, en el bosque, en los repliegues de la montaña.
  • Los campos secos de Sagunto recordábalos como un infierno de sed, del que afortunadamente se había librado.
  • Pepeta iba á seguir adelante, hacia su blanca barraca, que asomaba entre los árboles algunos campos más allá.
  • La vivificante sangre de la huerta iba lejos, para otros campos cuyos dueños no tenían la desgracia de ser odiados.
  • Se alejó de sus campos, de su barraca, yendo insensiblemente camino abajo, con paso lento, hacia la taberna de Copa.
  • En las puertas de las barracas saludábanse los que iban hacia la ciudad y los que se quedaban á trabajar los campos.
  • Los desolados campos eran el talismán que mantenía íntimamente unidos á los huertanos, en continuo tacto de codos.
  • Y como le habían hecho proposiciones de nuevo arrendamiento, avisaba á Barret para que dejase los campos cuanto antes.
  • Y dominado por súbito terror, echó á correr, buscando á través de los campos el camino que conducía á su barraca.
  • El espacio se había limpiado de tenues neblinas, transpiración nocturna de los húmedos campos y las rumorosas acequias.
  • Si querían robarle, que le buscasen allí, sobre los campos que eran pedazos de su piel, y como á tales los defendería.
  • En sus manos estaba la vida de las familias, el alimento de los campos, el riego oportuno, cuya carencia mata una cosecha.
  • Los campos de viñas eran cada vez más raros, hasta que la severidad del suelo les dijo que estaban en la adusta Castilla.
  • Muchas mañanas, con el buen tiempo, me levanto muy temprano y sigo el camino abandonado, escuchando el rumor de los campos.
  • El tío Barret fué derechamente hacia sus campos, y como un perro abandonado, comenzó á dar vueltas alrededor de la barraca.
  • Como un jabalí furioso se entró por los campos, pisoteando las plantas, saltando las arterias regadoras, tronchando cañares.
  • Los pequeños ya no asistieron á la escuela, Roseta dejó de ir á la fábrica y Batistet no daba un paso más allá de sus campos.
  • Además, tal vez les interesaba ver cómo ardía la miseria que diez años de abandono habían amontonado sobre los campos de Barret.
  • Arboles azules sobre campos morados, horizontes amarillos, casas más grandes que los árboles y personas más grandes que las casas.
  • ¡Entonces sí que se consideró perdido irremisiblemente el pobre labrador! Con desesperación miró sus campos, que ya no podía cultivar.
  • Pero en las dos semanas anteriores había llevado su rebaño á pastar los hierbajos del barranco de Carraixet, sin preocuparse de estos campos.
  • De él debía proceder un vago roce que creyó percibir en los inmediatos campos semejante al de una gran culebra arrastrándose por los surcos.
  • Un despertar ruidoso de bestias que, al sentir la fresca caricia del alba cargada de acre perfume de vegetación, deseaban correr por los campos.
  • Los campos de verde apagado, sonaban para el visionario joven como tiernos suspiros de los clarinetes, las mujeres amadas, como les llamaba Berlioz.
  • Él, lo único que podía asegurar es que el tal sujeto no cosecharía el trigo, ni las habas, ni todo lo que había plantado en los campos de Barret.
  • Pero nadie olvidó los campos y la barraca, permaneciendo unos y otra en el mismo estado que el día en que la justicia expulsó al infortunado colono.
  • Desde entonces, los campos que hacía más de cien años trabajaban los ascendientes del pobre labrador habían quedado abandonados á orilla del camino.
  • Todo esto, pensado confusamente, les hacía creer que el día en que los campos de Barret fueran cultivados la huerta sufriría toda clase de desgracias.
  • Se levantaba muy temprano, con la aurora, y paseaba por aquellos campos llanos, por los viñedos, hasta un olivar que él llamaba el trágico por su aspecto.
  • Aventábase el trigo entre remolinos de polvo, y en los campos desmochados, á lo largo de los rastrojos, saltaban los gorriones buscando los granos perdidos.
  • Pero el visionario muchacho veía cantar los campos y gozaba en la muda sinfonía de los colores, en aquella obra silenciosa y extraña que se parecía a algo.
  • Continuaba rugiendo en su cabeza el ansia de destrucción, y para satisfacerla se metió con la hoz en la mano en aquellos campos que habían sido sus verdugos.
