Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "coro" aquí tienes una selección de 84 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra coro para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- El coro.
- Entró en el coro.
- ¿Vienes del coro?
- Sería uno un coro.
- II El coro había terminado.
- Ya había terminado el coro.
- Y cantaban los del coro bajo.
- Va al coro dijo una de las damas.
- Hubo en la mesa un coro compasivo.
- ¡El escándalo! repetía el coro.
- ¿De modo que hoy tampoco vas a coro?
- Y los grillos abren su coro rítmico.
- gritaban a coro los de la blusa blanca.
- Entró en el coro y se fue a su rincón.
- Ciento y tantas oraciones sabía de coro.
- Pero ayudo a mi señor concluyó el coro.
- Entró en el coro, y se lo dijo a Glocester.
- Y después, sacristán y fieles, a coro, dicen.
- Pero él entró en el coro menos tranquilo que solía.
- Se oyó en el interior un coro de exclamaciones y de gritos.
- Batiste, excitado por el coro de gemidos, se levantó furioso.
- La valla que corre del coro a la capilla mayor estaba cerrada.
- Dentro de un rato sí, ¡a coro a coro! ¡Tal vez a decir misa.
- Las Josefinas permanecían en la habitación que hacía de coro.
- La ronda la presidía el señor Magistral, de roquete y capa de coro.
- Sin detenerse pasó el Magistral junto a la puerta de escape del coro.
- No pensaba más que lo suficiente para seguir vegetando y asistiendo al coro.
- La una conducía a la sacristía, la otra a la habitación que hacía de coro.
- Un coro estridente de ranas despidió al sol desde un charco del prado vecino.
- Que al día siguiente, después del coro, el Magistral la esperaba en su capilla.
- Después un coro de voces lúgubres entonaron la primera estrofa del De profundis.
- Y la sacrílega, al llegar bajo el coro, empezaba a sentir miedo de aquella mirada.
- Todos llorando en coro, y el otro cogiendo figuras y estrellándolas contra el suelo.
- Solía hacerlo a la hora del coro, por la mañana o por la tarde, según le convenía.
- En el coro daban señales de vida violines y flautas con quejidos y suspiros ahogados.
- No se crea por esto que eran íntimos amigos los aficionados a platicar después del coro.
- Humilló los suyos don Custodio y pasó cabizbajo, confuso, aturdido en dirección al coro.
- Aquella mañana cumplió en el coro como el mejor, y sintió no ser hebdomadario para lucirse.
- Recordaba haber visto muchas tardes al señor Magistral subir a la torre antes o después de coro.
- Toda la servidumbre de la casa se plantó a estilo de coro de zarzuela ante el sillón de la señora.
- Don Fermín se revolvía en la silla de coro, cuyo asiento duro se le antojaba lleno de brasas y de espinas.
- No hay averías importantes dijo Martín .¡Adelante! Los viajeros entonaban un coro de quejas y de lamentos.
- Treinta y seis había asistido al coro de aquella iglesia y podía tenerse por tan vetustense como el primero.
- El primer disgustillo que tuvo De Pas aquel verano fue esta noticia, que le dieron en el coro, por la mañana.
- Cantaba en el coro los estribillos de muy dudoso gusto con que se celebraba la presencia del Dios Sacramentado.
- Da vez en cuando enmudecía el coro y sonaba majestuosa la voz de don Joaquín soltando su chorro de sabiduría.
- Ver a un hombre gordo contoneándose marcando el trasero y moviendo las nalguitas, y hacer coro a la gente que grita.
- Catalina cantaba en el coro y Martín la oía, como en la infancia, cuando en la iglesia de Urbia entonaba el Aleluya.
- Y poniéndose colorado como una amapola en la penumbra de su asiento, que estaba en un rincón del coro alto, pensaba.
- Ellas eran las encargadas de oír la campana del coro, de apuntar las misas, de cuanto se refería a los asuntos del rito.
- él mismo, vestido de canónigo con traje de coro, casaba en la iglesia parroquial del Vivero a don Álvaro y a la Regenta.
- Soltó el cántaro, que se hizo pedazos, mojando á las muchachas más inmediatas, que protestaron á coro llamándola bestia.
- No era De Pas de los que solían quedarse al tertulín, como llamaban a la sabrosa plática de la sacristía después del coro.
- En el coro han saboreado primores del relieve, si no de un Berruguete, de un Palma Artela, desconocido, pero sublime artífice.
- Cuando posaba para la hora del coro así se decía Bismarck sentía en sí algo de la dignidad y la responsabilidad de un reloj.
- El cabildo no hablaría de otra cosa aquella mañana cuando se juntaran, después del coro, los señores canónigos del tertulín.
- Se dirigió a la catedral y se sentó sobre la tarima que había en medio del crucero, desde el coro a la capilla del Altar mayor.
- Toda la mañana estaban las niñas diciendo a coro sus lecciones, con un chillar cadencioso y plañidero que se oía en toda la casa.
