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Ejemplos de oraciones con la palabra confesor

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra confesor en el contexto de una oración.

Término confesor: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "confesor" aquí tienes una selección de 56 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra confesor para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Soy un confesor.
  • El confesor es médico higienista.
  • ¿Su mismo confesor la comprometía?
  • Tengo que traerle a usted un confesor.
  • Ya sabrás que le ha tomado de confesor.
  • Quedaron solos el enfermo y el confesor.
  • ¿Pero tú eres un médico o un confesor?
  • Volvieron a quedar solos Ana y su confesor.
  • ¿Te parece bien ese modo de escribir al confesor?
  • Notó Ana que su confesor no sabía lo que decía.
  • Pero mejor era su suerte en lo tocante al confesor.
  • Aquí el débil no es el confesor, sino la penitente.
  • Anita, en la postdata de su última carta decía al confesor.
  • , hablando ahora como si estuviéramos delante de un confesor.
  • No quiso Ana contradecir este deseo del confesor y transigió.
  • Benítez cuando se decide a hablar parece también un confesor.
  • Lo sabrá también el confesor de Jacinta, si es que lo ha confesado.
  • No se avergonzó de que su confesor la hubiera visto en tal situación.
  • Quería ver al confesor y al diablo, al tentador, uno en frente de otro.
  • Era indispensable escoger con cuidado el confesor, cuando se trataba de ponerse en cura.
  • El confesor de Anita, Ripamilán, oyó la proposición de la joven como quien oye llover.
  • El Arcipreste clavaba los ojuelos negros y punzantes en el Magistral, confesor de Obdulia.
  • El Arcipreste, el célebre don Cayetano, ha rogado a Anita que cambie de confesor, porque.
  • Y además se permitía Ana interesarse por los bienes puramente temporales de su confesor.
  • Yo creo dijo Belén, después de una grave pausa, que eso debes consultarlo con el confesor.
  • No pudo al fin con esta soledad y decidió llevar a su confesor, al padre Alvarez, su congoja.
  • Ana callaba, meditando las palabras del confesor, recogida, seria, abismada en sus reflexiones.
  • Aquel confesor le tenía gran afición, pero estaba perdido por culpa de unos amores sacrílegos.
  • Las damas de ciertas pretensiones habían llegado a considerar en el Magistral el único confesor de buen tono.
  • Aunque tanto quería a su confesor, Ana muchas horas le olvidaba por completo como a todas las cosas del mundo.
  • ¿No ve usted, hija mía, que he sido confesor de las Arrepentidas de Toledo durante cinco años largos de talle?
  • Le había indicado, aunque por medio de indirectas, que convenía, al mudar de confesor, hacer confesión general.
  • Además, Ana, puesto que defendía su virtud, creía prudente ocultar todo lo que fueran personalidades al confesor.
  • Quiero que se acostumbre a ver a su nuevo confesor de cerca, para que se convenza de que es un hombre como los demás.
  • Ana afectuosa, lánguida todavía, había estrechado la mano a su confesor, que sin darse cuenta, prolongó cuanto pudo el contacto.
  • XII AL fin Gertrudis no pudo con su soledad y decidió llevar su congoja al padre Alvarez, su confesor, pero no su director espiritual.
  • ¡pareces un confesor! Gertrudis tomó la mano de su hermana, con otra le hizo levantar la frente, le clavó los ojos en los ojos y le dijo.
  • Sí, este cura quiere hacer lo mismo que yo, sólo que por otro sistema y con los recursos que le facilita su estado y su oficio de confesor.
  • Estaba pensando que Ana, después de aquella locura que cometía por el confesor, por De Pas, haría otras mayores por el amante, por Mesía.
  • Pero la verdad, en el hospital no se las veía más que cuidarse de cuestiones administrativas y de llamar al confesor cuando un enfermo se ponía grave.
