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Ejemplos de oraciones con la palabra cólera

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra cólera en el contexto de una oración.

Término cólera: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "cólera" aquí tienes una selección de 97 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra cólera para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Su cólera iba en aumento.
  • Dijo ella con grande cólera.
  • Carlos desfallecía de cólera.
  • Ya no me quedaba ni un rastro de cólera.
  • Dejaba de pensar en sus tristezas y en su cólera.
  • Estaban además el castigo, la cólera de Dios, el infierno.
  • La vergüenza y algo de cólera encendían el rostro de Ana.
  • Era como la cólera de las palomas cuando se ponen a pelear.
  • Aquella noche hice yo un gasto de cólera y de rabia inútil.
  • Ya no experimentaba cólera por las cosas ni por las personas.
  • Petra insistió gozándose en la disimulada cólera de su ama.
  • Era una voz trémula y aflautada por la sofocación de la cólera.
  • La cólera y la irritación se habían hecho crónicas en Andrés.
  • Y repetía infaliblemente la parábola del cólera y la aprensión.
  • Levantéme dando voces y quejándome, y él, con más cólera, dijo.
  • Estaba amoratada de tanto llorar y de tantísima cólera como sentía.
  • Oíale dar suspiros y gruñir como una persona sofocada por la cólera.
  • De este encuentro surgió un motivo más de cólera para toda la huerta.
  • Quizá, en vista de su aire miserable, parte de mi cólera desapareció.
  • ¡Infames! La Regenta sentía rubor y cólera al recordar aquella calumnia.
  • Se le encendían las mejillas de cólera, de envidia, de pudor malo, falso.
  • Todos compadecían aquella miseria entre protestas de cólera mal comprimida.
  • Tú le tienes que lavar manifestó Benigna, sin cejar en su cólera, tú, tú.
  • Desde que la vio entrar, conoció Maximiliano que su cólera se había aplacado.
  • Iba á caer al suelo, apoplético, agonizante de cólera, asfixiado por la rabia.
  • Sentía una indignación tan grande como la cólera de Aquiles, el hijo de Peleo.
  • Poco a poco mi cólera disminuyó, y se fué convirtiendo en una profunda melancolía.
  • Se ponía loco de cólera, y más y más le irritaba el no poder dominar sus arrebatos.
  • Vámonos, niñas dijo la mamá con una expresión en que vibraban el dolor y la cólera.
  • No puedo ver tanta tontería (exaltándose más a cada frase y llegando hasta la cólera).
  • Su voz era trabajosa, cual si tirasen de ella, no dejándola salir el alcohol y la cólera.
  • Un trueno que retumbó sobre Vetusta sirvió de acompañamiento a la cólera del canónigo.
  • Empeñábase en despejar su cabeza de la pesada fluxión sonándose con estrépito y cólera.
  • La exageración de aquel sentimiento de cólera injustísima, pueril, la hizo notar su error.
  • En cuanto conoció que su autoridad se acataba, De Pas fue amansando el oleaje de su cólera.
  • El no saber vivir como los demás me producía una sorda cólera, una indignación frenética.
  • Estas ideas, que hacía tiempo le hubieran producido indignación y cólera, ya no le exasperaban.
  • En medio de su cólera vio Quintanar en un rincón la trampa de los zorros, despedazada, inservible.
  • Esta clase de hombres, que viven únicamente para la galería, producen alternativamente cólera y desprecio.
  • CAPÍTULO IX CÓMO INTENTÓ VENGARSE CARLOS DE MARTÍN ZALACAÍN Carlos Ohando enfermó de cólera y de rabia.
  • Sintió la cólera repentina, ciega, que rarísima vez fustigaba su linfa, y señalando a la puerta, exclamó.
  • Cuando su mujer se quedó sola con él sintió Rubín que aquella furibunda cólera se trocaba en un dolor cobarde.
  • Es un angelito, como dicen las viejas añadió maliciosamente Juncal, que parecía gozarse en la cólera del hidalgo.
  • Y más exaltada en su cólera por la frialdad voluptuosa de las sábanas, algo húmedas, mordió con furor la almohada.
  • Mi cólera y mi rabia llegaban a ponerme como enloquecido, y una porción de ideas furiosas me venían a la imaginación.
  • El artículo me produjo una cólera profunda y determiné insultar y abofetear a Machín la primera vez que lo encontrara.
  • Para que no chocase su cambio de conducta, le aconsejé a Ugarte que fingiera de cuando en cuando alguna cólera violenta.
  • Usted decía el profesor señalándole con el dedo, mientras le temblaba la perilla por la cólera, ¿cómo se llama usted?
  • Se le oía un cierto rechinar de dientes y algún monosílabo gutural que lo mismo pudiera ser signo de risa que de cólera.
