Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra célebre

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra célebre en el contexto de una oración.

Término célebre: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "célebre" aquí tienes una selección de 45 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra célebre para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • ¡Tipo más célebre.
  • El zipizape fue de lo más célebre.
  • Se había educado en el célebre colegio de Eton.
  • Esto se contaba del célebre fabricante de sedas.
  • La célebre doña Lupe estaba con el alma en un hilo.
  • ¡Tengo unas ganas de conocer a esa célebre hermosura.
  • ¡Qué célebre! Tomaremos café juntos dijo Santa Cruz.
  • Había de ser en el salón amarillo, en el célebre salón amarillo.
  • El tío exclamó, doblando la carta siempre tan guasón y tan célebre.
  • Torrellas, el célebre paisajista catalán, era tan celoso que no la dejaba vivir.
  • El novio era Ramón Villuendas, hijo mayor del célebre cambiante de la calle de Toledo.
  • Por la noche de aquel célebre día, hubo en la casa de Santa Cruz una escena memorable.
  • El Arcipreste, el célebre don Cayetano, ha rogado a Anita que cambie de confesor, porque.
  • Se decía que uno de aquellos caballeros era Cathelineau, el descendiente del célebre general vendeano.
  • Ejemplo de esto pueden ser, sin salir de España, el célebre Arcipreste de Hita, Tirso de Molina y otros muchos.
  • El célebre banquero don Ramón Morte había desaparecido, produciendo la consternación en centenares de familias.
  • Pero el pobrecito no le daba la interpretación verdadera, y creía que aquel célebre dicho significaba por si acaso.
  • él decía con orgullo que su padre había sido uno de los primeros suscriptores a la célebre Enciclopedia metódica de Diderot.
  • Y tuvo sosiego y pan, fue útil y desempeñó un gran papel, y hasta se hizo célebre y se lo disputaban y le traían en palmitas.
  • Había oído muchas veces a los economistas que iban de tertulia a casa de Cantero, la célebre frase laissez aller, laissez passer.
  • Pero mientras no llegase a un grado de furor como el de la célebre mañanita del arsénico, las dos mujeres podían llevarlo con paciencia.
  • Don Eugenio escuchaba con frialdad el nombre del célebre banquero, que todos los días repetían los periódicos, pero Juanito se estremeció.
  • ¡Bien les había dejado el célebre banquero con su pretendida infalibilidad! Su principal, el señor Cuadros, podía tenerse por hombre al agua.
  • Y la más célebre de todas era la de Joshe Ramón, conocida por el Guezurrechape de Cay luce, o sea, en castellano, el Mentidero del muelle largo.
  • El muchacho se marchaba, y a los pocos días volvía a repetir la gracia, dando como suyo el nombre de algún político célebre o de algún torero.
  • Algunos internos que le conocían desde hacía algún tiempo y le hablaban de tú, le llamaban Lagartijo, porque se parecía algo a este célebre torero.
  • Yo sé la vida que llevaba esta señora viuda en la corte, porque era muy amiga del célebre obispo de Nauplia, a quien yo traté allí con gran intimidad.
  • Por allí, por allí asomaba la oreja de la modista italiana que, en efecto, debía de haber sido bailarina, como insinuaba doña Camila en su célebre carta.
  • Todos ellos, a excepción de Miquis que se murió en el 64 soñando con la gloria de Schiller, metieron infernal bulla en el célebre alboroto de la noche de San Daniel.
  • Pero Yurrumendi aseguraba que esta hoguera la hacían todas las noches las almas de los marineros del célebre pirata Kidd, que guardan allí un inmenso tesoro escondido.
  • Hasta entonces la patria se me representaba en las personas que gobernaban la nación, tales como el Rey y su célebre Ministro, a quienes no consideraba con igual respeto.
  • Entre aquellos cuadros había una copia bastante fiel y muy discretamente comprendida del célebre cuadro de Murillo San Juan de Dios, del Hospital de incurables de Sevilla.
  • Se había hecho amigo íntimo de Paquito Vegallana y, aunque de lejos, algo le tocaba del esplendor que irradiaba el célebre Mesía, flor y nata de los elegantes de Vetusta.
  • Este Orfila era un estudiantillo de último año de Medicina, que se llamaba lo mismo que el célebre doctor, y curaba, es decir, recetaba a los amigos y a las amigas de los amigos.
  • Porque aquel señor Mesía se había vuelto a pegar a las faldas de la Regenta, y ya empezaba don Fermín a sospechar si tendría propósitos non sanctos el célebre don Juan de Vetusta.
  • Había llegado frente a San Juan, y su mirada, cada vez más indecisa y obscura, se fijó en la célebre veleta, en el pajarraco que doraba el sol, dándole el brillo de un ave del Paraíso.
  • La hija mayor de Gumersindo Arnaiz se casó con Ramón Villuendas, ya viudo con dos hijos, célebre cambiante de la calle de Toledo, la casa de Madrid que más trabaja en el negocio de moneda.
  • Me ha dicho el chico de Orgaz, que acabó la carrera de médico en San Carlos, que estos últimos años Obdulita servía en Madrid a su prima Tarsila Fandiño, la célebre querida del célebre.
  • Aquí verá usted dice el clérigo cómo Voltaire era un sofista y cómo Rousseau, el tristemente célebre autor del Emilio, como le ha llamado el señor obispo de Madrid, era un corruptor de las buenas costumbres.
  • Como apareciese en la acera de enfrente el célebre crítico, Segismundo se vio acometido a la ira cómica que le producía la presencia de aquel personaje de tan indudable importancia en la república de las letras.
  • Pero los dos últimos se perdieron en la costa, lo mismo que el Monarca, de 74, mandado por Argumosa, y el Neptuno, de 80, cuyo heroico comandante, Don Cayetano Valdés, ya célebre por la jornada del 14, estuvo a punto de perecer.
  • El futuro suegro de mi amita, Don José María Malespina, que no tenía parentesco con el célebre marino del mismo apellido, era coronel de Artillería retirado, y cifraba todo su orgullo en conocer a fondo aquella terrible arma y manejarla como nadie.
  • El ama, viejecilla llorona, estorbosa e inútil, que andaba dando vueltas como un palomino atontado, y otra ama bien distinta, de rompe y rasga, la del cura de Cebre, que en sus mocedades había servido a un canónigo compostelano, y era célebre en el país por su destreza en batir mantequillas y asar capones.
  • Y el muchacho, sonámbulo, embriagado por la Naturaleza, hipnotizado por la extraña contemplación, movía la cabeza ridiculamente, y al par que pensaba que todo aquello era magnífico para puesto en verso, tarareaba la célebre obertura con tanta fe como si fuera el propio Tannhauser escandalizando con su himno a la corte del landgrave.
  • ¡Ah!, si todos hicieran lo que yo digo, ¡qué pronto las pagaría todas juntas ese caballerito que trae tan revuelto al mundo! Mi amo miró sonriendo una mala estampa clavada en la pared, y que, torpemente iluminada por ignoto artista, representaba al Emperador Napoleón, caballero en un corcel verde, con el célebre redingote embadurnado de bermellón.