Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "ceja" aquí tienes una selección de 14 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra ceja para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- ¿Qué trae usted ahí entre ceja y ceja?
- El Pituso se le metía al instante entre ceja y ceja.
- Parada en el umbral, la Parca fiera ni ceja ni adelanta en su porfía.
- La sobrina también llevó a casa la imagen de don Álvaro entre ceja y ceja.
- Todo Vetusta, seguía pensando Obdulia, tiene ahora entre ceja y ceja esos pies descalzos, ¿por qué?
- Yo, que vi que de la camisa no se veía sino una ceja, y que traía tapado el rabo de medio ojo, le dije.
- En fin, que con esta farsa pensaba yo arrancarle la confesión de lo que se me había metido entre ceja y ceja.
- Los ojos parecían más grandes y traicioneros, acechando en sus profundos huecos violados bajo la ceja recta y negra.
- Era muy morena, la frente muy huesuda, los párpados salientes, ceja gris espesa, como la gran mata de pelo áspero que ceñía su cabeza.
- La atonía siguió, con el deseo de sueño no satisfecho y luego una punzada detrás del ojo izquierdo, la cual se aliviaba con la compresión bajo la ceja.
- Tenía una cicatriz reciente, roja aún, en la cara, que le cogía desde la ceja de un lado hasta la comisura de la boca del otro, cortándole el labio superior.
- Cuando traía entre ceja y ceja un argumento, cuando se esforzaba en demostrar por su a+b teológico racional cualquier artículo de fe, hablaba con calor, con entusiasmo.
- En una de aquellas miradas casi maquinales que la viuda echaba hacia afuera, como para poner solución de continuidad al temeroso problema que tenía entre ceja y ceja, vio pasar a una persona que le retuvo un instante la atención.
- Comprimiéndose con dos dedos de la mano la ceja izquierda, habló a Fortunata de lo buenas que debían de ser aquellas madres Micaelas, de lo bonito que sería el convento, y de las preciosas y utilísimas cosas que allí aprendería, soltando como por ensalmo la cáscara amarga y trocándose en señora, sí, en señora tan decente, que habría otras lo mismo, pero más no.