Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "ciriaco" aquí tienes una selección de 45 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra ciriaco para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- ¿Qué me puede hacer don Ciriaco?
- Don Ciriaco era un hombre tremendo.
- A media tarde don Ciriaco me llamó.
- Don Ciriaco estuvo muy cortesano con ella.
- Don Ciriaco pensaba zarpar al día siguiente.
- ¡Eh, Shanti! me dijo don Ciriaco, ya es hora.
- Pues eso, don Ciriaco, no me parece de tontos.
- Tenía que esperar a don Ciriaco para embarcarme.
- Bebimos los dos, y, de pronto, me dijo don Ciriaco.
- Yo conté lo mejor que pude mi viaje con don Ciriaco.
- Para aliviar mi pena le conté a don Ciriaco mis amores.
- Me despedí de todos, y salí con don Ciriaco, entusiasmado.
- Una, la prudente, el ir a ver a don Ciriaco y pedirle consejo.
- Entramos don Ciriaco y yo, y nos dirigimos al puerto de Cádiz.
- Don Ciriaco, como su barco, era también muy atildado y muy pulcro.
- Mi abuela y don Ciriaco decidieron enviarme a navegar como agregado.
- Don Ciriaco estuvo con ella como un viejo galante de la corte de Versalles.
- Con don Ciriaco el señor Cepeda estuvo muy atento, y hasta pretendió ser ocurrente.
- A la vuelta de este viaje me embarqué con don Ciriaco en Cádiz, en la Bella Vizcaína.
- Don Ciriaco pensaba retirarse y quería que yo le reemplazara en el mando de la fragata.
- Amigo, los chicos guapos tenéis esas ventajas me dijo don Ciriaco, con su tono zumbón.
- Los consejos de don Ciriaco hicieron que no acudiese con frecuencia a casa de Hortensia.
- Don Ciriaco muchas veces me decía, con una exasperación alegre que le era característica.
- Llegamos cerca de la Aduana, y don Ciriaco se detuvo delante de una casa grande, con miradores.
- Tengo que reconocer que Dolorcitas no era la excepción de las cien de que hablaba don Ciriaco.
- El dueño del colmado y don Ciriaco discutieron detalladamente los platos, las salsas y los vinos.
- Don Ciriaco, desde que supo lo ocurrido, se plantó al lado de mi cama y me cuidó como a un hijo.
- Hubiese querido ir a Lúzaro, pero el curso empezaba, y don Ciriaco opinó que no debía perder ni un día de clase.
- Don Ciriaco quiso completar mi educación, y varias veces me preguntó si no tenía afición a la poesía o al baile.
- Conque, ¡ojo a la brújula, pilotín, y cuidado con la rueda del timón! La ataremos, si le parece a usted, don Ciriaco.
- Don Ciriaco fué a ver a doña Hortensia, quien parece que dijo que se haría lo que deseábamos sin la menor vacilación.
- Esas son cosas de todos los tiempos concluyó diciendo don Ciriaco filosóficamente, que han pasado, que pasan y que pasarán.
- Don Ciriaco firmó el conocimiento que se hacía por triplicado para responder de las mercancías embarcadas, y levamos el ancla.
- Don Ciriaco, exagerando un poco, le habló a doña Hortensia de mi familia, de nuestra casa solariega de Lúzaro, de mis antepasados.
- Cuando ya estuve en disposición de salir de casa, don Ciriaco me llevó a ver a un amigo suyo, capitán de una fragata, La Ciudad de Cádiz.
- Después de almorzar, don Matías y don Ciriaco se retiraron para hablar de negocios, y doña Hortensia y Dolorcitas quisieron enseñarme la casa.
- Llevamos el Ángel de la Guarda en la lona de nuestras velas, me decía don Ciriaco, un viejo capitán de fragata muy inteligente y muy romántico.
- Ilustración II HISTORIA DE LA BELLA VIZCAÍNA El primer sábado del curso, por la tarde, don Ciriaco se presentó en mi casa, en San Fernando, y me dijo.
- Tardamos en toda la travesía cinco meses, y, como el viaje en este tiempo era para don Ciriaco un éxito, entramos en la bahía de Manila disparando cohetes.
- Don Ciriaco había comenzado su carrera de marino de la misma manera, con mi abuelo, y era justo hiciese por mí lo que uno de mi familia había hecho por él.
- El señor don Matías Cepeda era el socio principal de la Sociedad naviera Vasco Andaluza, Cepeda y Compañía, propietaria de la fragata que mandaba don Ciriaco y de otros muchos buques.
- De la escuela de San Fernando saldría piloto primero, después haría un par de viajes y luego don Ciriaco se retiraría, dejándome que le substituyera en el mando de la Bella Vizcaína.
- Después le acompañaría a don Ciriaco en la derrota de Cádiz a Filipinas, y, tras este viaje de un año o año y medio, me quedaría en San Fernando para concluír mis estudios de náutica.
- Por cierto que antes de llegar a las Palaos encontramos dos islas de coral que no aparecían en los mapas, y a una le llamamos con el apellido de don Ciriaco, isla Andonaegui, y a la otra, isla de Santiago Andía.
- Mi abuela y mi madre no quisieron, sin duda, dejarme envanecer con esta aura popular, y después de los exámenes en la Escuela de Náutica, me entregaron en manos de don Ciriaco Andonaegui, capitán de una fragata de la derrota de Cádiz a Filipinas y de Filipinas a Cádiz.