Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "canónigo" aquí tienes una selección de 96 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra canónigo para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- ¡pero un canónigo!
- ¡La amaba un canónigo!
- Buen canónigo te dé Dios.
- El canónigo reanuda el diálogo.
- Al fin don Álvaro no es canónigo.
- Cuando lo pelen parecerá un canónigo.
- Aceptó las proposiciones del canónigo.
- El canónigo sabría todo lo que pasaba.
- ¡Absurdo! afirmó el canónigo regalista.
- No eran para vistas por un canónigo formal.
- ¿Pues no dice que es un guante de canónigo?
- Era un clérigo, un canónigo, un prebendado.
- Era, por consiguiente, un guante de canónigo.
- El caracol estaba interceptado por el canónigo.
- Era hijo de un canónigo de la catedral de Toledo.
- ¡Aquel señor canónigo estaba enamorado de ella!
- Y se movían y mezclaban hasta marear al canónigo.
- ¿Y qué creerá usted que maté, señor canónigo?
- No quedaba más canónigo probable que el Magistral.
- El canónigo empieza a escamarse y la gente a atender.
- Había querido hablar el canónigo, pero no había podido.
- Pero pensaba retirarlo si el canónigo decía non possumus.
- Canónigo te vean mis ojos, que Papa como tenerlo en la mano.
- Le quería canónigo, obispo, quién sabe cuántas cosas más.
- Es que yo gritó el ex alcalde mato un canónigo como un mosquito.
- ¡El canónigo Castrelo! exclamaron el cura de Boán y el marqués.
- Sin embargo, el canónigo era un santo, la traición no había sido suya.
- El canónigo comprendió que debía mirar al estudiante como a cosa suya.
- Don Víctor de la Formoseda la plantaba por una artesana, sobrina de un canónigo.
- ¡Poco ruido! ¡Poco ruido! señor Fierabrás repuso el canónigo terciando el manteo.
- Yo creo, con permiso de este señor canónigo, que lo principal aquí es sentirse bien.
- Quería ver el gesto que ponía aquel canónigo al saber que la señorona se la pegaba.
- Bismarck, detrás de la Wamba, no veía del canónigo más que los bajos y los admiraba.
- Cundió la fama de Paula, y un canónigo de Astorga se la arrebató al cura de la Virgen.
- Su hermano Nicolás había de parar en canónigo, y quién sabe, quién sabe si en obispo.
- Un trueno que retumbó sobre Vetusta sirvió de acompañamiento a la cólera del canónigo.
- ¡Las estrellas! ¡qué pocas veces las había mirado con atención desde que era canónigo!
- Si Víctor fuera otro, ¿no podría haber sospechado o de don Álvaro o del canónigo mismo?
- Pues, con permiso del señor canónigo, yo aconsejaría carne cruda, mucha carne a la inglesa.
- Aquellos latigazos los hubiera descargado el canónigo de buen grado sobre el rostro de Mesía.
- Su propósito no lo penetraba don Víctor, pero sentía los efectos de la perfidia del canónigo.
- Mire usted que si no me nombra mi canónigo, no me muero, y le estaré atormentando meses y meses.
- Y disparó media patata asada y podrida a la calle apuntando a un canónigo, pero seguro de no tocarle.
- Se acordaba de la prueba de fuerza muscular en que el canónigo le había vencido delante de Ana misma.
- Al año de servir al canónigo Camoirán se vanagloriaba de haberle salvado varias veces de la bancarrota.
- Hundir al ama, tenerla en un puño, y burlarse sangrientamente, del idiota del amo y del indino del canónigo.
- Y ahora me encuentro la simiente revuelta con la tierra en el suelo, y sobre una butaca este guante de canónigo.
- La rica casulla de tela briscada despedía rayos herida por la luz de los ciriales que acompañaban al canónigo.
- Tenía la cara redonda, blanca y risueña, y cuando estaba sin sombrero parecía una mujer cincuentona, ama de canónigo.
- Que sería lo que necesitaba el canónigo, puesto que él no podía con sus manteos al hombro ir a desafiar a don Álvaro.
- Y aunque el presidente del Casino fingiera defender al canónigo, a Foja le constaba que no le quería bien ni mucho menos.
- él mismo, vestido de canónigo con traje de coro, casaba en la iglesia parroquial del Vivero a don Álvaro y a la Regenta.
- Poco a poco, señor canónigo, yo no soy barullero, ni miento, ni soy obscurantista, ni admito ancas de nadie y menos de un cura.
- Había comprendido que Ana sentía repugnancia ante el canónigo en cuanto el canónigo quería demostrarle que además era hombre.
- Bismarck, oculto, vio con espanto que el canónigo sacaba de un bolsillo interior de la sotana un tubo que a él le pareció de oro.
