Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "clero" aquí tienes una selección de 52 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra clero para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Pero el alto clero.
- El clero era absorbente.
- El clero no es malo ni bueno.
- El clero, milagros del clero.
- Interrumpió el enemigo del clero.
- Está empeñado con todo el clero.
- Veo el otro, el clero, el jesuitismo.
- O se perseguía o no se perseguía al clero.
- Guerra al clero usurpador, invasor, inquisidor.
- Tiene embobado al Obispo, metido en un puño al clero.
- Pero ya sabe usted que yo distingo entre clero y clero.
- El clero catedral prefería visitar a la Marquesa de día.
- Esta opinión era la más corriente entre el clero del Obispado.
- ¡Todo era hablar mal del clero! Se creó una sociedad de filósofos.
- Ni aun en tan amargos instantes insultaba al obispo y demás alto clero.
- Y la sana influencia del clero, sobre todo del clero catedral, hace mucho.
- Se había hecho libre pensador y renegaba de todo el culto y de todo el clero.
- Yo no odio al clero sistemáticamente, pero exijo buena crianza en toda persona culta.
- Esto, según unos, era la perdición del clero y el culto, según otros una gran fortuna.
- Con tal motivo algunos obreros de la Fábrica vieja hablaban de ahorcar al clero en masa.
- A ese clero que condena a la tisis del hambre a dignos comerciantes, a padres de familia.
- En cuanto al miliciano, había callado, jurando odio eterno al clero y a los fusiles de chispa.
- Porque, señores, nadie como yo respeta al clero parroquial, ese clero honrado, pobre, humilde.
- A pesar de su título aristocrático, Marqués, no simpatizaba ni con el clero ni con la nobleza.
- Y lo que ustedes hacen con tamañas blasfemias indecorosas es la causa, el caldo gordo del clero.
- Al oír tal, todos se levantaban en contra, unos porque defendía al clero y otros porque atacaba el dogma.
- El clero corrompía las conciencias, el clérigo era como los demás, el celibato eclesiástico era una careta.
- No reconocía entre todo el clero vetustense más superior que el Magistral, a quien consideraba más que al Obispo.
- Y crea usted que yo no le quería a usted mal, pero como mi propósito era combatir el fanatismo, al clero en general.
- Las ventajas de don Álvaro en el ánimo de Ana las pagaba el clero parroquial, aquel clero que Foja decía respetar tanto.
- En aquel momento hallábase bajo la influencia de ideas supersticiosas adquiridas en su infancia respecto a la religión y al clero.
- Los avanzados se contentaban con atacar al clero, contar chascarrillos escandalosos en que hacían principal papel curas y amas de cura.
- Esta especie de herencia, o mejor, sucesión inter vivos, era muy codiciada en el cabildo y por todos los dependientes del clero catedral.
- Lo cual demuestra que la civilización bien entendida no la rechazaba el clero, así parroquial como catedral de la Vetusta católica de Bermúdez.
- Todas las tardes, al anochecer, reuníanse allí los amigos de don Eugenio, la mitad de los cuales vestían sotana y pertenecían al clero de San Juan.
- Guerra a esa parte del clero que comercia con las cosas santas, que se vale de subterráneos para entrar con sus tentáculos de pólipo en las arcas de la Cruz Roja.
- Si bien seguía creyéndose profundamente piadoso, don Víctor hacía distinciones sospechosas entre la religión y el clero, entre el catolicismo y el ultramontanismo.
- A ese clero que dispersa los hogares y hunde en alcantarillas inmundas, mal llamadas celdas, a las vírgenes del Señor, y que entiende que las entrega a Jesús entregándolas a la muerte.
- A pesar de tanta modestia y parsimonia en los gastos, los maliciosos atribuían su exaltado liberalismo y su descreimiento y desprecio del culto y del clero a la procedencia de sus tierras.
- Es claro, dirían los partidarios de don Fermín, todo lo gasta en aguardiente, está siempre borracho y espanta la parroquia ¿cómo se quiere que el clero consuma los géneros de un perdido.