  • La persona que familiar y cariñosamente llamaban algunos la rata eclesiástica, infundíale más respeto que un confesor, más que un obispo, más que el Papa.
  • Confesábase Gertrudis con el confesor de Ramirín, y era para, dirigiendo al director del muchacho en la dirección de éste, ser ella la que de veras le dirigiese.
  • ¡Y aquel proyecto, aquel irrevocable propósito de hacer ver a toda Vetusta en ocasión solemne que la Regenta era sierva de su confesor, que creía en él con fe ciega!
  • ¿No podía ella, el día tal vez próximo, en que necesitara consuelo espiritual, correr al confesonario y persuadir al confesor, a don Fermín, de que ella no era lo que él se figuraba?
  • En esta época, el confesor era un curita joven llamado don Félix, hombre de apariencia tranquila y dulce que ocultaba vagas ambiciones de dominio bajo una capa de mansedumbre evangélica.
  • Ana recogió sus fuerzas, atendió a la realidad, a lo que le preguntaban, con intensidad, luchando con el confesor, batiéndose por su interés que era ocultar lo más hondo de su pensamiento.
  • Pero además hacía algunas semanas que se hablaba mucho de la Regenta, se comentaba su cambio de confesor, que por cierto coincidía con el afán del señor Quintanar, de llevar a su mujer a todas partes.
  • Doña Águeda, mujer débil, fanática y entermiza, de muy poco carácter, estaba dominada constantemente en las cuestiones de la casa por alguna criada antigua y en las cuestiones espirituales por el confesor.
  • Jamás el Arcipreste, ni confesor alguno había prohibido a la Regenta esta voluptuosidad de distender a sus solas los entumecidos miembros y sentir el contacto del aire fresco por todo el cuerpo a la hora de acostarse.
  • Aquel plan, que no tenía preparado, que era sólo una idea vaga que había desechado mil veces por temeraria, había sido un atrevimiento de la pasión, que podía haber asustado a la Regenta y hacerla sospechar de la intención de su confesor.
  • Habíale hechizado una mujer con malas artes, con un idolillo puesto al cuello, y no cesó el mal hasta que la Santa, por la gran afición que su confesor le tenía, logró que él le entregase el hechizo, aquel ídolo que era prenda del amor infame.
  • Se había dicho allí con más o menos prudencia, que el señor Magistral iba a ser en adelante el confesor de la señora doña Ana de Ozores de Quintanar, porque esta ilustre y virtuosísima dama, huyendo de las asechanzas de un galán, que no era el señor Ronzal.
  • Antes de la reacción religiosa que en Vetusta, como en toda España, habían producido los excesos de los libre pensadores improvisados en tabernas, cafés y congresos, era el Arcipreste el confesor de la nata de la Encimada, porque tenía la manga ancha en ciertas materias.
  • De lo que él estaba seguro era del efecto profundo y saludable que en semejante mujer tenían que producir las bellezas del culto el día en que ella las presenciara con atención y dispuesto el ánimo a las sensaciones místicas por aquella excitación nerviosa, de cuyos accesos tantas noticias tenía ya el confesor diligente.
  • ¡Oh de qué manera tan terrible acababa aquel día que había tenido por feliz, aquel día en que se presentaba un compañero del alma, el Magistral, el confesor que le decía que era tan fácil la virtud! Sí, era fácil, bien lo sabía ella, pero si le quitaban la tentación no tendría mérito, sería prosa pura, una cosa vetustense, lo que ella más aborrecía.
  • Pero con la gente grave y de buen consejo, v.g., su confesor don Vicente el canónigo, y Julián, aquel pedazo de sus entrañas elevado a la más alta dignidad que cabe en la tierra, ¿quién le vedaba el gustazo de juzgar a su modo la conducta del amo y las señoritas, de alardear de discreción, censurando melosa y compasivamente algunos de sus actos que ella si fuese señora no realizaría jamás, y de oír que personas de respeto alababan mucho su cordura, y conformaban del todo con su dictamen?