Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra cantar

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra cantar en el contexto de una oración.

Término cantar: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "cantar" aquí tienes una selección de 61 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra cantar para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Que iba a cantar primero.
  • Tenga, y a la calle a cantar.
  • El sereno volvió a cantar las doce.
  • El pájaro tampoco ha aprendido a cantar.
  • Por la parte de dentro todo fue como coser y cantar.
  • Y sin pizca de formalidad, se interrumpía para cantar.
  • Le pido a la Virgen que me dé fuerzas para cantar claro.
  • Otras veces se ponía a cantar la misma canción sin parar.
  • Mañana a estas horas estaré oyendo cantar el botijo e leche.
  • Joaquín Orgaz había prometido cantar por lo flamenco a los postres.
  • La costumbre que tienen las criadas de ponerse a cantar cuando trabajan.
  • Luego intentó cantar una canción que en la taberna tenía mucho éxito.
  • Don Víctor, que se aburría abajo, oyó cantar el Spirto gentil y subió.
  • Estoy oyendo cantar la codorniz ahí, que no parece sino que me hace burla.
  • Muchos a las doce, después de bailar y cantar y alborotar, ya tenían apetito.
  • Para no distraerse en su trabajo, se abstenía de cantar y jamás provocó riñas.
  • Después los tres juntos se habían puesto a cantar el Barbero, la escena del piano.
  • Lo cierto es que de niño jugaba a cantar misa, y de grande no paró hasta conseguirlo.
  • Le asustó a él que teme que vas a cantar, y me perjudica a mí, como comprendes, porque.
  • De repente, una tarde que volvía Rubín de la botica, al subir la escalera la oyó cantar.
  • E igual indiferencia mostró al oírla cantar que el puente tenía seis ojos, y ella dos solamente.
  • Don Carlos tenía también el Cantar de los cantares, en la versión poética de San Juan de la Cruz.
  • ¡Claro! Y que no rabiará poco la otra cuando vea que lo que ella no puede, para ti es coser y cantar.
  • Todas las opiniones de Andrés acerca de la guerra estaban condensadas en este cantar de la vieja criada.
  • Prefería, acompañándose de un acordeón que no le abandonaba, cantar canciones sentimentales de su país.
  • Todos se hincaron de rodillas, y delante del altar con los clérigos comenzaban a cantar con voz baja una letanía.
  • Esté usted segura de que si en Londres una criada se permitiera cantar, pronto la pondrían de patitas en la calle.
  • Ya no era una frase huera y sin sentido, porque todo parecía cantar, la vega y el Mediterráneo, los montes y el cielo.
  • Y poniéndose todos a piar y a cantar a un tiempo, no era posible que se entendieran las personas que entre ellos estaban.
  • Su único criterio era el de la criada vieja de la Dorotea que solía cantar a voz en grito mientras lavaba, esta canción.
  • Vamos a dar una vuelta por la galería de los perales, mientras la señora torre de la catedral se decide a cantar la hora.
  • Puedo reír, llorar, cantar, hablar con Dios, con los pájaros, con la sangre sana y fresca que siento correr dentro de mí.
  • / El tío se divertía, como hay Dios, oyendo a la sobrina cantar con su carita de Pascua estas atrocidades de la melancolía.
  • Tan singular era el efecto, que para mí el oírla cantar, sobre todo en presencia de otras personas, era casi una mortificación.
  • Jefes y soldados íbamos con gran dolor de corazón a cantar nuestra canción de las habichuelas a la pequeña garita del señor cura.
  • La Curriqui volvía el día de Reyes a su escenario de Aguirreche, con una capa blanca y una corona de latón, a cantar otras canciones.
  • Y Rosita, al cantar esto, miraba a Martín de tal manera con los ojos brillantes y negros, que él se olvidó de que le esperaba Catalina.
  • Oían cantar óperas antiguas, interrumpidas por los gritos de la gente que pasaba dentro del vagón de una montaña rusa que cruzaba el jardín.
  • Era horriblemente fea, andrajosa, fétida, y al cantar parecía que se le salían del casco los ojos cuajados y reventones, como los de un pez muerto.
  • Uno de los marineros holandeses, Stass, atacado por la fiebre, se levantó de la cama delirando, y, después de cantar una extraña canción, se tiró al mar.
  • Pero el visionario muchacho veía cantar los campos y gozaba en la muda sinfonía de los colores, en aquella obra silenciosa y extraña que se parecía a algo.