  • Aquella gente de las casas de vecindad, miserable, sucia, exasperada por el calor, se hallaba siempre dispuesta a la cólera.
  • La barraca aparecía como esfumada entre las nubes de humo de estas luminarias, que despertaban sorda cólera en toda la huerta.
  • Realmente no sé si estaba enamorado, pero sí que pensaba en Dolorcitas a todas horas, con una mezcla de angustia y de cólera.
  • Aquellos recuerdos de la niñez huyeron, pero la cólera que despertaron, a pesar de ser tan lejana, no se desvaneció con ellos.
  • Pimentó, rodando por la pendiente de su cólera, sintió caer de un golpe sobre su cerebro todo el aguardiente bebido en dos días.
  • Pero Batiste tenía la cólera firme de los hombres flemáticos y cachazudos, que cuando pierden la calma tardan mucho á recobrarla.
  • Sólo conseguía hacerle llorar desesperado, como el infeliz rey Lear, o que montase en cólera y le arrojase a la cabeza algún trasto.
  • Y en el paroxismo de la cólera empezó a insultarme con furia, a decirme que estaba deseando que me muriera, porque era su bestia negra.
  • Le daba el corazón, que reventaba de celos, de cólera, que iba a sorprender a don Álvaro y a la Regenta en coloquio amoroso cuando menos.
  • Quedó inmóvil, con la cabeza baja y los ojos empañados por lágrimas de cólera mientras su brutal enemigo acababa de formular la denuncia.
  • El agua está allí como desesperada, verde de cólera, sin un momento de reposo, y lanza contra las rocas todas sus furias, todas sus espumas.
  • Primitivo, desmintiendo su acostumbrada impasibilidad, dio rienda a una cólera furiosa, desatándose en amenazas absurdas contra los tránsfugas.
  • Azuzaba la cólera de doña Lupe para que esta no se revolviese contra él hablándole de su cambio de costumbres y de lo que hacía fuera de casa.
  • ¡Despreciar a su hijo, abandonarle por un barbilindo mustio como don Álvaro! El orgullo de la madre daba brincos de cólera dentro de doña Paula.
  • Rodó el carro del trueno, pausado al principio, después ronco y formidable, como una voz hinchada por la cólera, y Nucha retrocedió con espanto.
  • Roseta iba de un lado á otro fingiendo ocupaciones para no llamar la atención, esperando de un momento á otro el estallido de la cólera paternal.
  • Estaba ya nevado de pies a cabeza, pero un bellaco, viéndome cubierto y que no tenía en la cara cosa, arrancó hacia mí diciendo con gran cólera.
  • Cuando supo que el portugués tenía la misma pretensión, le entró una cólera terrible, y juró que le había de calentar las orejas al intérprete.
  • La indiferencia que sentía por todo, unida a una filosofía estoica que iba adquiriendo, me ayudaban a soportar las penalidades tranquilo y sin cólera.
  • Cállate, cállate y no me saques la cólera, que al oírte decir que quieres a una tiota chubasca, me dan ganas de ahogarte, más por tonto que por malo.
  • Todo su cuerpo se estremecía de cólera, esa terrible cólera del pacífico, que cuando rebasa el límite de la mansedumbre es para caer en la ferocidad.
  • Y Perucho comprendía a medias frases indignadas, frases injuriosas, frases donde se desbordaba la cólera, el furor, la indignación, la ira, el insulto.
  • Pavorosos acantilados a la derecha caían a pico sobre el mar, que deshacía su cólera en espuma con bramidos que llegaban a lo alto como ruidos subterráneos.
  • Se llega a este estado padeciendo, después de pasar por todas las angustias de la cólera, por los pinchazos que le da a uno el amor propio y por mil amarguras.
  • Una noche, aún no convaleciente de su enfermedad, producida por el despecho y la cólera, se levantó de la cama, en donde no podía dormir, y bajó al comedor.
  • Tras de la cólera y la confusión vino el abatimiento, y se sentía tan rendida físicamente como si hubiera estado toda la mañana ocupada en alguna faena penosa.
  • Fortunata se habría dejado llevar del primer impulso de cólera, si en su alma no hubiera nacido otro impulso de tolerancia, unido a cierta relajación de conciencia.
  • Visitación se complacía en adivinar la cólera del Provisor y le abrumaba a chistes, y le mareaba con aquel atolondramiento que a él se le ponía en la boca del estómago.
  • ¡Qué explosión de cólera la de don Joaquín! Lo que más le irritaba era la afición de los muchachos á llamarse por los apodos de sus padres y aun á fabricarlos nuevos.
