Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra chiquilla

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra chiquilla en el contexto de una oración.

Término chiquilla: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "chiquilla" aquí tienes una selección de 62 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra chiquilla para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Tío, chiquilla.
  • ¡Eh!, chiquilla.
  • Nucha, no seas chiquilla.
  • Vaya con la chiquilla esta.
  • La chiquilla cayó al suelo.
  • ¿Chiquilla, qué es de tu vida?
  • En estos era fuerte la chiquilla.
  • Ya estamos en Valencia, chiquilla.
  • Chiquilla, ¿me das la mano del almirez?
  • Quedose sola Fortunata con la chiquilla.
  • Cualquier día me estropea la chiquilla.
  • Mira, chiquilla, si no te largas, verás.
  • No son tonterías de chiquilla mimada, no.
  • Chiquilla, tráele el tablero de las damas.
  • Sonrió a la chiquilla dormida, y añadió.
  • No eres una chiquilla y ya sabes lo que haces.
  • ¿Qué buscas tú aquí, chiquilla sin vergüenza?
  • Tenía la chiquilla doce o catorce años, ¿verdad?
  • Vamos, vamos, no seas chiquilla y no lo tomes así.
  • Y ella, la chiquilla, buscaba algo parecido donde quiera.
  • ¡Qué sola me tienen aquí! ¡Y esa chiquilla que no viene!
  • Llamó para que viniese a la puerta la chiquilla, y le dijo.
  • Si todas fueran como tú, chiquilla, lo creería así, pero.
  • En una palabra, chiquilla, no hay en ella complexión viciosa.
  • Pues así dicen, chiquilla, y hasta que eso viene como un rayo.
  • ¿De manera que tú eres aquella chiquilla que jugaba con el oso?
  • Chiquilla, es preciso que me perdones el mal rato que te di anoche.
  • Severiana se acercó a la cama, llevando de la mano a la chiquilla.
  • Mándeme repitió la chiquilla dando brincos entre risueña y suplicante.
  • Aguardaba el ama en pie, y él se había sentado con la chiquilla en brazos.
  • Una chiquilla modosa y dispuestilla, así como Papitos, me vendría muy bien.
  • ¡Improper! ¿quién le inculcará a esta chiquilla estas sandeces del vulgo?
  • En mi taller hay una chiquilla, muy graciosa por cierto, que me parece, me parece.
  • Pues lo que es yo, chiquilla, me acuesto dijo el Delfín, disponiéndose a hacerlo.
  • Él era hombre, ¡y qué hombre!, y Papitos una chiquilla retozona sin pizca de juicio.
  • ¡Injusto estuve con la pobre chiquilla! ¡Inocente y angelical criatura! Soy un animal.
  • Chiquilla, vete corriendito al cuarto de abajo, y le dices a Don Plácido que le necesito.
  • La chiquilla se presentó desnuda de medio cuerpo arriba y con unos pantalones de percal rojo.
  • Le entró mucho asco y puso a la chiquilla como hoja de perejil, llamándola puerca y descuidada.
  • Sin embargo, convenía que no despertase la chiquilla, no fuese a alborotar la casa lloriqueando.
  • Perucho comenzó a subir, operación bastante difícil atendido el estorbo que le hacía la chiquilla.
  • Pero esto ya era mucha libertad, y aunque la chiquilla imaginó diferentes pretextos para bajar, no se salió con la suya.
  • La chiquilla se comía las fresas, y después, con los lengüetazos que le daba al plato, lo dejaba como si lo hubiera lavado.
  • A medida que la chiquilla atendía más, Perucho se ingeniaba en traerle juguetes inventados por él, que la divertían infinito.
  • El peinado era la principal causa de la estupefacción de la chiquilla, y habría dado esta un dedo de la mano por poder imitarlo.
  • Cuando tenía quince años me enamoré de un hombre que pasaba de los treinta, y él, como es natural, me consideraba una chiquilla.
  • El motivo de haber dicho esto la chiquilla con relativo juicio y serenidad, fue que se oyeron los pasos de doña Lupe, y su voz temerosa.
  • Celebraba la gracia, frotándose las manos, siempre que en el Casino se comentaba la procacidad del estudiante y el descaro de la chiquilla.
  • A poco volvió con lo que la chiquilla deseaba, y repetida la recomendación de portarse bien y estudiar mucho, acompañolas hasta la puerta.
  • Díjole la chiquilla que la señá Segunda había bajado al mercado, y que subió con la leche para el niño, y después se volvió a marchar.
  • La chiquilla, después que le dijo todas aquellas injurias, se puso a repasar una media, en la cual tenía metida la mano izquierda como en un guante.
  • Puerca, fantasmona, mamarracho gritó doña Lupe destruyendo con manotada furibunda todos aquellos perfiles que la chiquilla había hecho en su cabeza.
  • ¡no diga usted más bobadas, tío! ¡El demonio de la chiquilla! ¡Todavía me acuerdo el día en que se empeñó en ir, con su hermana, a oirme aquel sermoncete.
  • Apenas veía la chiquilla a Perucho, brillaban sus ojuelos, y de su boca entreabierta salía, unido a la cristalina y caliente baba de la dentición, un amorosísimo gorjeo.
  • La chiquilla de Moreno fundaba su vanidad en llevar papelejos con figuritas y letras de colores, en los cuales se hablaba de píldoras, de barnices o de ingredientes para teñirse el pelo.
  • Se armó tal zaragata, que tuvo que intervenir Ido con frases de concordia, y Segunda manoteaba, echando la culpa al calzonazos de su hermano, y este increpaba a Encarnación, y la chiquilla daba de rechazo contra Maxi.
  • ¡Pero créanme, como que esa luz nos está alumbrando! Venía yo de tirar a las tórtolas en un sembrado, y me encontré a la chiquilla del tío Pepe de Naya, que traía la vaca mismo cogida así y hacía ademán de arrollarse una cuerda a la muñeca.
  • Doña Lupe lo sospechó así, y mientras Fortunata se le llevaba otra vez a su cuarto, procurando calmarle, la señora cogió a la chiquilla por su cuenta, y con la persuasión de tres o cuatro pellizcos, hízole confesar que ella era culpable de lo ocurrido.
  • Y al fin la chiquilla se apresuró a quitarlo, discurriendo con buen juicio que si doña Lupe al entrar veía colgado del balcón aquel acusador de su defecto, se había de poner hecha una fiera, y sería capaz de cortarle a su criada las dos cosas de verdad que pensaba tener.
  • Y levantándose en puntas de pie, Nucha depositó a su hija en la cuna muy delicada y cuidadosamente, pues la chiquilla era tan lista en opinión de su madre que distinguía al punto la cuna del brazo, y era capaz de despertar del sopor más profundo si se enteraba de la sustitución.
  • Estaba Maximiliano con la hucha en la mano mirándola por arriba y por abajo, como si la fuera a retratar, cuando se abrió la puerta y entró una chiquilla como de doce años, delgada y espigadita, los brazos arremangados, muy atusada de flequillo y sortijillas, con un delantal que le llegaba a los pies.
  • A aquel bollo blando, que aún parecía conservar la inconsistencia del gelatinoso protoplasma, que aún no tenía conciencia de sí propio ni vivía más que para la sensación, la madre le atribuía sentido y presciencia, le insuflaba en locos besos su alma propia, y, en su concepto, la chiquilla lo entendía todo y sabía y ejecutaba mil cosas oportunísimas, y hasta se mofaba discretamente, a su manera, de los dichos y hechos del ama.