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Ejemplos de oraciones con la palabra conde

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra conde en el contexto de una oración.

Término conde: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "conde" aquí tienes una selección de 21 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra conde para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Ya sabéis que me le han hecho conde.
  • Era contemporánea del Conde Duque de Olivares.
  • El conde de Haussonville fué la alegría de la mesa.
  • De Jerwis no se habría llamado Lord Conde de San Vicente.
  • Se señalaba también al conde de Barrot y a un marqués navarro.
  • Md., en viendo el cuello abierto y mi presencia, que era un conde de Irlos.
  • Don Carlos, padre de Ana, era el primogénito de un segundón del conde de Ozores.
  • El Conde de Aranda, como usted sabe, condenó desde el principio esta funesta guerra con la República.
  • El conde, hombre de unos cuarenta años, alto, grueso, derecho, rubio, hablaba en un castellano grotesco.
  • La conversación entre el conde de Haussonville y Asenchio Lapurrá era de lo más dislocada y pintoresca.
  • Inmuebles que el difunto Fraile había adquirido por poco dinero, prestando usurariamente a un conde tronado.
  • Pues en la segunda campaña, al mando del Conde de la Unión, también escarmenté de lo lindo a los republicanos.
  • Md., que le quiero servir de maestresala, que solía, Dios le tenga en el cielo (y nombramos un señor muerto, duque o conde), gustar más de verme partir que de comer.
  • Que Manrique se enamora de Leonor, y que el conde también se enamora, y se la disputan hasta que ella y el perdulario del poeta amén de la gitana, se van al otro barrio, ¿y qué?
  • Y súbese por la calle arriba con tan gentil semblante y continente, que quien no le conociera pensara ser muy cercano pariente al conde de Arcos, o a lo menos camarero que le daba de vestir.
  • El primer conde de Trujillo está casado con una de las hijas del famoso negociante Casarredonda, que hizo colosal fortuna vendiendo fardos de Coruñas y Viveros para vestir a la tropa y a la Milicia Nacional.
  • Afortunadamente, el viejecillo antipático no se sentaba a la mesa y en cambio estaban un legitimista francés, el conde de Haussonville, de la legación extranjera, y un joven comandante carlista llamado Iceta.
  • Marcial había navegado en el Conde de Regla, en el San Joaquín, en el Real Carlos, en el Trinidad, y en otros heroicos y desgraciados barcos que, al parecer derrotados con honra o destruidos con alevosía, sumergieron con sus viejas tablas el poderío naval de España.
  • Mas ¡vótote a Dios!, si al conde topo en la calle y no me quita muy bien quitado del todo el bonete, que otra vez que venga, me sepa yo entrar en una casa, fingiendo yo en ella algún negocio, o atravesar otra calle, si la hay, antes que llegue a mí, por no quitárselo.
  • Y cuando cayó en sus manos El conde de Montecristo, paseábase por la trastienda, mirando los fardos apilados con la misma expresión que si en vez de paños, percales e indianas contuviesen un enorme tesoro, toneladas de oro en barras, celemines de brillantes, lo suficiente, en fin, para comprar el mundo.
  • Verdad que al legítimo marqués de Ulloa, que era Grande de España de primera clase, duque de algo, marqués tres veces y conde dos lo menos, nadie le conocía en Madrid sino por el ducado, por aquello de que baza mayor quita menor, aun cuando el título de Ulloa, radicado en el claro solar de Cabreira de Portugal, pudiese ganar en antigüedad y estimación a los más eminentes.