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Ejemplos de oraciones con la palabra cerebro

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra cerebro en el contexto de una oración.

Término cerebro: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "cerebro" aquí tienes una selección de 100 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra cerebro para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Siguió viéndole en su cerebro.
  • Esta idea se le clavó en el cerebro.
  • Todo un pasado rebulle en su cerebro.
  • ¿Qué demonios pasaba en aquel cerebro?
  • El recuerdo de Sarrió acude a mi cerebro.
  • Acabado nuestro cerebro, se acabó el mundo.
  • Ya pensaba que las tenía dentro del cerebro.
  • El mal del cerebro ha apretado, y todo se pierde.
  • No, no hay nada, decía aquel tormento del cerebro.
  • La lesión la tiene en el lado izquierdo del cerebro.
  • Embutiendo aquel cerebro débil de visiones celestes.
  • Dudaba si había pasado por la calle o por su cerebro.
  • Se le trastorna más el cerebro y adivina los secretos.
  • El cerebro recobraba los dominios de la lógica, su salud.
  • Verás lo que puede el cálculo de un cerebro lleno de luz.
  • Dos ideas llevaba clavadas en el cerebro con clavos de fuego.
  • Leer, leer, y el aparato cerebro espinal que lo parta un rayo.
  • A Teresina pálida y sonriente que decía, dentro del cerebro.
  • Los hechos reales sustituyeron a las figuraciones de mi cerebro.
  • Una ola de rebeldía se movía en su sangre, camino del cerebro.
  • ¿No sería esto una nueva extravagancia de aquel cerebro novelador?
  • Cerebro grande, estómago grande, hígado grande, son males también.
  • Tengo miedo a mi cerebro cuando estoy sin ti, cuando no pienso en ti.
  • Aquella gimnasia de la laringe y del cerebro le desinfartaba el hígado.
  • Ya sé que son tonterías, pero en el cerebro pasan cosas muy particulares.
  • ¡Tremenda situación! El capellán le daba vueltas en su cerebro excitado.
  • Las mismas ideas cruzaban, combinadas de mil maneras, por su cerebro excitado.
  • El interno extrajo el cerebro y lo envió con un mozo al domicilio del médico.
  • Y formulando su pensamiento en períodos completos dentro del cerebro, se dijo.
  • Todas estas ideas han pasado rápidamente por el cerebro un poco hueco de Orsi.
  • Al principio parecía aprensión lo que oía, como si sonara dentro del cerebro.
  • Y su cuerpo también querías, decía la Teresina del cerebro, el cuerpo también.
  • Toda idea moral había desaparecido como un sueño borrado del cerebro al despertar.
  • En los pulmones y en el cerebro aparecieron manchas de sangre, pequeñas y redondas.
  • Ahora, sin aprensión, sin escrúpulos, sin tormentos del cerebro, la dicha presente.
  • Una resolución de los nervios irritados brotó en aquel cerebro con fuerza de manía.
  • La popular música revivió en su cerebro de tal modo, que la ilusión mejoraba la realidad.
  • Y saltaba don Víctor cerca del techo al oírse a sí mismo en el cerebro la vergonzosa palabra.
  • Y el comentario parecía producirse en el cerebro paralelamente a la repetición de la filípica.
  • Y, la gente, las cosas, el sol, le parecían sin realidad ante el problema planteado en su cerebro.
  • ¡Qué asco le darían! Y dentro del cerebro, como martillazos, oía aquellos gritos de don Santos.
  • Vencido al cabo de su propia excitación, el cerebro del Delfín caía en estúpido embrutecimiento.
  • La posición brillante de la familia de Juanito era una idea que se le había atravesado en el cerebro.
  • La horrorizaba la idea de la locura y el miedo del dolor desconocido, extraño, del cerebro descompuesto.
  • Y la ira le borraba del cerebro muchas veces las más puras ideas, las impresiones más dulces y risueñas.
  • Era aquello un reflejo de las ideas comunes, el pensar general modificado y adulterado por mi cerebro enfermo.
  • Que el estómago era una máquina parada, y el cerebro un horno en que ardía todo lo que ella era por dentro.