- Eran curas en su mayoría, pues don Ramón, persona piadosa y amiga de hacer limosnas por mano de la Iglesia, figuraba como el banquero del clero, y en las sacristías su nombre alcanzaba gran prestigio.
- En otros casos semejantes, aunque no de tanta importancia, en los cuales había él mangoneado con todos sus ardides apostólicos, alcanzó éxitos de relumbrón que le hicieron objeto de envidia entre el clero toledano.
- Lo que se puede bien llamar juventud dorada del clero de la capital, tan envidiada por sus colegas de la montaña, que según ellos mismos se embrutecían a ojos vistas, la juventud dorada acudía sin falta todas las tardes de otoño y de invierno que hacía bueno al Espolón.
- En tal situación, presentose inopinadamente en Madrid Nicolás Rubín, el curita peludo, que también tenía sus pretensiones de ingresar no sé si en el clero castrense o en el catedral, y ambos hermanos celebraron unos coloquios muy reservados, paseando solos por las afueras.
- ¡Claro, decían las beatas en los corrillos de San Vicente de Paúl, y los ultramontanos en la redacción de El Lábaro, claro, como lo que tiene lo debe a los despojos impíos de los liberalotes! ¿Cómo no ha de aborrecer al clero si se está comiendo los bienes de la Iglesia?
- Desde que corrió la noticia comenzó el señorito a sentirse halagado por la especie de pleito homenaje que se presentaron a rendirle infinidad de personas, todo el señorío de los contornos, el clero casi unánime, y los muchos adictos y partidarios de Barbacana, capitaneados por este mismo.
- Preciso es declarar que el clero vetustense, aunque famoso por su intransigencia en cuestiones dogmáticas, morales y hasta disciplinarias, y si se quiere políticas, no había puesto nunca malos ojos a la proximidad del progreso urbano, y antes se felicitaba de que Vetusta se transformase de día en día, de modo que a la vuelta de veinte años no hubiera quien la conociese.
- La rodeaban unos quince curas y sobre ocho seglares, entre ellos el médico, notario y juez de Cebre, el señorito de Limioso, el sobrino del cura de Boán, y el famosísimo cacique conocido por el apodo de Barbacana, que apoyándose en el partido moderado a la sazón en el poder, imperaba en el distrito y llevaba casi anulada la influencia de su rival el cacique Trampeta, protegido por los unionistas y mal visto por el clero.
- Era, por añadidura, la época en que la clase media entraba de lleno en el ejercicio de sus funciones, apandando todos los empleos creados por el nuevo sistema político y administrativo, comprando a plazos todas las fincas que habían sido de la Iglesia, constituyéndose en propietaria del suelo y en usufructuaria del presupuesto, absorbiendo en fin los despojos del absolutismo y del clero, y fundando el imperio de la levita.
- Ante la mesa y sus apéndices, no sin mil cumplimientos y ceremonias, fueron tomando asiento los padres curas, porfiando bastante para ceder los asientos de preferencia, que al cabo tocaron al obeso Arcipreste de Loiro la persona más respetable en años y dignidad de todo el clero circunvecino, que no había asistido a la ceremonia por no ahogarse con las apreturas del gentío en la misa, y a Julián, en quien don Eugenio honraba a la ilustre casa de Ulloa.
- Y para colmo del escándalo, según don Pompeyo, so capa de celebrar una fiesta religiosa la juventud dorada del clero vetustense, todos aquellos licenciados de seminario como él los llamaba con pésima intención, ¡paseaban también por allí, apretados, prensados, con sus manteos y todo, en aquel embutido de carne lasciva, a obscuras, casi sin aire que respirar, sin más recreo que el poco honesto de sentir el roce de la especie, el instinto del rebaño, mejor, de la piara!
- Allá en el Vivero los convidados habían puesto a mal tiempo buena cara, y mientras en el palacio viejo los curas rurales, el Marqués, y algunos otros señores de Vetusta jugaban al tresillo a primera hora y más tarde al monte, que llamaba el clero del campo la santina, en la casa nueva todas las damas y los caballeros que habían querido correr por los prados en la romería, procuraban divertirse como podían y se bailaba, se tocaba el piano, se cantaba y se jugaba al escondite por toda la casa.