Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "celos" aquí tienes una selección de 67 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra celos para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Ana tenía celos.
- ¿Tiene usted celos?
- ¡Celos! ¿Y de quién?
- Jacinta tenía ya celos.
- Estaba furioso de celos.
- Tal vez celos! Eso digo yo.
- Tiene celos, celos de amante.
- Tenía celos, moría de celos.
- Llena de rabia, llena de celos.
- ¿Y aquello qué era sino celos?
- ¿Crees que tendrá Ramiro celos?
- Tal vez hay aquí unos viejos celos.
- Hasta celos sentía la noble lugareña.
- Pero celos retrospectivos no tendré nunca.
- Don Fermín tenía celos de la Santa de Ávila.
- En suma, don Álvaro tenía celos, envidia y rabia.
- ¿A qué viene querer provocar celos en tu hermana?
- Era también una modificación cerebral de los celos.
- También Quintanar tenía, además de vergüenza, celos.
- ¿Pues no estaba bien claro que todo aquello eran celos?
- ¡Qué asco! No eran celos, ¿cómo habían de ser celos?
- Porque yo tenía unos celos ¡ay!, que no me dejaban vivir.
- Yo he tenido celos horribles, yo he tenido rencores ardientes.
- Pues mira, si te figuras que voy a tener celos, te llevas chasco.
- ¡Y no había más que hablar! Olvido de todo, y nada de celos retrospectivos.
- Una noche me acosté con el corazón tan requemado de celos, que me sentía capaz.
- Examínalo bien, y verás que todo era celos, celos fermentados y en putrefacción.
- Pero tenía celos de él y además creía que le hacía traición, y lo mandó fusilar.
- José, no tengas celos, que si tu mujer está encinta, es por obra del Pensamiento puro.
- él, que conocía la materia, no dudó en calificar de celos aquello que había sentido.
- Si yo te hubiera contado esto, ¿no habrían sobrevenido mil disgustos, celos y cuestiones?
- No podía explicárselo, los celos, si así podían llamarse, le habían hecho hablar alto.
- Luego, más tarde, no se contentaba con el placer de confundirme, sino que le gustaba darme celos.
- Su mujer trataba de reconocerle, echando en él la sonda de la curiosidad cuyo plomo eran los celos.
- No sé decir bien si soñé que ibas a ser madre, o si me inspiraron esta idea los celos que tenía.
- Y abrazaba y daba palmadas en la espalda también a su Frígilis para que no tuviera celos de Mesía.
- Tal vez el día en que dejé la puerta abierta a los celos la asusté y por eso tardó en volver a buscarme.
- Unos celos grotescos, tal los reputó, se le aparecieron casi como una forma de la tentación que la perseguía.
- Más me fío en usted que en el ama decíale Nucha confidencialmente, desahogando unos secretos celos maternales.
- Ave María Purísima, ¡qué barbaridad! Sentía en mí, detrás de aquella idea, una calentura de celos que me abrasaba.
- El Magistral no era el hermano mayor del alma, era un hombre que debajo de la sotana ocultaba pasiones, amor, celos, ira.
- ¡Pues bien, sí, no tendrán madrastra! Y eso no puede ser sino casándote tú con mi Ramiro, y mira, no tengo celos, no.
- ¡Pobrecillo! exclamó Jacinta prodigando caricias a su hijo adoptivo y a todos los demás, para evitar una tempestad de celos.
- Y lo que más temía doña Paula era que el Magistral no pudiera sufrir sus celos, su ira, y cometiese algún delito escandaloso.
- Sin embargo, ocurre que el sol, que tiene celos del agua, a la que también adora, sorprende a los dos amantes y se pone furioso.
- Cierto que de Pas no había vuelto a manifestar con movimientos patéticos que le descubrieran, ni celos, ni amor, ni cosa parecida.
- Ya había miradas de fuego, sonrisas perezosas que presentían imposibles, celos dramáticos que daban al conjunto un tono de grandeza.
- Maxi no lo pudo penetrar, aunque sus celos, aguzadores de la inteligencia, le apuntaban presunciones que bien podrían contener la verdad.
