Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "careta" aquí tienes una selección de 15 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra careta para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- La elegancia exigía careta.
- La careta me da un calor que me abrasa.
- ¿Por qué no le arrancó la careta a ese pillo?
- Necesitaba arrojar la careta, dar rienda suelta a su mal ánimo, pisar algo con ira.
- ¡Que es un majadero! Aplaude la gran felonía de arrancar la careta a un enmascarado.
- En aquel momento don Juan Tenorio arrancaba la careta del rostro de su venerable padre.
- Bebés que asomaban la poblada barba bajo la careta y al compás del sonajero decían cínicas enormidades.
- El clero corrompía las conciencias, el clérigo era como los demás, el celibato eclesiástico era una careta.
- Y el maldito se reía detrás de su infernal careta, gozoso de ver que todos se ocupaban de él, aunque fuera para escarnecerle.
- En el Cielo únicamente, porque Dios es el único que no nos engaña, el único que no se pone careta de amor para darnos la puñalada.
- Por toda contestación, la rapaza le enseñó medio palmo de lengua, plegando los ojos y haciendo unas muecas de careta fea de lo más estrafalario y grotesco que se puede imaginar.
- Aquella sumisión exterior, aquel sacrificio de la vida ordinaria, de las relaciones vulgares a las preocupaciones y a las injusticias del mundo no eran hipocresía en Anita, no eran la careta del orgullo.
- Hay viejas cámaras con puertas cuadradas, con cerraduras chirriantes, con techos inclinados de retorcidas vigas, con lejas anchas, con armarios telarañosos que encierran un espejo roto, un velón, una careta de colmenero.
- ¡Reírse de ellas! ¡Las muy cursis! Mejor harían en darse una vueltecita alrededor de ellas mismas, pues no es muy chic ir siempre a los bailes con el mismo dominó blanco, de modo que al entrar con la careta puesta, toda la pollería gritaba.
- Las monjas que las vigilaban permitían aquella infracción a la regla, porque ellas tampoco podían resistir, y cerrando dulcemente sus ojos y arrullándose en un plácido arrobo, conservaban en las facciones, como una careta, el mohín de la maestra, cuya obligación es mantener la disciplina.