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Ejemplos de oraciones con la palabra catalina

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra catalina en el contexto de una oración.

Término catalina: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "catalina" aquí tienes una selección de 93 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra catalina para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • ¿Y Catalina?
  • ¿Está Catalina?
  • Catalina protestaba.
  • Preguntaba Catalina.
  • No, iré con Catalina.
  • ¿Qué hará Catalina?
  • ¿Y Catalina quién es?
  • Pero Catalina la tomará.
  • Voy a ver si veo a Catalina.
  • Que vaya balbuceó Catalina.
  • ¿Es que está aquí Catalina?
  • Preguntó Catalina en voz baja.
  • Le decía Catalina en vascuence.
  • La superiora y Catalina rezaban.
  • Catalina, asustadísima, lloraba.
  • ¡Oh, Martín! sollozó Catalina.
  • ¿Pero dónde puede estar Catalina?
  • Entra si quieres le decía Catalina.
  • La casa de Catalina estaba destrozada.
  • ¡Catalina! ¡Catalina! ¿Con quién hablas?
  • Bautista se lo dijo a su mujer y ésta a Catalina.
  • ¡Más te valía ir a la escuela! le decía Catalina.
  • Rogó al oficial le dejara estar a Catalina a su lado.
  • Catalina sonrió a Martín y le felicitó varias veces.
  • Catalina se desmayó al lado del cadáver de su marido.
  • Catalina quería ver si obtenía noticias de su hermano.
  • Catalina, al ver aquel espectáculo, quedó horrorizada.
  • Romea, Latorre, Matilde Díez, Arjona, Catalina, Valero.
  • Martín se levantó primero y tomó en brazos a Catalina.
  • Catalina se acercó a su hermano con los brazos abiertos.
  • Catalina palideció y le temblaron las manos de la emoción.
  • Catalina y Martín se encontraban muchas veces y se hablaban.
  • Catalina y su madre vivían en una magnífica casa de Alzate.
  • ¡De rodillas! ¡Por Dios, Martín ¡Déjale! gritó Catalina.
  • Catalina, pálida como una muerta, no podía hablar de emoción.
  • Catalina tendió la mano a Martín, quien la estrechó en sus brazos.
  • No tenga usted cuidado, señorita le dijo a Catalina una de las criadas.
  • Catalina se lanzó sobre el cuerpo de su marido y trató de incorporarle.
  • Era imposible que Catalina encontrándose en otro lado no hubiese escrito.
  • Martín pensó que quizá Carlos guardara alguna carta de Catalina, y se dijo.
  • No vas ahora a vernos le dijo alguna vez que le encontró en la calle, Catalina.
  • ¡Perdida! ¡Nos has deshonrado! Y en su brutalidad escupió a Catalina en la cara.
  • Vi el desarrollo de la muralla desde el muelle hasta el castillo de Santa Catalina.
  • Y Catalina, con su hijo, marchó a Zaro a vivir al lado de la Ignacia y de Bautista.
  • Decía la Ignacia que Catalina estaba en su casa, en Zaro, desde hacía algunos días.
  • Luego Catalina volvió a aparecer y lanzó un ovillo de hilo casi a los pies de Martín.
  • La superiora lanzó una mirada furiosa a Catalina, y al ver que bajaba los ojos, exclamó.
  • Por más que Martín y Bautista preguntaron en todas las casas, no encontraron a Catalina.
  • Si no le hubiese retenido el pensamiento de encontrar a Catalina, se hubiera ido a América.
  • Catalina deseaba ardientemente que acabara la guerra é intentaba retener a Martín a su lado.
  • Sí y Martín le llevó por el cuello, arrastrándole por el barro, hasta donde estaba Catalina.
  • Ésta envió un criado a los hoteles, pero en ninguno daban noticias ni de Bautista ni de Catalina.
  • La familia de los Ohandos se componía de la madre, doña Águeda, y de sus hijos Carlos y Catalina.
  • Catalina y la criada entraban por un sendero del jardín lleno de rosales y hacían ramos de flores.
  • La criada había subido la escalera y, tras de algún tiempo, bajó Catalina envuelta en un mantón.
  • Le hicieron pasar al locutorio y se encontró allí con Catalina y una monja gruesa, que era la superiora.
  • A media noche, se preparaba Martín a montar a caballo, cuando se presentó Catalina con su hijo en brazos.
  • Cuando tú te fuistes a comer a casa de la señora de Briones, Catalina, la monja y yo nos fuimos a la fonda.
  • Catalina, en vez de ser obscura y cerril como su hermano Carlos, era pizpireta, sonriente, alegre y muy bonita.
  • Estaba hablando su hermana Catalina, desde la ventana de su cuarto, con alguien que se encontraba en la huerta.
  • Con el motivo de ver a su hermana, Martín fué varias veces a casa de Ohando y habló con Catalina y doña Águeda.
  • Martín contaba con una de las criadas de Ohando, partidaria suya, y ésta le facilitaba el poder hablar con Catalina.
  • Catalina cantaba en el coro y Martín la oía, como en la infancia, cuando en la iglesia de Urbia entonaba el Aleluya.
