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Ejemplos de oraciones con la palabra conejos

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra conejos en el contexto de una oración.

Término conejos: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "conejos" aquí tienes una selección de 14 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra conejos para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Pero para matar conejos, prefería quedarse en casa.
  • El cazador que persigue zorras y conejos cazaría hombres si pudiera.
  • Los amos, conejos miedosos, se habían vuelto ahora lobos intratables.
  • Cazaba sin saber lo que eran las perdices, ni las liebres y conejos, por dentro.
  • Los desdichados negros se asustaban, echaban a correr y los moros los iban cogiendo como conejos.
  • Viose por fin desde el rellano la cara de don Juan, animada por su falsa risita, que recordaba la de los conejos.
  • Y por atajos y vericuetos sólo practicables para los conejos y para él, Perucho se lanzó tras la pista de su abuelo.
  • Cabritos, pollos, anguilas, truchas, pichones, ollas de vino, manteca y miel, perdices, liebres y conejos, chorizos y morcillas.
  • El sobrino y la cocinerita entraron sin hacer ruido en sus respectivas madrigueras, como los conejos cuando oyen los pasos del cazador.
  • Saltaban en las sendas los pardos conejos, con su sonrisa marrullera, enseñando, al huir, las rosadas posaderas partidas por el rabo en forma de botón.
  • Liebres, conejos, perdices, arceas, salmones, truchas, capones, gallinas, acudían mal de su grado a la cocina del Marqués, como convocados a nueva Arca de Noé, en trance de diluvio universal.
  • Pasó aquella galerna de fanatismo, y el Arcipreste, que no lo era entonces, sobrenadó con su cargamento de bucólicas inocentadas, bienquisto de todos, menos de conejos y perdices en los montes.
  • Amaneció aquel día, y los veintitrés pequeñuelos de Dios que yo había recogido y que estaban en una casucha baja y húmeda de la calle de Zarzal, aposentados como conejos, no tenían qué comer.
  • Cloqueaban las gallinas, cantaba el gallo, saltaban los conejos por las sinuosidades de un gran montón de leña tierna, y vigilados por los dos hijos pequeños de Teresa, flotaban los ánades en la vecina acequia y correteaban las manadas de polluelos por los rastrojos, piando incesantemente, moviendo sus cuerpecillos sonrosados, cubiertos apenas de fino plumón.