Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "ceder" aquí tienes una selección de 18 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra ceder para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Dábale vergüenza ceder a la tentación.
- ¿Esta tinaja me la podrá usted ceder a mí?
- Comprende que yo no he de ceder y no se obstina.
- Con todo, ni por un instante se le ocurría ceder.
- Por la noche, las fuerzas de Lulú comenzaron a ceder.
- Todo se lo quería hacer ella, sin ceder al ama más que la parte material de la cría.
- Recordaba el tiempo que había ella tardado en ceder, lo comparaba con la resistencia de Ana y.
- Bien sabía yo que la santa no había de ceder a nadie el llevar la batuta en aquella operación.
- Corrí por toda la cubierta buscando un alma caritativa, y algunos estuvieron a punto de ceder a mis ruegos.
- Pero si se ponía en un pie de astucias diplomáticas, fingiendo ceder para resistir con la inercia, entonces.
- Se intentó hacer comprender a Catalina el absurdo de su propósito, pero la muchacha era tenaz y estaba dispuesta a no ceder.
- No tuvo Santa Cruz más remedio que ceder a la exigencia de aquel maldito inglés, y tomando de sus manos la copa, decía a media voz.
- Si ella prefería quedar en casa, volver a sus ensueños, don Víctor que había prometido y hasta jurado no ceder, poco a poco cedía.
- Para que el clérigo le dejase en paz y no le cansase más con sus sermones sosos y desprovistos de vida, de unción, don Víctor fingió ceder.
- Media semana estuvo en esta lucha, ya queriendo ceder para oficiar de maestra, ya perseverando en sus primitivos temores e inclinándose a no intervenir para nada.
- Y para que lo sepa usted de una vez, yo no cedo ni puedo ceder, porque sigo en esto el impulso de mi conciencia, y contra la conciencia no valen pamplinas, ni ese cúmulo, ese cúmulo, sí señora, de.
- ¡Que si le habían contado! ¡Pues no habían de contarle! Desde su llegada, la venerable dueña que regía el llavero en casa de la Lage no había cogido a solas a su hijo un minuto sin ceder a la comezón de tocar ciertos asuntos, que únicamente con varones graves y religiosos pueden conferirse.
- Ante la mesa y sus apéndices, no sin mil cumplimientos y ceremonias, fueron tomando asiento los padres curas, porfiando bastante para ceder los asientos de preferencia, que al cabo tocaron al obeso Arcipreste de Loiro la persona más respetable en años y dignidad de todo el clero circunvecino, que no había asistido a la ceremonia por no ahogarse con las apreturas del gentío en la misa, y a Julián, en quien don Eugenio honraba a la ilustre casa de Ulloa.