- Si no hubiera sido por mi maldad, ¡cuándo habría sido canónigo este tonto de capirote, ordinario y hediondo! ¡Y él tan satisfecho!
- La acompañaron en su viaje don Cayetano Ripamilán, canónigo respetable por su condición y sus años, y una antigua criada de los Ozores.
- Aquel canónigo, que tal vez era un poco rival suyo, le daba aquella leccioncita de gimnasia, que muy bien podía ser una saludable advertencia.
- Glocester, o sea don Restituto Mourelo, canónigo raso a la sazón, decía con voz meliflua y misteriosa en la tertulia del marqués de Vegallana.
- ¿Saben decía medio llorando y salivando aún de risa un caso que pasó entre el canónigo Castrelo y un señor muy chistoso, Ramírez de Orense?
- El señor Ripamilán, canónigo, dijo que los versos eran regulares, acaso buenos, pero de una escuela romántico religiosa que a él le empalagaba.
- Además, doña Paula, cuando su hijo era un humilde seminarista, había servido en calidad de ama de llaves a Camoirán, a la sazón canónigo de Astorga.
- Si llovía o amenazaba, prolongaban el palique hasta que el Palomo hacía un discreto ruido con las llaves de la catedral y cada canónigo se iba a su casa.
- Oía a Petra sin entender bien su palique, le molestaba el ruido de la voz aguda y lacrimosa, no lo que decía, que ya no llegaba a la atención del canónigo.
- A este mismo señor canónigo que embozadamente le había reprendido algunas veces por la pimienta de sus epigramas, solía taparle la boca el Arcipreste diciendo.
- ¡No venía la Regenta en el coche abierto! ¡Venía con los otros! ¡Y al marido le habían echado a la carretela con el canónigo, la Marquesa y doña Petronila!
- Algún canónigo solía dar mayores garantías de moralidad con su presencia, aunque es cierto que no era esto frecuente, ni el canónigo paraba allí mucho tiempo.
- Cuando volvió a su memoria se encontró con que no era don Fermín un malvado, sino un desgraciado, pero de todas suertes le parecía absurdo enamorarse siendo canónigo.
- Si Bismarck fuera canónigo y dinidad (creía que lo era el Magistral) en vez de ser delantero, con un mote sacao de las cajas de cerillas, se daría más tono que un zagal.
- Los dos se habían ido en busca de los otros y los cuatro juntos se presentaron de nuevo, ante el objetivo del catalejo que temblaba en las manos finas y blancas del canónigo.
- En una época de nombramientos de intriga, de complacencias palaciegas, para aplacar las quejas de la opinión se buscó un santo a quien dar una mitra y se encontró al canónigo Camoirán.
- Se acercó después el canónigo pariente del ministro y hubo que hablar y en seguida se agregó un obispo de levita (frase que hacía fortuna por aquella época) y la conversación se animó.
- Aunque la cortesía, ley suprema, le obligaba al más fino trato, no menos que la gratitud, don Víctor estuvo un poco frío con el canónigo, pero de modo que el otro no lo echó de ver siquiera.
- Pero encontró muy gracioso y picante el molestar al señor Magistral, si, como Visitación sospechaba, a este ilustre canónigo le disgustaba ver a la Regenta entregada al brazo secular de Mesía.
- A pesar de esta injusticia distributiva que don Fermín tenía debajo de sus ojos, sin que le irritara, el buen canónigo amaba el barrio de la catedral, aquel hijo predilecto de la Basílica, sobre todos.
- Y aun así y todo decía un canónigo muy buen mozo, nuevo en Vetusta y en el oficio, pariente del ministro de Gracia y Justicia aun así y todo no se puede llevar en calma la imprudencia con que habla de todo.
- Son muy respetables en efecto dijo el canónigo pariente del Ministro, a quien la proposición había parecido regalista, y por consiguiente digna de aprobación por parte de un primo del Notario mayor del reino.
- Como el Marqués no le había invitado a hacer el viaje en su coche, lo cual tal vez indicaba cierta frialdad premeditada, que De Pas fingía no sentir, tuvo el señor canónigo que ir en persona a alquilar una berlina.
- El manteo que el canónigo movía con un ritmo de pasos y suave contoneo iba tomando en sus anchos pliegues, al flotar casi al ras del pavimento, tornasoles de plumas de faisán, y otras veces parecía cola de pavo real.
- Fue presbítero, y obtuvo un economato de los buenos, y fue llamado a predicar en San Isidro de León, y en Astorga, y en Villafranca y donde quiera que el canónigo Camoirán, famoso ya por su piedad, tenía influencia.
- Sin embargo, Mourelo, a fuer de canónigo de mundo, ocultó una vez más sus sentimientos y tendió la mano a su enemigo, acompañando la acción con una catarata de gritos guturales con que significaba su inmensa alegría.