  • Desde muy niña acostumbraba a cantar el olé y las cañas, con la maestría de los ruiseñores, que lo saben todo en materia de música sin haber aprendido nada.
  • Si tu marido es un alilao, quiere decirse, si se deja gobernar por ti y te pones tú los pantalones, puedes cantar el aleluya, porque eso y estar en la gloria es lo mismo.
  • Anuncios de funciones de teatro impresos en seda, rezando que la dama de música había de cantar una chistosa tonadilla, y el gracioso representar una divertida pitipieza.
  • Por último, y cuando ya Ripamilán asomaba la cabecita vivaracha sobre el antepecho del otro púlpito para cantar el Evangelio, el organista la emprendió con la mandilona.
  • Saber más de que las Bautistas todas enronquecieron adrede, y sacaron tales voces, que en vez de cantar la misa la gimieron, no se lavaron las caras y se vistieron de viejo.
  • Cantar óperas, a su modo, y oír cantar a los que afinaban más que él, era su delicia por aquella temporada, y si todo esto se hacía a la luz de la luna, miel sobre hojuelas.
  • Quedábase muy convencida después de sentar estas arrogantes afirmaciones, y la satisfacción le producía tal contento, que se ponía a cantar en voz baja, arrullando a su hijo.
  • Y Mesía resignado, firme en su propósito de ser prudente mientras fuera necesario, se emparejaba con don Víctor, que tal vez se permitía cantar a su modo el spirto gentil o la casta diva.
  • Sobre las ramas del castaño saltaban gorriones y pinzones que no cerraban el pico y no acababan nunca de cantar formalmente, distraídos en cualquier cosa, inquietos, revoltosos y vanamente gárrulos.
  • Cuando oía, desde su despacho, muy temprano, el Santo Dios, Santo Fuerte, que cantaba como si fueran malagueñas, Teresina, que hacía la limpieza allá fuera, tentaciones sentía de cantar él también.
  • Luego el perro de Satanás me atormentaba por vengarse, y cuando empezaba la misa, a mí me parecía que alzaban el telón, y cuando yo rompía a cantar, se me venía a la boca aquello de El Siglo, que dice.
  • Al llegar cerca del puente sobre el Ebro, una porción de lavanderas y de mujeres de carabineros salieron a ver la extraña comitiva, y varias de ellas comenzaron a cantar, sobre todo dirigiéndose a la monja.
  • La clara luna retrataba en su fondo ligeramente azulado las cabezas de las dos hermanas, con la cabellera suelta y vestidas de blanco, como tiples de ópera en el momento de volverse locas y cantar el aria final.
  • Y la cocinera, las pinchas y otras personas de la servidumbre se atrevían a quebrantar la etiqueta, llegándose a la puerta del comedor y asomando sus caras regocijadas para oír cantar al señor la cifra de aquellos dineros que les caían.
  • Y Olmedo lo hacía todo tan al vivo y tan con arreglo a programa, que se emborrachaba sin gustarle el vino, cantaba flamenco sin saberlo cantar, destrozaba la guitarra y hacía todos los desatinos que, a su parecer, constituían el rito de perdido.
  • Pero al llegar a la salida, unos la pedían besos, otros oro, y ella ocultaba el rostro y repartía monedas de plata y cobre, mientras oía cantar responsos a carcajadas y le salpicaba el rostro el agua sucia de los hisopos que bebían en los charcos.
  • Las niñas de las Escuelas Dominicales y los chiquillos del Catecismo, que cantaban por las calles en vez de coplas profanas el Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, y lo de Venid y vamos todos con flores a María, inventaron un cantar contra el Círculo.
  • Entonces me gustaba cantar, en voz baja, zortzicos y sones de tamboril, y, al oírmelos a mí mismo, creía andar por las callejuelas de mi pueblo, oler el olor del heno, contemplar las rocas del Izarra azotadas por el mar, y el cielo azul pálido surcado por nubes blancas.
  • Sus hermanas le oían cantar paseando por las habitaciones, y ¡caso raro! él, tan despreocupado en materias de adorno, enfadóse dos veces porque le planchaban mal las camisas, y pidió seriamente a la mamá que le comprase una corbata, pues la que llevaba era un asco, de deshilachada y mugrienta.
  • Unos se hacen vecinos y se dedican a coristas endémicos para todas las óperas y zarzuelas que haya que cantar, y otros consiguen un beneficio en que ellos pasan a primeros papeles y, ayudados por varios jóvenes aficionados de la población representan alguna obra de empeño, ganan diez o doce duros y se van a otra provincia a tronar otra vez.