  • Si no fuera por Catalina pensó era capaz de quedarme aquí y ver si Rosita Briones está de veras por mí, como parece.
  • LIBRO TERCERO Las últimas aventuras CAPÍTULO PRIMERO LOS RECIÉN CASADOS ESTÁN CONTENTOS Catalina no fué inflexible.
  • Me dormí y me desperté muy tarde y me encontré con que la monja y Catalina se habían marchado y tú no habías venido.
  • ¡Qué demonio de chico! ¡Qué malo es! Catalina ya sabía que diciendo ese demonio, o ese diablo, se referían a Martín.
  • Martín, atendiendo a la impresión de Catalina, volvió prudentemente hasta llegar de nuevo al barrio francés de Arneguy.
  • Se intentó hacer comprender a Catalina el absurdo de su propósito, pero la muchacha era tenaz y estaba dispuesta a no ceder.
  • Martín, Catalina y Bautista iban a marcharse juntos, a pesar de la oposición de la superiora, cuando el capitán Briones dijo.
  • Cuando Catalina solía ir allí con la criada a coger flores, Martín las seguía muchas veces y se quedaba a la entrada del seto.
  • Al año de casada, Catalina tuvo un hijo, al que llamaron José Miguel, recordando Martín la recomendación del viejo Tellagorri.
  • Emenche gauzcatzu ama (Aquí nos tienes, madre.) Escuchaban un momento, y Martín distinguía la voz de Catalina, la chica de Ohando.
  • Pero a Catalina no le parecía ningún crimen que Martín cogiera frutas de los árboles y se las comiese, ni que corriese por la muralla.
  • Y Rosita, al cantar esto, miraba a Martín de tal manera con los ojos brillantes y negros, que él se olvidó de que le esperaba Catalina.
  • Martín explicó a su novia como no le era posible desatender la invitación, y dejando a Bautista y a Catalina fué en compañía del oficial.
  • Sin duda la monja recuperó su ascendiente sobre Catalina en vista de la falta de Martín y la convenció de que volviera con ella al convento.
  • Catalina, llorando, contó que su madre estaba muy enferma, su hermano se había ido con los carlistas y a ella querían meterla en un convento.
  • CAPÍTULO V DONDE LA HISTORIA MODERNA REPITE EL HECHO DE LA HISTORIA ANTIGUA Fueron Martín y Catalina en su carricoche a Saint Jean Pied de Port.
  • Catalina seguía hablándole de tú y doña Águeda manifestaba por él afecto y simpatía, expresados en un sin fin de advertencias y de consejos.
  • ¡Abaco el extranquero! Zalacaín pensaba en el giro que tomaría aquella guerra así iniciada y en lo que podría influir en sus amores con Catalina.
  • Catalina, que iba todos los días al cementerio, vió las dos rosas en la lápida de su marido y las respetó y depositó junto a ellas una rosa blanca.
  • Martín sabía el odio del hermano de Catalina y, cuando lo encontraba por casualidad, huía de él, lo cual a Carlos le producía más ira y más furor.
  • Los sábados por la tarde, durante la primavera y el verano, Catalina y otras chicas del pueblo, en compañía de alguna buena mujer, iban al campo santo.
  • La señora de Ohando y Catalina se los hacían con mucha frecuencia, y le recomendaban que les trajese de Francia telas, puntillas y algunas veces alhajas.
  • Martín salió de la iglesia, tomó por la calle Mayor hacia el convento de las Recoletas, paseó arriba y abajo, horas y horas sin llegar a ver a Catalina.
  • Se cerró la ventana del cuarto de Catalina, y en el mismo momento Carlos se llevó la mano a la frente y pensó con rabia en la magnífica ocasión perdida.
  • Sí se le ocurrió varias veces que se estaba portando como un bellaco, pero Linda ¡era tan encantadora! ¡Tenía por él tan grande entusiasmo! Le había hecho olvidar a Catalina.
  • Preguntaron Catalina y el a varios carlistas de Urbia por Ohando, y uno le indico que Carlos, en compañía del Cacho, había salido de Burguete muy tarde, porque estaba muy enfermo.
  • Martín contaba bromeando a Catalina la boda de Bautista y de la Ignacia, en Zaro, el banquete celebrado en casa del padre del vasco francés, el discurso del alcalde del pueblecillo.
  • ¡Y qué pausas, Virgen santa! Mi pobre Pepeta pasa la vida de Santa Catalina de Sena, y la muy bestia, erre que erre, sin aborreser a ese pillo de Pimentó, que no vale ni un papel de fumar.
  • CAPÍTULO VIII CÓMO AUMENTÓ EL ODIO ENTRE MARTÍN ZALACAÍN Y CARLOS OHANDO Cuando murió Tellagorri, Catalina de Ohando, ya una señorita, habló a su madre para que recogiera a la Ignacia, la hermana de Martín.
  • Con el atentado, la hostilidad entre Carlos y Catalina, ya existente, se acentuó de tal manera, que doña Águeda, para evitar agrias disputas, envió de nuevo a Carlos a Oñate y ella se dedicó a vigilar a su hija.