  • Mi aburrimiento y mi desesperación se iban fundiendo en una niebla melancólica que se apoderaba de mi cerebro.
  • En su cerebro estalló la palabra grosera con que el vulgo mal hablado nombra a los maridos que toleran su deshonra.
  • Los recuerdos lejanos bullían en el cerebro, como preparándose a bailar la danza macabra del delirio de la agonía.
  • El morir no la asustaba, lo que quería era morir sin desvanecerse en aquellas locuras de la debilidad de su cerebro.
  • Sé que entré, sé que caí en la cama, sé que dormí, y ahora me encuentro con esta impresión espantosa en mi cerebro.
  • Y en aquella ocasión, ante aquel espectáculo, ¿qué cerebro, como no fuera el de un idiota, podría permanecer en calma?
  • Y ¡zas! el nombre que tenía aquello, según Quintanar, estallaba como un cohete de dinamita en el cerebro del pobre viejo.
  • Contentábase con tomar aires de hombre profundo, que no se resuelve a soltar el enjambre de ideas que le zumban en el cerebro.
  • Pero levantándose de repente, echó a andar hacia abajo, como los que llevan en el cerebro ese cascabel que se llama idea fija.
  • Como si fuera un estallido, sintió dentro de la cabeza un sí tremendo que se deshizo en chispas brillantes dentro del cerebro.
  • ¡Padre mío! ¡Padre mío! ¡Señor! ¡Señor! ¡Dios de mi alma! Sintió escalofríos y ondas de mareo que subían al cerebro.
  • Como si las ideas de la madre se hubiesen filtrado por la madera y caído en el cerebro del hijo, don Fermín pensó de repente.
  • Y fue verdad que lo soñó a la madrugada, cuando su caldeado cerebro se adormeció, cediendo a una como borrachera de cavilaciones.
  • Pimentó, rodando por la pendiente de su cólera, sintió caer de un golpe sobre su cerebro todo el aguardiente bebido en dos días.
  • Y desde mañana empezarás a tomarme el aceite de hígado de bacalao, porque todo eso que te da no es más que debilidad del cerebro.
  • ¿Qué duda cabe que el mundo que conocemos es el resultado del reflejo de la parte de cosmos del horizonte sensible en nuestro cerebro?
  • Este hombre ha sido también autor de novelas, y de escribir tanto adulterio, no comiendo más que judías, se le reblandeció el cerebro.
  • Al despertar huyó de tal modo el sueño de su cerebro y hallábase tan inquieto, que ni siquiera admitía como probable la idea de dormir.
  • No veía, le estallaban chispas de brasero en los párpados y en el cerebro, se le enfriaban las manos, y de pesadas no le parecían suyas.
  • ¡El Niño Jesús! ¡Qué dulce emoción despertaba aquella imagen! ¿Pero por qué había servido el evocarla para dar tormento al cerebro?
  • Su cerebro estaba en una tensión demasiado grande, y las emociones que cualquiera podía sentir en la vida normal, a él le desequilibraban.
  • Por las escotillas salía un lastimero clamor, que aún parece resonar en mi cerebro, helando la sangre en mis venas y erizando mis cabellos.
  • Tal vez allí hubiera podido alejar de sí aquellas ideas tristes, desconsoladoras que se clavaban en su cerebro como alfileres en un acerico.
  • Sin duda en su cerebro había aparecido una nueva idea, o reproducídose alguna de las antiguas, que ya se tenían por abandonadas o dispersas.
  • Que los franceses llamaban Malakoff, invención absurda que parecía salida de un cerebro enfermo de tanto pensar en la dirección de los globos.
  • Estos disparates recalentaban de tal modo el cerebro de la reclusa, que despierta seguía imaginando desvaríos del mismo si no de mayor calibre.
  • Insensiblemente se le fueron pegando al cerebro las ideas de aquel buen hombre, de quien los vetustenses decían que era un chiflado, un tontiloco.
  • La idea vulgar, falsa y grosera de comparar al clérigo con el eunuco se le fue metiendo también por el cerebro con la humedad del cristal helado.