  • Batiste miró sus campos, y toda la rabia sufrida una hora antes ante el Tribunal de las Aguas volvió de golpe, como una oleada furiosa, á invadir su cerebro.
  • No sólo dejaban el trabajo, sino que pasaban aviso á todos sus paisanos para que huyesen de ganar un jornal en los campos de Barret, como quien huye del diablo.
  • Barret protestó, y hasta lloró recordando los méritos de su familia, que había perdido la piel en aquellos campos para hacer de ellos los mejores de la huerta.
  • Había que verle un domingo por la tarde, fumando una tagarnina de á cuarto en honor á la festividad, paseando ante la barraca y mirando sus campos amorosamente.
  • Hasta los pájaros huían de aquellos campos de muerte, tal vez por temor á los animaluchos que rebullían bajo la maleza ó por husmear el hálito de la desgracia.
  • En la cumbre de este revoltijo veíanse tres niños abrazados, que contemplaban los campos con ojos muy abiertos, como exploradores que visitan un país por vez primera.
  • Campos de secano, rojos y eternamente sedientos, en los cuales retorcían sus troncos huecos algarrobos centenarios ó alzaban los olivos sus redondas y empolvadas cabezas.
  • Indudablemente era Pimentó el autor de la agresión, el que impedía que los campos fuesen cultivados, y la Guardia civil prendió al jaque de la huerta, llevándolo á la cárcel.
  • Desde la altura adonde habíamos subido se veían dos pueblecillos, uno que debía ser una aldea de pescadores, y el otro un pueblo de tierra adentro, rodeado de campos de labranza.
  • Aquella carrera desenfrenada por los campos libres, saltando abismos, cayendo con delicia en lo desconocido, en el peligro incierto de precipicios y enramadas traidoras y exuberantes.
  • Los campos del tío Barret, ó mejor dicho para ella, del judío don Salvador y sus descomulgados herederos, eran una mancha de miseria en medio de la huerta fecunda, trabajada y sonriente.
  • Tres semanas que no traen ustedes el estipendio prometido, y así no es posible la instrucción, ni puede procrear la ciencia, ni combatirse con desahogo la barbarie nativa de estos campos.
  • Viñas, castañares, campos de maíz granados o ya segados, y tupidas robledas, se escalonaban, subían trepando hasta un montecillo, cuya falda gris parecía, al sol, de un blanco plomizo.
  • Bajo las frondosidades de esta selva minúscula y alentados por la seguridad de su guarida, crecían y se multiplicaban toda suerte de bichos asquerosos, derramándose en los campos vecinos.
  • Los apios, cabelleras vegetales, guardando en sus frescas bucles el viento de los campos, y los rábanos, encendidos, destacándose como gotas de sangre sobre el mullido lecho de hortalizas.
  • Ana esperaba ya aquellos días en que, con largos intervalos de mal tiempo, aparece un poco de luz que arranca vibraciones de alegría y resplandor al verde dormido de los campos vetustenses.
  • Morenilla, nerviosa, de nariz arremangada ó insolente, orgullosa de ser única en su casa y de que su padre no fuese arrendatario de nadie, pues los cuatro campos que trabajaba eran muy suyos.
  • Detrás el humo de las fábricas en la barriada de los obreros en el campo del Sol, y más allá los campos de maíz, ahora verdes con el alcacer, los prados, los bosques de castaños y robles.
  • Los hombres que trabajaban en los campos cercanos al camino llamábanse unos á otros con expresiones insolentes que indirectamente iban dirigidas á Batiste, y los chicuelos, desde lejos, gritaban.
  • Metido en tan peligroso empeño, hasta abandonó sus campos, pasando los días en los senderos de la huerta con pretexto de cazar, pero en realidad para exhibir su escopeta y su gesto de pocos amigos.
  • En la época del tratado de los vinos con Francia, todo el mundo, sin consultarse los unos a los otros, comenzó a cambiar el cultivo de sus campos, dejando el trigo y los cereales, y poniendo viñedos.
  • Pensaban involuntariamente en los verdes campos, en el paseo exuberante de gentío, en el placer de andar lentamente bajo las ladeadas sombrillas, viendo caras nuevas y contestando al saludo de los amigos.
  • Las hoces relampagueantes iban tonsurando los campos, echando abajo las rubias cabelleras de trigo, las gruesas espigas, que, apopléticas de vida, buscaban el suelo, doblando tras ellas las delgadas cañas.
