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Ejemplos de oraciones con la palabra circo

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra circo en el contexto de una oración.

Término circo: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "circo" aquí tienes una selección de 15 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra circo para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Era como estar en el Circo entre fieras, y llamarlas, azuzarlas, pincharlas.
  • ¡cuánta gente! ¡cuánta música! ¡teatro, circo! barcos, grandes vapores ingleses.
  • Fué detrás de la entrada del circo, tiró de una lona, abrió un resquicio, y dijo a Martín.
  • Frente a él perfilábase sobre el cielo de pálido azul la plaza de Toros, con su contorno de circo romano.
  • Alrededor del circo, atados a los pies de un banco hecho con tablas, había diez o doce perros flacos y sarnosos.
  • ¿Ve usted cómo rompen los jinetes del Circo de Price los papeles que les ponen delante cuando saltan sobre los caballos?
  • La moral del cobarde que exige valor en otro, en el soldado en el campo de batalla, en el histrión, o en el torero en el circo.
  • Dió después Martín la vuelta al prado de Santa Ana, hasta detenerse prudentemente a quince o veinte metros de la entrada del circo.
  • Luego, Linda contó las suyas, su existencia bohemia de volatinera, hasta que un señor rico le sacó del circo y le brindó con su protección.
  • Aquello parecía el final de una batalla prehistórica, o de un combate del circo romano, en que los vencedores fueran arrastrando a los vencidos.
  • El domador iba a seguir, pero viendo que el efecto de curiosidad en el público estaba conseguido y que la multitud pretendía pasar sin tardanza al interior del circo, gritó.
  • Dieron los hombres la última mano al circo, y el domingo, en el momento en que la gente salía de vísperas, se presentó el domador seguido del viejo en la plaza de Urbia, delante de la iglesia.
  • Los dos carros con jaulas en donde iban las fieras los colocaron dejando entre ellos un espacio que servía de puerta al circo, y encima y a los lados pusieron los saltimbanquis tres carteles pintarrajeados.
  • Y la señora y su cochero, empujados rudamente por la corriente humana, atravesaron una profunda portada semejante a un túnel, viéndose en el Clòt, en la plaza Redonda, que parecía un circo con su doble fila de balcones.
  • El centro de mesa en que se erguía un ramillete de trapo con guardia de honor de dos floreros cilíndricos con pinturas chinescas, de cuya boca salían imitaciones groseras de no se sabía qué plantas, pero que a don Pompeyo le recordaban la cabellera rubia y estoposa de alguna miss de circo ecuestre.