  • ¿Podía una copa de cognac, una comida algo fuerte, un poco de Burdeos, producir aquella irritación en la conciencia, en el cerebro o donde fuera?
  • Y en medio de la confusión de su tierno cerebro, de los terrores que se reunían para apocarlo, una idea, superior a todas, se levantó triunfante.
  • ¿Eran estas algo que con la prisa no pudo decir, pero que debió haber dicho, o eran simplemente desvaríos de su cerebro encendido por la calentura?
  • No ya el hacerlo, sólo el pensar en hacerlo, en desmenuzar mis ideas, me da la aprensión de volver a sentir aquella horrorosa debilidad del cerebro.
  • Para mí es un consuelo pensar que así como nuestra retina produce los colores, nuestro cerebro produce las ideas de tiempo, de espacio y de causalidad.
  • Durante la convalecencia de la primera fiebre, las primeras fuerzas que tuvo las gastó el cerebro imaginando poemas, novelas, dramas y poesías sueltas.
  • ¿no estaba también determinado, no era fatal el que su cerebro tuviera una irritación que le hiciera protestar contra aquel estado de cosas violentamente?
  • En el momento de perder la libertad se desesperaba, pero sus lágrimas se iban secando al fuego de la imaginación, que le caldeaba el cerebro y las mejillas.
  • Necesitaba para que todo eso saliera a la superficie, para darse cuenta de ello, que fantasía más poderosa que la suya provocase la actividad de su cerebro.
  • Diríase que eran las ideas, que cansadas de la oscuridad del cerebro se asomaban por los balcones de la nariz y de las orejas a ver lo que pasaba en el mundo.
  • Estos enormes disparates, nacidos del trastorno que en su cerebro reinara, persistieron cuando estaba parada y atónita delante del portal de los de Santa Cruz.
  • Esta era diurna, y a causa de las buenas condiciones del ambiente solar en que se producía, resultaba más sana y más conforme con la higiene cerebro espinal.
  • Batiste miró sus campos, y toda la rabia sufrida una hora antes ante el Tribunal de las Aguas volvió de golpe, como una oleada furiosa, á invadir su cerebro.
  • Mientras su mujer le desnudaba, el pobre chico la sorprendió con estas palabras, que a ella le parecieron infernal inspiración de un cerebro dado a los demonios.
  • Sin fe en el médico creyendo en no sabía qué mal incurable que no comprendían los doctores de Vetusta, tuvo de repente, como un amargor del cerebro, esta idea.
  • Mientras bebía el vaso de agua, y se limpiaba los labios pálidos y estrechos, sentía pasar las emociones de aquel día por su cerebro, como un amargor de purga.
  • Y así se dormía ella también, figurándose que era la almohada el seno de su madre soñada y que realmente oía aquellas canciones que sonaban dentro de su cerebro.
  • Todo esto pasó por el cerebro de la Regenta mientras Mesía, sin ocultar la emoción que le ponía pálido, se inclinaba con gracia, y alargaba tímidamente una mano.
  • La culebra que se le había enroscado dentro, desde el pecho al cerebro, le comía todos los pensamientos y las sensaciones todas, y casi le estorbaba la vida exterior.
  • Dice el médico que tiene el cerebro como pasmado, porque durante mucho tiempo estuvo escribiendo cosas de mujeres malas, sin comer nada más que las condenadas judías.
  • Fue como una concesión a las ideas malas que con tanta presteza surgían de su cerebro, como salen del hormiguero las hormigas, en larga procesión, negras y diligentes.
  • Dios, como decía ella, se le hacía migajas en el cerebro y entonces sentía un abandono ambiente y una flaqueza de la voluntad que la atormentaban y producían pánico.
  • Estas ardientes memorias, que parecen agostarse hoy en mi cerebro, como flores tropicales trasplantadas al Norte helado, me hacen a veces reír, y a veces me hacen pensar.
  • El talle, el contorno de toda la figura, la genuflexión ante el altar, otras señales que sólo él recordaba y reconocía, le gritaron como una explosión en el cerebro.
  • Patricia tenía la discreción del traidor, y cuanto dijo fue encaminado a introducir en el cerebro de Maxi el convencimiento de que su mujer era punto menos que canonizable.