- El canónigo Döllinger, de quien no sabía más sino que existía y que se había separado de la Iglesia, le seducía por su tenacidad, que le recordaba la de su tierra, Aragón, el reino más noble y testarudo del Universo.
- A que no llegaban las suaves pláticas del misticismo y fraternidad de que seguía gozando en compañía de aquel señor canónigo que acababa de pasar por allí, con las manos cruzadas sobre el vientre, rodeado de monaguillos.
- Era el canónigo incapaz de gobernarse en las necesidades premiosas de la vida, no entendía palabra de los intereses del mundo, y al poco tiempo llegó a comprender que Paula era sus ojos, sus manos, sus oídos, hasta su sentido común.
- Aquel don Fermín que allá abajo en la calle de la Rúa parecía un escarabajo ¡qué grande se mostraba ahora a los ojos humillados del monaguillo y a los aterrados ojos de su compañero! Celedonio apenas le llegaba a la cintura al canónigo.
- Y recordaba máximas y aforismos religiosos que había oído al Magistral, sin penetrar su terrible severidad, aquel sentido lúgubre y hondo que no parecían tener en los labios finos, suaves, llenos de silbantes sonidos del pulquérrimo canónigo.
- Gozaba voluptuosa delicia viendo padecer al canónigo, pero quería más, quería continuar su obra, que la mandasen clavar en el alma de su ama, de la orgullosa señorona, todas aquellas agujas que acababa de hundir en las carnes del clérigo loco.
- Era el caso que, en su opinión, el Magistral era amante de doña Ana hacía mucho tiempo, y que la escena del bosque del Vivero la interpretó la vanidad de la criada como una victoria de su belleza que había hecho caer en pecado de inconstancia al canónigo.
- Ripamilán, con mal acuerdo, y sin que lo supiera el Magistral, se decidió a tomar la pluma y publicar en el Lábaro un articulejo, sin firma, defendiendo a su amigo, a las Salesas, y a la gramática, maltratada por el periódico progresista, según el canónigo.
- Si él hubiera sido señor, alcalde, canónigo, fontanero, guarda del Jardín Botánico, empleado en casillas, sereno, algo grande, en suma, hubiera hecho lo mismo ¡dar cada puntapié! No era más que Bismarck, un delantero, y sabía su oficio, huir de los mainates de Vetusta.
- La cabeza pequeña y bien formada, de espeso cabello negro muy recortado, descansaba sobre un robusto cuello, blanco, de recios músculos, un cuello de atleta, proporcionado al tronco y extremidades del fornido canónigo, que hubiera sido en su aldea el mejor jugador de bolos, el mozo de más partido.
- El ama, viejecilla llorona, estorbosa e inútil, que andaba dando vueltas como un palomino atontado, y otra ama bien distinta, de rompe y rasga, la del cura de Cebre, que en sus mocedades había servido a un canónigo compostelano, y era célebre en el país por su destreza en batir mantequillas y asar capones.
- Ripamilán, mientras discutía acalorado con su querido amigo don Víctor, en pie, moviendo la cabeza como con un resorte, arreglaba la ensalada tercera de la Marquesa, con una habilidad de máquina en buen uso, y la señora le dejaba hacer, tranquila, aunque sin quitar ojo de sus manos, segura del acierto exacto del diminuto canónigo.
- Aunque era don Cayetano canónigo y tenía nada menos que la dignidad de arcipreste, que le valía el honor de sentarse en el coro a la derecha del Obispo, considerábase él digno de respeto y aun de admiración no por estos vulgares títulos, ni por la cruz que le hacía ilustrísimo, sino por el don inapreciable de poeta bucólico y epigramático.
- Pero con la gente grave y de buen consejo, v.g., su confesor don Vicente el canónigo, y Julián, aquel pedazo de sus entrañas elevado a la más alta dignidad que cabe en la tierra, ¿quién le vedaba el gustazo de juzgar a su modo la conducta del amo y las señoritas, de alardear de discreción, censurando melosa y compasivamente algunos de sus actos que ella si fuese señora no realizaría jamás, y de oír que personas de respeto alababan mucho su cordura, y conformaban del todo con su dictamen?
- En un mismo día, al salir de paseo o de compras, cambiaba saludos más o menos afectuosos con la de Ruiz Ochoa, con la generala Minio, con Adela Trujillo, con un Villuendas rico, con un Villuendas pobre, con el pescadero pariente de Samaniego, con la duquesa de Gravelinas, con un Moreno Vallejo magistrado, con un Moreno Rubio médico, con un Moreno Jáuregui sombrerero, con un Aparisi canónigo, con varios horteras, con tan diversa gente, en fin, que otra persona de menos tino habría trocado los nombres y tratamientos.