  • Trabajaba hasta en los domingos, y lo mismo iba á Valencia á recoger estiércol para los campos de su amo, como le ayudaba en las matanzas de reses y labraba la tierra ó llevaba carne á las alquerías ricas.
  • Bandas de muchachos correteaban por los campos ó daban cabriolas en las eras, pensando en las tortas de trigo nuevo, en la vida de abundancia y satisfacción que empezaba en las barracas al llenarse el granero.
  • No amaba menos á las cuatro muchachas, unos ángeles de Dios, que se pasaban el día cantando y cosiendo á la puerta de la barraca, y algunas veces se metían en los campos para descansar un poco á su pobre padre.
  • Miró Batiste vagamente hacia la parte de la ciudad, volviendo su espalda á la barraca de Pimentó, que ahora se veía claramente, al quedar despojados los campos de las cortinas de mies que la ocultaban antes de la siega.
  • Una selva enana, enmarañada y deforme se extendía sobre aquellos campos, con un oleaje de extraños tonos verdes, matizado á trechos por flores misteriosas y raras, de esas que sólo surgen en las ruinas y los cementerios.
  • Y de lejos, por entre el ramaje, arrastrándose sobre las verdes olas de los campos, contestaban los ecos del vals que iba acompañando al pobre albaet hacia la eternidad, balanceándose en su barquilla blanca galoneada de oro.
  • Yo quisiera que mi espíritu fuera como el ruiseñor, que canta en la noche negra y sin estrellas, o como la alondra, que levanta su vuelo en la desolación de los campos, y no el pájaro herido que se viene a tierra velozmente.
  • Un labrador habitante en otro distrito de la huerta, hombre que las echaba de guapo y nunca tenía bastante tierra, sintióse tentado por el bajo precio del arrendamiento y apechugó con unos campos que á todos inspiraban miedo.
  • ¡Virgen Santísima! El carro se salía del camino, atravesaba el ruinoso puente de troncos y tierra que daba acceso á las tierras malditas, y se metía por los campos del tío Barret, aplastando con sus ruedas la maleza respetada.
  • Los pueblecillos blancos duermen sobre las heredades, las carretas rechinan en los caminos, los labradores trabajan con sus bueyes en los campos, y la tierra, fértil y húmeda, reposa bajo la gran sonrisa del cielo y la inmensa piedad del sol.
  • Pasaban los grupos de airosas hilanderas con un paso igual, moviendo garbosamente el brazo derecho, que cortaba el aire como un remo, y chillando todas á coro cada vez que algún mocetón las saludaba desde los campos vecinos con palabras amorosas.
  • La mayor parte de lo que cosechaba en sus campos se lo comía la familia, y los puñados de cobre que sacaba de la venta del resto en el Mercado de Valencia desparramábanse, sin llegar á formar nunca el montón necesario para acallar á don Salvador.
  • Y como toda la huerta pensaba así, en vano al día siguiente de la riña pasaron y repasaron por las sendas dos charolados tricornios, yendo de casa de Copa á la barraca de Pimentó para hacer preguntas insidiosas á la gente que estaba en los campos.
  • Los inquietos cañares con su entonación amarillenta y los frescos campos de hortalizas, claros y brillantes como lagos de esmeralda líquida, resaltaban sobre el conjunto como apasionados quejidos de la viola de amor o románticas frases del violoncelo.
  • Era tan fiera su actitud destacándose erguido en medio de la acequia, se adivinaba en este fantasma negro tal resolución de recibir á tiros al que se presentase, que nadie salió de los inmediatos cañares, y bebieron sus campos durante una hora sin protesta alguna.
  • Y no se imaginaban, después de un triunfo de diez años, que pudiera entrar en los campos abandonados otra persona que el tío Tomba, un pastor ciego y parlanchín, que, á falta de auditorio, relataba todos los días sus hazañas de guerrillero á su rebaño de sucias ovejas.
  • Pero de nada le sirvió su cautela, pues una tarde en que regresaba solo á su casa, cuando aún no había terminado la roturación de sus nuevos campos, le largaron dos escopetazos, sin que viese al agresor, y salió milagrosamente ileso del puñado de postas que pasó junto á sus orejas.
  • El 20 de Octubre, un día antes de Trafalgar, Napoleón presenciaba en el campo de Ulm el desfile de las tropas austriacas, cuyos generales le entregaban su espada, y dos meses después, el 2 de Diciembre del mismo año, ganaba en los campos de Austerlitz la más brillante acción de su reinado.