Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "casero" aquí tienes una selección de 29 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra casero para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Un conejo grande, casero, hora y media.
- A mí no me levanta la voz un casero mío.
- El marido, los hijos, la plaza, los criados, el casero.
- ¡El pícaro humo! El casero, que no ensanchaba el horno.
- La hija de Felipe el casero, aquella mocetona, ¿no sabe usted?
- Pepe, el casero, cantaba cantares andaluces convertidos en vetustenses.
- ¡Y esto es lo que le inquieta a Sarrió! ¿Un conejo casero hora y media?
- Pero, hijo, ¡qué tiranístico se ha vuelto! No he visto casero más malo.
- ¿Cuándo se convencerán estos señoritos de que un casero no es un esclavo?
- ¿No es un acto abusivo traerla aquí de la trenza, porque es hija de un casero?
- Por eso, naturalmente, nos hemos atrasado tanto, y lo poco que se apaña se lo birla el casero.
- Era como el pan de cada día, como el pan casero y cotidiano y no un raro manjar de turbadores jugos.
- Antes de llegar a la huerta se encontraron con Pepe el casero que los llamó de lejos, entre los árboles.
- Recorriendo el cuarto, pensó que si el casero se conformaba a hacer algunas reparaciones, no quedaría mal.
- Porque un conejo de monte, siempre, desde el origen de las cosas, ha tardado en cocerse más que uno casero.
- Si para algo había nacido, era, sin duda, para cómico de la legua, o mejor, para aficionado de teatro casero.
- ¡Ay, sí! aquello era el padre, la madre, el hermano, la fortaleza dulce de la caricia conocida, el amparo espiritual del amor casero.
- Don Pedro, a pesar de sus arbitrariedades y de su despotismo casero, era amabilísimo con los de fuera y sabía sostener las amistades útiles.
- Pepe el casero era aquel año factor de la fiesta de la parroquia, y pensaba echar la casa por la ventana, para no dejar mal al señor Marqués.
- Pepe, el casero de los Marqueses, con la boca abierta, en pie, pasmado y triste, esperaba órdenes en la habitación contigua a la del moribundo.
- Ana todas las mañanas, por la fresca recorría la huerta y sacudía las ramas cargadas de cerezas acompañada de don Víctor, Pepe el casero y Petra.
- También de noche, cerca del alba, emprendía su viaje al monte el casero que se preciaba de regalar a su señor las primeras arceas, las mejores perdices.
- Andrés pidió al casero que de los tres cuartos que daban a la calle le hiciera uno, y que no le empapelara el local que quedase después, sino que lo pintara de un color cualquiera.
- El tío de ambos, Don Cayetano Villuendas, progresistón y riquísimo casero, era el esposo de Eulalia Muñoz, y su gran fortuna procedía del negocio de curtidos en una época anterior a la de Céspedes.
- Desde el nacimiento de la niña, en vez de mostrarse más casero y sociable, volvía a las andadas, a su vida de cacerías, de excursiones a casa de los abades e hidalgos que poseían buenos perros y gustaban del monte, a los cazaderos lejanos.
- Víctor ha salido con Frígilis (segunda visita del buen Crespo, el único grande hombre que conozco de vista.) Bajo un paraguas de Pinón de Pepa el casero de los marqueses recorren, como cobijados en una tienda de campaña, el bosque de encinas que mi marido llama siempre seculares.
- Tenía arranques de lirismo casero, se enternecía reuniendo toda la familia en la mesa, y él, por no contrariarla, permanecía en Burjasot, víctima de las contradicciones de su carácter, tan pronto atraído por la querencia a la cocina, como pensando en Tónica con la dulce nostalgia del enamorado.
- Tenía fiebre, agitábase furioso, como si aún corriese por el cauce de la acequia cazando al hombre, y sus gritos asustaban á los pequeños y á las dos mujeres, que pasaron la noche de claro en claro, sentadas junto al lecho, ofreciéndole á cada instante agua azucarada, único remedio casero que lograron inventar.
- Cuando media hora después entraba solo por el postigo del bosque en la huerta, lo primero que vio fue a la Regenta metida en el pozo seco, cargado de yerba, y a su lado a don Álvaro que se defendía y la defendía de los ataques de Obdulia, Visita, Edelmira, Paco, Joaquín y don Víctor que arrojaban sobre ellos todo el heno que podían robar a puñados de una vara de yerba, que se erguía en la próxima pomarada de Pepe el casero.