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Ejemplos de oraciones con la palabra cementerio

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra cementerio en el contexto de una oración.

Término cementerio: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "cementerio" aquí tienes una selección de 53 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra cementerio para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Allí estaba el cementerio.
  • Ambos llegaron ilesos al cementerio.
  • Ya arreglaré yo eso en el cementerio.
  • Las personas decentes no llegaban al cementerio.
  • A las diez habrá misa y responso en el cementerio.
  • El cementerio estaba lejos, y hubo que apretar el paso.
  • Don Pompeyo Guimarán salió del cementerio el último.
  • Nos levantamos, salimos del cementerio y echamos a andar.
  • Todos debían de estar ya en el cementerio o en el Espolón.
  • Rodeándola, sobre una tapia baja, se extiende el cementerio.
  • ¡Pobre mujer! Yo le dije, mientras él estaba en el cementerio.
  • Algunas noches, Tellagorri, le llevó a Zalacaín al cementerio.
  • Sólo un cementerio bien cuidado podía sobrepasar tal perfección.
  • Por aquella brecha penetraban perros y gatos en el cementerio civil.
  • Fueron pasando de árbol a árbol, hasta llegar cerca del cementerio.
  • También vio Jacinta no uno, sino dos y hasta tres, camino del cementerio.
  • Cuando salían del cementerio, entraba un entierro con bastante acompañamiento.
  • Desde este cementerio se ve un valle extensísimo, un paisaje amable y pastoril.
  • En el cementerio gruñó Izquierdo con acento más propio de bestia que de hombre.
  • Dejaron a un lado el cementerio y llegaron a un paseo con árboles que circunda el pueblo.
  • El tejedor entraba de aprendiz en un taller, y sólo lo abandonaba para irse al cementerio.
  • Hundiéronse las casas del paseo de Santa Engracia, el Depósito de aguas, después el cementerio.
  • La tapia del cementerio se destacaba en la claridad plomiza del cielo como una faja negra del horizonte.
  • En el cementerio de Zaro hay una tumba de piedra, y en la misma cruz escrito con letras negras dice en vasco.
  • Se discutió si el Ayuntamiento disputaba o no con suficiente energía al Obispo la administración del cementerio.
  • Era como ir a misa, para el hombre devoto, o como visitar el cementerio donde yacen los restos de la persona querida.
  • Las muchachas disputábanse con tenacidad ser de las cuatro que habían de llevar al pobre albaet hasta el cementerio.
  • CAPÍTULO VI LAS TRES ROSAS DEL CEMENTERIO DE ZARO Zaro es un pueblo pequeño, muy pequeño, asentado sobre una colina.
  • Mire usted, señora, yo tengo que ir al cementerio a ver la lápida que he hecho poner en la sepultura de esa pobrecita.
  • Después Cármenes se presentaba en el cementerio y cantaba una elegía de tres columnas, en tercetos entreverados de silva.
  • Por la noche velamos el cadáver Urbistondo, el criado y yo, y por la mañana lo enterramos en el pequeño cementerio de la aldea.
  • ¡Señor! ¡Qué justicia! Los carcamales como yo, buenos y sanos, y ese chico que parecía comerse al mundo, camino del cementerio.
  • Y enfrente del cementerio, hacia la carretera de Logroño, sujetaron entre dos piedras el palo y ataron en su punta el pañuelo blanco.
  • Por la plaza pasaba todo el vecindario de la Encimada camino del cementerio, que estaba hacia el Oeste, más allá del Espolón sobre un cerro.
  • Todos ustedes saben que el local destinado en nuestro cementerio municipal y subrayó la palabra a los cadáveres no católicos, digámoslo así.
  • Hablaron del caballo, del cementerio, de la tristeza del día, de la necedad de aburrirse todos de común acuerdo, de lo inhabitable que era Vetusta.
  • Por el camino iba Maxi cabizbajo, y la aproximación al cementerio le imponía, subyugando su ánimo con la gravedad que lleva en sí la idea del morir.
  • Catalina, que iba todos los días al cementerio, vió las dos rosas en la lápida de su marido y las respetó y depositó junto a ellas una rosa blanca.
