Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "conejo" aquí tienes una selección de 15 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra conejo para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Un conejo grande, casero, hora y media.
- ¡Un conejo! clamaron media docena de voces.
- La señora dio las gracias, con una risita de conejo.
- ¡Y esto es lo que le inquieta a Sarrió! ¿Un conejo casero hora y media?
- Tiempo que un conejo debe estar al fuego, suponiendo que esté recién muerto.
- ¿Para vivir como un miserable conejo y recitar unos cuantos chistes estúpidos?
- Tan brutal energúmeno se conmovía pensando en un conejo al que había domesticado.
- Él porfiaba en taparla con manos y brazos, pegando respingos de conejo montés cautivo y sujeto.
- Acostumbrado a pasarse los días y las noches al sereno, en espera de la liebre, del conejo o de la perdiz.
- Porque un conejo de monte, siempre, desde el origen de las cosas, ha tardado en cocerse más que uno casero.
- Llevaba patillas cortas, que entre los marinos franceses solían llamar patas de conejo, y por debajo de la manga se le veían en las dos muñecas unas anclas tatuadas, de color azul.
- La esposa de Cuadros, que respondía a sus amigas con sonrisas de conejo y parecía muy preocupada por pensamientos tristes y misteriosos, abalanzóse a doña Manuela, saludándola con apretado abrazo y sonoros besos.
- Y allí le hubiera usted visto a Julio unos días después en casa, que fué a devolver las cartas a Niní, con la risa del conejo, cuando mamá le decía con la boca llena que don Prudencio tenía tantos miles de duros y una finca aquí y otra allí.
- Puntas de cigarros adheridas al piso, dos pares de botas inservibles en un rincón, sobre la mesa un paquete de pólvora y en un poyo varios objetos cinegéticos, jaulas para codornices, gayolas, collares de perros, una piel de conejo mal curtida y peor oliente.
- El comedor era interior, con tres ventanas al patio, su gran mesa y aparadores de nogal llenos de finísima loza de China, la consabida sillería de cuero claveteado, y en las paredes papel imitando roble, listones claveteados también, y los bodegones al óleo, no malos, con la invariable raja de sandía, el conejo muerto y unas ruedas de merluza que de tan bien pintadas parecía que olían mal.