  • Y sobre los montones de rubio estiércol, el gallo, rodeado de sus cloqueantes odaliscas, lanzaba un grito de sultán celoso, con la pupila ardiente y las barbillas rojas de cólera.
  • En el semblante de mi amo, en la sublime cólera de Uriarte, en los juramentos de los marineros amigos de Marcial, conocí que estábamos perdidos, y la idea de la derrota angustió mi alma.
  • Así como poco antes había sentido la conciencia tranquila al contener su cólera delante de Ana, ahora se sentía satisfecho ante su resolución de matar al ladrón de su honra si volvía.
  • El no debía notar en mí suficiente respeto, y el que yo me permitiese tener opinión acerca de las cosas le producía una mezcla de cólera y de asombro que ahora me hubiera parecido cómica.
  • Su cólera, quebrantada al fin por tan horrible tensión, empezó á desvanecerse, y Batiste, repitiendo su rosario de insultos, sintió de pronto que su voz se ahogaba hasta convertirse en un gemido.
  • ¡Con cuánto fervor empezó el capellán a guiar el Trisagio misterioso! Anonadándose ante la cólera divina, cuya violencia sacudía y hacía retemblar a los Pazos como si fuesen una choza, pronunciaba.
  • Pero ¡gran cosa eran las multas para su reconcentrada cólera de hombre pacífico! Siguió protestando contra la injusticia de los hombres, contra el tribunal, que tenía por servidores á pillos y embusteros como Pimentó.
  • Mas de improviso, sintiendo uno de aquellos chispazos de cólera repentina y momentánea que no era dueño de refrenar, tosió, miró en derredor, y soltó unas cuantas asperezas y severidades que hicieron enmudecer a la asamblea.
  • Hablaba de los reverberos que había puesto el marqués de Pontejos, del cólera del año anterior, de la degollina de los frailes, y de las muchas casas magníficas que se iban a edificar en los solares de los derribados conventos.
  • Ni el bronco abad de Ulloa, ni el belicoso de Boán, ni el Arcipreste, que siendo más sordo que una tapia, resolvía las discusiones políticas a gritos, alzando el índice de la mano derecha como para invocar la cólera del cielo.
  • Pero, amigo, aunque él, el Magistral, como hombre y hombre de experiencia, se explicaba la vehemente cólera que debía de dominar a don Víctor, y comprendía, y disculpaba hasta cierto punto, sus deseos de pronta y terrible venganza.
  • Ambas cosas le produjeron en breve, no hastío, pues el verdadero hastío es enfermedad moral propia de los muy refinados y sibaritas de entendimiento, sino irritación y sorda cólera, hija de la secreta convicción de su inferioridad.
  • La ceguera de la cólera y la penumbra crepuscular no le permitieron distinguir si era hombre ó mujer, pero vio cómo de un salto se metía dentro y cerraba la puerta de golpe, asustado por aquella aparición próxima á echarse la escopeta á la cara.
  • Sí, todo esto había querido hacer don Víctor que se sintió morir de vergüenza y de cólera contra los infames adúlteros y contra sí mismo, en cuanto notó que el tren se movía y le alejaba del lugar del crimen, de su deshonra y de su venganza necesaria.
  • ¡Quién me trajo aquí! ¡Ay, mi madre de mi alma! Rompió la moza a llorar amarguísimamente, y el marqués, requiriendo su escopeta, rechinaba los dientes de cólera, dispuesto ya a hacer alguna barrabasada notable, cuando un nuevo personaje entró en escena.
  • Conoció que su hijo no se humillaría jamás a pedir una reconciliación, que antes moriría desesperado como un perro, allí, en aquel lecho donde había caído al cabo, después de pasear la cólera comprimida por toda Vetusta y sus alrededores, de día y de noche.
  • Los despojos de la más numerosa escuadra que por aquel tiempo había desafiado su furor juntamente con el de los enemigos, no se escapaban a la cólera del elemento, irritado como un dios antiguo, sin compasión hasta el último instante, tan cruel ante la fortuna como ante la desdicha.
  • Sin poder resistir la tentación, y compelido por la misteriosa atracción del mar, cuyo elocuente rumor me ha parecido siempre, no sé por qué, una voz que solicita dulcemente en la bonanza, o llama con imperiosa cólera en la tempestad, me desnudé a toda prisa y me lancé en él como quien se arroja en los brazos de una persona querida.
  • Pero el cólera morbo, que ya en 1834 atacó a mi madre y la dejó enfermiza para toda su vida, volvió a herir a mi familia en 1860, arrebatándonos a mi hermano Julio, letrado notabilísimo, y atacándome también a mí, que, habiendo quedado sumamente débil, tuve que trasladarme a la provincia de Alicante, donde tenían mis padres unas tierras.