Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "celestina" aquí tienes una selección de 38 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra celestina para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Trotaconventos, es una Celestina!
- Para ello conquistaron a Celestina.
- Celestina lloraba a los pies del lecho.
- Aborrecía en aquel momento a Celestina.
- Doña Celestina me llamó reservadamente.
- Celestina salió de la alcoba sollozando.
- Pero ya te arreglaré yo, celestina menuda.
- Si eso no puede ser repuso doña Celestina.
- Doña Celestina y sus hijas fueron a verla.
- Pero Celestina no pudo conquistar a su padre.
- ¿De manera que usted es nieto de doña Celestina?
- Pero esos son unos salvajes replicó doña Celestina.
- Celestina tenía que tolerarlo porque su padre lo exigía.
- Mi abuela, doña Celestina de Aguirre, no quería a mi padre.
- Para doña Celestina, la sangre del quincallero suizo me ha perdido.
- Al medio día le anunció Celestina que quería verle el señor Carraspique.
- Doña Celestina era como el espíritu de la tradición en la familia Aguirre.
- Mientrastanto, doña Celestina y el vicario habían decidido casar a la Shele.
- ¡Se la quieren echar en los brazos! ¡Esa Marquesa es una Celestina de afición!
- Como don Santos había sospechado, Celestina no quiso darle té, ni tila, ni nada.
- Doña Celestina se inmutó porque, aunque mujer orgullosa, tenía buenos sentimientos.
- Creo lo mismo que doña Celestina agregó el vicario, Pues vamos a ver quién nos convendría.
- De manera decía doña Celestina con voz imperiosa que yo le doy a la Shele cuatro onzas y dos vacas.
- Pero no quería ir a vivir con ella, conociendo de sobra el carácter dominador y absorbente de doña Celestina.
- Celestina, la hija de Barinaga, era una beata ofidiana, confesaba con don Custodio y trataba a su padre como a un leproso que causa horror.
- Otra causa de enemistad de doña Celestina para su yerno, provenía de ser mi abuela paterna hija de un quincallero suizo, establecido en Elguea.
- Don Pompeyo había hecho llevar a Celestina a su cuarto y allí recibía la beata a sus correligionarias y a los sacerdotes que venían a consolarla.
- Mientras la celestina se conserva agarrada a la vida, todas esas carnes blancas, todos esos cerebros débiles y sin tensión van cayendo al pudridero.
- El primer día de diciembre Celestina se propuso, de acuerdo con don Custodio, dar el último ataque para conseguir que su padre admitiera los Sacramentos.
- Doña Celestina había conocido a la hija del quincallero, en su juventud, cuando las dos eran solteras, y parece que se desarrolló entre ellas una gran antipatía.
- Hoy he visitado una casa de la calle de Barcelona, en donde el matón es un hombre afeminado a quien llaman el Cotorrita, que ayuda a la celestina al secuestro de las mujeres.
- La conversación continuó así, con un lujo de detalles de esa avaricia campesina tan repugnante, y cuando llegaron a un arreglo definitivo, doña Celestina gritó a sus hijas.
- A las ocho se sacó a Celestina de la casa mortuoria y el cuerpo, metido ya en su caja de pino, lisa y estrecha, fue depositado sobre el mostrador de la tienda vacía, a las diez.
- A doña Celestina le parecía todo cuanto se refiriese a los Aguirres de una capital importancia, y no sentía ningún escrúpulo en mentir, si era para mayor gloria de su familia.
- Servía de Celestina para estas comunicaciones la tía de Fortunata, Segunda Izquierdo, que en Mayo último se le había presentado, miserable y llorosa, a que le diera una limosna.
- III LA VENTA DE LA TERNERA Yo insinué varias veces, hablando con doña Celestina, después de comunicarle lo que le ocurría a la muchacha, que debía dar cuenta a su hijo de lo que pasaba con la Shele.
- Doña Celestina, en su fuero interno, debía suponer que las demás familias de Lúzaro, exceptuando dos o tres, habían nacido, como los hongos, entre la hierba, o que quizá sus individuos estaban modelados con el fango del río.
- Celestina, desesperada, se acercó al lecho de su padre, lloró otra vez, de rodillas, con la cabeza hundida en el flaco jergón, mientras don Santos repetía con voz pausada, débil, que tenía una majestad especial, compuesta de dolor, locura, abyección y miseria.