Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "confesarse" aquí tienes una selección de 15 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra confesarse para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Porque a Sócrates nadie le mandó confesarse.
- La llevaron a la iglesia de la aldea y la hicieron confesarse.
- Cuando le daba por ahí, iba a misa, y aun se le ocurría confesarse.
- Trabuco tenía que confesarse inferior a este que era su bello ideal.
- Cuando él tenía mucha influencia sobre una mujer, la prohibía confesarse.
- A la tercera o cuarta vez se comulgaba sin confesarse sin el menor escrúpulo.
- Don Fermín dijo, primero, sonriendo, que él también quería confesarse con ella.
- Sabía que la mujer devota, cuando no es muy discreta, al confesarse delata flaquezas de todos los suyos.
- IV EN EL AISLAMIENTO LA madre de Andrés, navarra fanática, había llevado a los nueve o diez años a sus hijos a confesarse.
- Dicen que cuando uno se muere y no halla cura con quien confesarse, debe decir lo que tiene en la conciencia al primero que encuentre.
- Sintiendo quizá remordimientos en su corazón endurecido, llamó a su presencia a un misionero de Parrachagua, para confesarse con él.
- Si algún día su amistad con Ana Ozores llegaba al punto de poder él confesarse ante ella también y decirle cuál era su ambición, ella, que tenía el alma grande, de fijo le absolvería de los pecados cometidos.
- Por esta última razón no incurría en la humildad de confesarse indigno de tal joya, pues su amor propio iba siempre por delante de todo, y teníase por merecedor de cuantos bienes disfrutaba o pudiera disfrutar en este bajo mundo.
- En efecto, Mauricia empezó a sentirse alegre, y con la alegría vínole una viva disposición del ánimo para la obediencia y el trabajo, y tantas ganas le entraron de todo lo bueno, que hasta tuvo deseos de rezar, de confesarse y de hacer devociones exageradas como las que hacía Sor Marcela, que, al decir de las recogidas, llevaba cilicio.
- Otro, hizo la observación de que sus ojos eran ardientes ascuas, imagen del dominio común de todos los novelistas por él conocidos, una noche hasta llegó a pensar, revolviéndose en su menguada cama de dependiente, que la hija de don Manuel estaría admirablemente formada, a juzgar por su exterior escultural otra frase cien veces leída, y el resultado de estas y otras observaciones fue confesarse a sí mismo que era esclavo de Manolita y la amaría hasta la muerte.