Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "comenzaba" aquí tienes una selección de 83 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra comenzaba para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Comenzaba la brisa.
- Comenzaba a anochecer.
- Comenzaba a hacer calor.
- Comenzaba el crepúsculo.
- Comenzaba á caer la tarde.
- Comenzaba por lo ordinario.
- La marea comenzaba a subir.
- Bien comenzaba la entrevista.
- Comenzaba a hacerse de noche.
- Era la noche fría, comenzaba a nevar.
- Una de las canciones comenzaba diciendo.
- Comenzaba para todos ellos la buena época.
- Don Juan comenzaba a mostrarse más alegre.
- La mañana comenzaba a sonreir en el cielo.
- Ya comenzaba a no tener espíritu agresivo.
- Al llegar a la Aduana comenzaba a obscurecer.
- Al llegar a Zugarramurdi, comenzaba a clarear.
- Y atrás quedaba el ruido del wals que comenzaba.
- Yo comenzaba a acostumbrarme a la vida del pontón.
- Comenzaba a sentir una irritación profunda contra todo.
- Yo comenzaba a sentir una amistad fraternal por Ana Sandow.
- Y entonces comenzaba el segundo capítulo de la murmuración.
- Venus comenzaba a brillar con más fuerza y aparecía Júpiter.
- ¡Qué bien se estaba allí! El sol comenzaba a caldear la plaza.
- Tellagorri, sin motivo conocido, comenzaba a insultar a su perro.
- Comenzaba a salir el sol cuando llegó al campamento del domador.
- La mamá comenzaba a no encontrar tan seductor a aquel espantanovios.
- Llevaba el manteo terciado sobre la panza, que comenzaba a indicarse.
- La luna comenzaba a menguar, pero aún las noches eran bastante claras.
- ¡Qué más podían desear! En el campo carlista comenzaba la Deshecha.
- El Cacho, si comenzaba a ganar, se exaltaba, llevaba el partido al vuelo.
- La luz comenzaba a indicar las sombras de los viñedos y de los olivares.
- Comenzaba a llover de una manera desastrosa, y mi madre no me dejaba salir.
- Y tras esta fugaz introducción, comenzaba la sinfonía, brillante, atronadora.
- Mary iba acomodándose a la vida sedentaria, y comenzaba a trabajar de modista.
- Hasta la una, la hora en que iban llegando las amigas y el baile comenzaba a animarse.
- Andrés ya no quiso atender a Iturrioz, que comenzaba a fantasear por entretenimiento.
- Pero Andrés comenzaba a sospechar que aquello no tenía el aspecto de un parto normal.
- Comenzaba a vislumbrar ese estado de ataraxia, cantado por los epicúreos y los pirronianos.
- El viento silbaba en las encrucijadas, ladraban los perros, comenzaba a llover a chaparrón.
- La oda elegíaca, o elegía a secas, lo que fuera, que Trifón no lo sabía, comenzaba así.
- Arraitz, que estaba de guardia, nos avisó que la gente comenzaba a ir y venir por la cubierta.
- Comenzaba por dudar de la virtud del sacerdote y llegaba a dudar de la iglesia, de muchos dogmas.
- Unos meses después del principio de curso, en el tiempo frío, se comenzaba la clase de disección.
- Había gente que comenzaba a creer que Tellagorri y Voltaire eran los causantes de la impiedad moderna.
- Comenzaba á acostumbrarse á la atmósfera de la taberna, encontrando cada vez más graciosa la porfía.
- que hacía llorar a todas las muchachas de la época, o aquello otro punteado y expresivo que comenzaba.
- Con su dura filosofía del éxito, Julio comenzaba a sentir más estimación por Hurtado que por Montaner.
- Julio Aracil comenzaba a experimentar por su amigo un gran desprecio y a desearle que todo le saliera mal.
- Martín comenzaba a impregnarse del liberalismo francés y a encontrar atrasados y fanáticos a sus paisanos.
- Por la noche, después de la cena, llegaban el señor Cuadros, Teresa y su hijo, y comenzaba la alegre reunión.
- En tanto, el agua penetraba por los mil agujeros y grietas del casco acribillado, y comenzaba a inundar la bodega.
- Cuando doña Manuela volvió a entrar en el mercado comenzaba a anochecer y la concurrencia aumentaba por momentos.
- Que me veo y me deseo! Esto decía los días de trabajo, pero los días de fiesta comenzaba con diferente voz, y decía.
- El capellán comenzaba a sentirse confuso viendo en ausencia suya tanto arreglo, y a temer que su venida lo trastornara.
- El pueblo comenzaba a desperezarse, las brumas iban subiendo por el monte Izarra y del puerto salía, despacio, una goleta.
- Comenzaba este componer constante, este imaginar sin tregua por ser agradable entretenimiento y además halagaba su vanidad.
- A pesar de esto, como la conducta de Mary en casa de Cashilda era buena, comenzaba a sentir por la muchacha cierta simpatía.
- Pero cuando comenzaba a subir la marea teníamos que correr, huyendo de las olas, y a veces descalzarnos y meternos en el agua.
- Tenía su mismo aire majestuoso, y comenzaba a iniciarse en ella un principió de gordura, lo que la hacía parecer de más edad.
- Entre ella y el joven estaba el paso a nivel de la vía férrea, donde comenzaba a palpitar, lanzando mugidos, una bestia de hierro.
- ¡Llora, Shacu! Y a él le entraba tal desesperación, que pateaba, tiraba el gorro rojo al suelo, y casi comenzaba a llorar de rabia.