- Le daba el corazón, que reventaba de celos, de cólera, que iba a sorprender a don Álvaro y a la Regenta en coloquio amoroso cuando menos.
- No sentía celos, no sentía en aquel momento la vergüenza de la deshonra, no pensaba ya en el mundo, en el ridículo que sobre él caería.
- Un estado de tranquilidad como el nuestro es una injuria para toda esa gente que vive en una perpetua tragedia de celos, de envidias, de tonterías.
- Entonces recordó habérsela partido él mismo, al aplastar con la culata de su escopeta el zarcillo de filigrana, en un arrebato de brutales celos.
- Aunque algunos celos tenía de Santa Teresa, de la que veía enamorada a su amiga, estaba satisfecho, y el gozo le saltaba por ojos, mejillas y labios.
- Y te digo que serías capaz de aceptar el peor novio que se te presente y casarte con él no más que para provocarle a que te diese celos, no a dárselos tú.
- Mas era tan discreta y delicada, que no se atrevía a elogiarle delante de sus amigas, sospechando que todas las demás señoras habían de tener celos de ella.
- Reconociendo el otro con caballeresca lealtad que esta consecuencia era laudable, sentía en su alma punzada de celos, que trastornaba por un instante sus planes de redención.
- Apenas llegaron a los corredores del primer patio, viéronse rodeadas por pelotones de mujeres y chicos, y para evitar piques y celos, Jacinta tuvo que poner algo en todas las manos.
- Lo que hay es que me había entrado en aquellos días una idea de lo más estrafalario que te puedas imaginar, una idea que debía de ser criada aquí en el seno cerebral donde fermenta eso que llaman celos.
- ¡Eran los celucos ! ¡Así miraban los celos! Era una belleza infernal, sin duda, la de aquellos ojos, ¡pero qué fuerte, qué humana! Dejaron ama y criada por fin el boulevard y entraron en la calle del Comercio.
- ¡No están! dijo el Magistral sin pensar en la sospecha que podían despertar su aspecto, su conducta, su voz trémula, todo lo que delataba a voces su pasión, sus celos, su indignación de marido ultrajado, absurda en él.
- Y como perder del todo a su Regenta era idea que le asustaba, dando tormento al orgullo, a los celos, hacía de tripas corazón, fingía no ver, y mantenía su poder espiritual claudicante con puntales de tolerancia y estribos de paciencia.
- Abrió Ana los ojos y miró a su don Víctor que a la luz de una lámpara de viaje, calada hasta las orejas una gorra de seda, leía tranquilamente, algo arrugado el entrecejo, El Mayor Monstruo los celos o el Tetrarca de Jerusalén, del inmortal Calderón de la Barca.
- Parece que allá dentro se lamenta el amor siempre callado y en prisiones ¡qué sé yo! ¡Suspira de un modo, da unos abrazos a las almohadas! ¡Y se encoge con una pereza! Cualquiera diría que en los ataques tiene pesadillas, y que rabia de celos o se muere de amor.
- ¡Ja, ja! Yo la he visto, con estos ojos, y le aseguro a usted que si tengo algún pesar, ¡es el de no haberle roto una pierna, para que no baile más por unos cuantos meses! Guardó silencio el capellán, sin saber qué responder a la inesperada revelación de celos feroces.
- ¡Y verlos hablar quedito y de rezado! ¡Pues sufrir una vieja que riñe, una portera que manda y una tornera que miente! Y lo mejor es ver cómo nos piden celos de las de acá fuera, diciendo que el verdadero amor es el suyo, y las causas tan endemoniadas que hallan para probarlo.
- II La restauración vencedora i Me ha contado Jacinta que una noche llegó a tal grado su irritación por causa de los celos, de la curiosidad no satisfecha y de la forzada reserva, que a punto estuvo de estallar y descubrirse, haciendo pedazos la máscara de tranquilidad que ante sus suegros se ponía.
- Cuando se convenció de que don Fermín, por mucho que disimulase, estaba enamorado como un loco de la Regenta, furioso de celos, y de que no había sido su amante ni con cien leguas, y de que a ella, a Petra, sólo la había querido por instrumento, la ira, la envidia, la soberbia, la lujuria se sublevaron dentro de ella saltando como sierpes.