Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra confuso

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra confuso en el contexto de una oración.

Término confuso: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "confuso" aquí tienes una selección de 26 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra confuso para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Permanecí confuso por largo rato.
  • Se volvió y se incorporó confuso.
  • Se queda uno confuso y haciendo mil cálculos.
  • Se levantó de la silla confuso, lleno de vergüenza.
  • Perucho se quedó algunos instantes suspenso y confuso.
  • Poco después cesó el ruido apagado y confuso de voces.
  • Todo eran motivos para que se sintiese confuso y atolondrado.
  • Tan turbado y confuso le dejó la orden de abandonar sus tierras.
  • Llegaba hasta Batiste el confuso rumor de un hervidero invisible.
  • Chonito, confuso, miraba al que había disparado, a la escopeta y al suelo.
  • Humilló los suyos don Custodio y pasó cabizbajo, confuso, aturdido en dirección al coro.
  • El confuso montón de objetos retirados allí por inservibles y pudriéndose en los rincones.
  • Balbuceó el marido confuso, como casi siempre le ocurría, ante la inesperada interpelación de su cuñada.
  • Pero el momento de la confesión se acercaba, y el pecador estaba algo confuso, sin saber cómo iba a salir de ella.
  • Era el choque de las monedas, pero el ruido era confuso, podía conocerse sabiendo antes que estaban contando dinero.
  • El capellán comenzaba a sentirse confuso viendo en ausencia suya tanto arreglo, y a temer que su venida lo trastornara.
  • Estaba confuso, considerando si acaso, con el miedo y la turbación, sin sentirlo, había hecho aquella vileza, o si entre sueños.
  • Se sorprendía sintiendo un bienestar confuso cuando funcionaba en ella la lógica regularmente y creía en las leyes morales y se veía criminal, claramente criminal, según principios que su razón acataba.
  • En un santiamén recogió los naipes, y el capellán bajó, algo confuso de su espionaje involuntario, pero tan preocupado con lo que creía haber sorprendido, que ni se le ocurrió censurar el ejercicio de la hechicería.
  • ¡Malhaya el dignísimo Obispo, salvo el respeto debido, malhaya el dignísimo Obispo don García Madrejón que consintió este confuso acervo de adornos y follajes, quinta esencia de lo barroco, de la profusión manirrota y de la falsedad.
  • Acostáronme, y quedé aquella noche confuso, viendo mi cara de dos pedazos y tan lisiadas las piernas de los palos, que no me podía tener en ellas ni las sentía, robado, y de manera que ni podía seguir a los amigos, ni tratar del casamiento, ni estar en la Corte, ni estar fuera.
  • Ana, apoyada la cabeza en las sobadas almohadillas de aquel coche viejo, cerraba los ojos, fingía dormir y escuchaba el ruido atronador y confuso de vidrios, hierro y madera de la diligencia desvencijada, y se le antojaba oír en aquel estrépito los últimos gritos de la despedida.
  • ¡De dónde ha salido este chico así! decía, y experimentaba al pensar en él un sentimiento confuso de amor y de pena, solo comparable con el asombro y la desesperación de la gallina, cuando empolla huevos de pato y ve que sus hijos se zambullen en el agua sin miedo y van nadando valientemente.
  • Los que corrían se atropellaban, y la verdad histórica exige que se declare, por más que parezca inverosímil, que muy a menudo aquellos chicos que corrían como locos todos juntos por la estrecha galería, huyendo del látigo, caían al suelo en confuso montón, mientras el zurriago les medía las espaldas.
  • Sobre el zumbido confuso y monótono que producían los miles de conversaciones sostenidas a la vez en toda la plaza, destacábanse los gritos de los vendedores sin puesto fijo, agudos y rechinantes unos, como chillido de pájaro pedigüeño, graves y foscos otros, como si ofreciesen la mercancía con mal humor.
  • Y mientras abajo sonaba el ruido confuso y gárrulo de las despedidas y preparativos de marcha, y detrás el estrépito de los que corrían en la galería, y allá en el cielo, de tarde en tarde, el bramido del trueno, la Regenta, sin notar las gotas de agua en el rostro, o encontrando deliciosa aquella frescura, oía por la primera vez de su vida una declaración de amor apasionada pero respetuosa, discreta, toda idealismo, llena de salvedades y eufemismos que las circunstancias y el estado de Ana exigían, con lo cual crecía su encanto, irresistible para aquella mujer que sentía las emociones de los quince años al frisar con los treinta.