- El dinero, cautivo en los estudis durante el invierno, oculto en el arca ó en el fondo de una media, comenzaba á circular por la vega.
- Comenzaba con chirimías, había sus ánimas de purgatorio y sus demonios, que se usaban entonces, con su bu, bu al salir, y rri, rri al entrar.
- Presentían que desde aquel momento comenzaba para ellas una era nueva, en que no todo serían alegres risas e indiferencia para el día siguiente.
- Entró a las ocho y cuarto (la función comenzaba a las ocho) en el palco de los Vegallana en compañía de la Marquesa, Edelmira, Paco y Quintanar.
- ¡El Niño Dios! ¡El Niño Dios! Ella comprendía ahora toda la grandeza de aquella Religión dulce y poética que comenzaba en una cuna y acababa en una cruz.
- Ésta comenzaba á ondular por el camino grande, marcándose el ataúd y su catafalco como una enorme paloma blanca entre el desfile de ropas negras y ramos verdes.
- Cuando él comenzaba a preparar la escena de la declaración, a la que había de seguir de cerca la del ataque personal, cuando la próxima primavera prometía eficaz ayuda.
- Rosita sacó la guitarra y cantó algunas canciones, acompañándose con ella, y luego, como en honor de Martín, entonó un zortzico con letra castellana, que comenzaba así.
- Y además, si no fuera por don Víctor, el Magistral no tendría por qué defenderla, ni aquella lucha entre dos hombres distinguidos que comenzaba aquella tarde tendría razón de ser.
- Y después de este curso breve de filosofía rústica, apelaba al segundo argumento, que era sacar de su faja una tagarnina de tabaco negro, con una navaja enorme, y comenzaba á picarla para liar un cigarrillo.
- No adivinaba ni aun remotamente que su marido, por una aberración extraña, en la que entraba por mucho el amor propio, comenzaba a entusiasmarse con la belleza algo marchita de la esposa de su antiguo principal.
- Y en vez de indignarse por la crueldad con que mentía e intentaba engañar a su mujer, la viuda comenzaba a encontrarlo simpático, viendo en él como una resurrección de su segundo marido, de aquel doctor calavera al que tanto había amado.
- ¡Qué largos me parecían estos días de navegación! ¡Qué horrible este cielo azul de los trópicos! A la vuelta de mi viaje, cuando perdía de vista por las noches la Cruz del Sur y comenzaba a divisar la Estrella Polar y las dos Osas, me sentía tranquilo.
- Pero estos nobles pensamientos me ocuparon muy poco tiempo, porque Marcial, cuya fatigada naturaleza comenzaba a rendirse después de su esfuerzo, respiro con ansia, se secó la sangre que afluía en abundancia de su cabeza, cerró los ojos, sus brazos se extendieron con desmayo, y dijo.
- Este fervor religioso de Vetusta comenzaba con la Novena de las Ánimas, poco popular, y la muy concurrida del Corazón de Jesús, no cesando hasta que se celebraba la más famosa de todas, la de los Dolores, y la poco menos favorecida de la Madre del Amor Hermoso, en el florido Mayo, esta última.
- Se comenzaba a decir con expresión respetuosa don Baldomero cada vez que se nombraba al general Espartero, y todos callaban para escuchar religiosamente a don Lucas, el beneficiado de San Juan, un cura que el 23 había emigrado a Londres por liberal, y que pronunciaba conmovedores discursos hablando del pobre Riego, a quien comparaba con Bravo, Padilla y Maldonado.
- Ahora lo mejor de la población, el ensanche de Vetusta iba por aquel lado, y si bien el Espolón y sus inmediaciones se respetaron, a pocos pasos comenzaba el ruido, el movimiento y la animación de los hoteles que se construían, de la barriada colonial que se levantaba como por encanto, según El Lábaro, para el cual diez o doce años eran un soplo por lo visto.
- Y no contento con las largas conversaciones que allí sostenía con su novia, todavía por las mañanas, a la hora en que Amparo estaba en el tocador, las criadas en el Mercado y la mamá en la cama, subía la escalera, y en el rellano, ante la puerta entreabierta de la habitación, hablaba más de una hora con Conchita, hasta que se levantaba doña Manuela y comenzaba el movimiento de la casa.
- La viuda, siempre sonriente, se asombraba de sus frases de doble sentido, de los guiños picarescos con que acompañaba sus palabras, y hasta le parecía ¡oh poder de la ilusión! que había en su persona un perfume extraño que comenzaba a crispar los nervios de doña Manuela, algo del ambiente de aquella mala piel de la calle del Puerto, que el protector se había traído sin duda a su hogar honrado.
- Y el poeta, envidiando su alegría, seguía en su puesto, iluminado por la última crepitación de la hoguera, desfallecido de hambre y de dolor, llorando de veras ahora que comenzaba a verse en la obscuridad, esperando algo vago e indeterminado, sin fuerzas para hacer nada y estremeciéndose al oír aquella voz tenue como un hilillo de seda, que se quebraba al llegar a lo más alto de la romanza, ahogándola con sus aplausos los complacientes convidados de la mamá.
- Yo, como estaba hecho al vino, moría por él, y viendo que aquel remedio de la paja no me aprovechaba ni valía, acordé en el suelo del jarro hacerle una fuentecilla y agujero sotil, y delicadamente con una muy delgada tortilla de cera taparlo, y al tiempo de comer, fingiendo haber frío, entrábame entre las piernas del triste ciego a calentarme en la pobrecilla lumbre que teníamos, y al calor della luego derretida la cera, por ser muy poca, comenzaba la fuentecilla a destillarme en la boca, la cual yo de tal manera ponía que maldita la gota se perdía.