  • El entierro dejó atrás la calle principal de la Colonia, que estaba convertida en un lodazal de un kilómetro de largo, y empezó a subir la cuesta que terminaba en el cementerio.
  • Los escalofríos que le hicieron temblar en el cementerio y se repitieron, cada vez más fuertes, durante la enfermedad que siguió a la gran mojadura, volvían de cuando en cuando.
  • En el cementerio, alrededor de la iglesia, entre las cruces de piedra, brillan durante la primavera rosales de varios colores, rojos, amarillos, y azucenas blancas de aspecto triste.
  • Había llegado a la entrada del camino del Cementerio, y aquellas bestias que casi le atropellaban eran los jacos huesosos, antipáticos y enfermizos que tiraban de un coche fúnebre.
  • Una noche que se les hizo tarde, al volver del Canalillo, se encontraron en un callejón sombrío, que hay cerca del abandonado cementerio de la Patriarcal, con dos hombres de mal aspecto.
  • LIBRO PRIMERO La infancia de Zalacaín CAPÍTULO PRIMERO CÓMO VIVIÓ Y SE EDUCÓ MARTÍN ZALACAÍN Un camino en cuesta baja de la Ciudadela pasa por encima del cementerio y atraviesa el portal de Francia.
  • Y ahora don Santos moría escandalosamente, moría como un perro, habría que enterrarle en aquel pozo inmundo, desamparado, que había detrás del cementerio y que servía para los enterramientos civiles.
  • En el largo trayecto de la Cava al cementerio, que era uno de los del Sur, Segismundo contó al buen Ponce todo lo que sabía de la historia de Fortunata, que no era poco, sin omitir lo último, que era sin duda lo mejor.
  • AQUÍ YACE MARTÍN ZALACAÍN MUERTO A LOS 24 AÑOS EL 29 DE FEBRERO DE 1876 Una tarde de verano, muchos, muchos años después de la guerra, se vió entrar en el mismo día en el cementerio de Zaro a tres viejecitas vestidas de luto.
  • Yo te confieso, para mí nada tan repugnante como esa bestia prolífica, que entre vapores de alcohol va engendrando hijos que hay que llevar al cementerio o que si no, van a engrosar los ejércitos del presidio y de la prostitución.
  • Le compré la cajita azul más bonita que había en la tienda de abajo, y se le llevó al cementerio en un carro de lujo con dos caballos empenachados, sin más compañía que la del hombre de Fortunata y el marido, o lo que fuera, de la patrona.
  • El cortejo entró en el cementerio, pero no por la puerta principal, sino por una especie de brecha abierta en la tapia del corralón inmundo, estrecho y lleno de ortigas y escajos en que se enterraba a los que morían fuera de la Iglesia católica.
  • No quisimos entrar en el pueblecito con aquellas trazas, y subimos por el arenal, y escalando unas dunas, sin que nos viera nadie, nos metimos en el cementerio de la aldea, y tendidos entre dos sepulcros, resguardados del viento, pudimos descansar y dormir.
  • Iv Desde el corredor alto se veía parte del Campo de Guardias, el Depósito de aguas del Lozoya, el cementerio de San Martín y el caserío de Cuatro Caminos, y detrás de esto los tonos severos del paisaje de la Moncloa y el admirable horizonte que parece el mar, líneas ligeramente onduladas, en cuya aparente inquietud parece balancearse, como la vela de un barco, la torre de Aravaca o de Húmera.
  • A esto se reducía todo el ornato del cementerio, mas no su vegetación, que por lo exuberante y viciosa ponía en el alma repugnancia y supersticioso pavor, induciendo a fantasear si en aquellas robustas ortigas, altas como la mitad de una persona, en aquella hierba crasa, en aquellos cardos vigorosos, cuyos pétalos ostentaban matices flavos de cirio, se habrían encarnado, por misteriosa transmigración, las almas, vegetativas también en cierto modo, de los que allí dormían para siempre, sin haber vivido, sin haber amado, sin haber palpitado jamás por ninguna idea elevada, generosa, puramente espiritual y abstracta, de las que agitan la conciencia del pensador y del artista.