- Doña Lupe fue de la misma opinión, y Maximiliano pidió permiso para retirarse, siéndole concedido con otro coro de lamentaciones.
- ¿Qué pájaro me habrá dicho a mí que doña Rufinita no quiere ser buena, y enreda en la iglesia y descompone el coro cuando canta?
- Cuando yo era párroco de las Veguellinas, jilgueros y alondras y hasta pardales cantaban y silbaban en el coro y era una delicia oírlos.
- Pero Dios ya no se le aparecía en la idea de su soledad sublime, sino presidiendo amorosamente el coro de los mundos, la creación infinita.
- Detrás del coro, en lo alto de las naves laterales, las ventanas y rosetones dejaban pasar la luz deshaciéndola en rojo, azul, verde y amarillo.
- De este se despojó don Fermín, después de acercarse a un armario y muy gravemente vistió el ajustado roquete, la señoril muceta y la capa de coro.
- Y en el fondo, invadiendo la barraca de Pimentó y perdiéndose más allá de la puerta obscura, toda la gente del contorno, el aterrado coro de la tragedia.
- Cantaba todo el pueblo y el órgano, como un padre, acompañaba el coro y le guiaba por las regiones ideales de inefable tristeza consoladora, de la música.
- La capilla de la catedral se trasladó en masa al coro de San Isidro reforzada por algunas partes rezagadas de la última compañía de zarzuela, que había tronado en Vetusta.
- No había más luz que aquella esparcida por las naves, el trasaltar y el trascoro, y los cirios del altar y las velas del coro que brillaban a lo lejos, en alto, como estrellitas.
- Gran enemigo del coro y de comer en el convento, perdido por andar fuera, amicísimo de negocios seglares y visitar, tanto que pienso que rompía él más zapatos que todo el convento.
- Cuando comenzaban las lecciones y los ensayos de coro, las niñas se levantaban, se repartían en secciones por el tablado, formaban círculos, los deshacían, como bailarinas de ópera.
- Apoyada la cabeza en la valla dorada, fría como un carámbano, la Regenta estuvo oyendo misa desde lejos, rezando oraciones que no terminaban y soñando despierta hasta que concluyó el coro.
- La batalla de Lácar no hizo más que enriquecer el repertorio de las canciones de la guerra con una copla que más que para soldados parecía escrita para el coro de señoras de una zarzuela, y que decía así.
- Y después que el órgano dijo lo que tenía que decir, los fieles cantaron como coro monstruo bien ensayado el estribillo monótono, solemne, de varias canciones que caían de arriba como lluvia de flores frescas.
- Muchas veces, en el mes de Mayo, cuando pasaban Tellagorri y Martín por la orilla del río, al cruzar por detrás de la iglesia, llegaba hasta ellos las voces de las niñas, que cantaban en el coro las flores de María.
- Arrellanado en su sitial del coro alto, manoseando los relieves lúbricos de los brazos de su silla, De Pas, mientras los colegiales ponían el grito en el cielo, comentaba, como si rumiara, las revelaciones de la Regenta.
- Pasaban los grupos de airosas hilanderas con un paso igual, moviendo garbosamente el brazo derecho, que cortaba el aire como un remo, y chillando todas á coro cada vez que algún mocetón las saludaba desde los campos vecinos con palabras amorosas.
- El vocerío era grande en torno de los ojos inflamados de los coches, y el público esperaba impacientemente el momento de emprender el viaje, entonando canciones a coro, en las cuales, sobre las voces aguardentosas, destacábanse otras jóvenes, claras, argentinas.
- Vetusta, la muy noble y leal ciudad, corte en lejano siglo, hacía la digestión del cocido y de la olla podrida, y descansaba oyendo entre sueños el monótono y familiar zumbido de la campana de coro, que retumbaba allá en lo alto de la esbelta torre en la Santa Basílica.
- Bismarck, un pillo ilustre de Vetusta, llamado con tal apodo entre los de su clase, no se sabe por qué, empuñaba el sobado cordel atado al badajo formidable de la Wamba, la gran campana que llamaba a coro a los muy venerables canónigos, cabildo catedral de preeminentes calidades y privilegios.
- Y por si no bastase tanto ruido, las hilanderas, según costumbre tradicional, cantaban á coro con voz gangosa el Padre nuestro, el Ave María y el Gloria Patri, con la misma tonadilla del llamado Rosario de la Aurora, procesión que desfila por los senderos de la huerta los domingos al amanecer.
- Aunque era don Cayetano canónigo y tenía nada menos que la dignidad de arcipreste, que le valía el honor de sentarse en el coro a la derecha del Obispo, considerábase él digno de respeto y aun de admiración no por estos vulgares títulos, ni por la cruz que le hacía ilustrísimo, sino por el don inapreciable de poeta bucólico y epigramático.
- Y las comadres de la huerta, sin perjuicio de olvidarse alguno que otro sábado de los dos cuartos de la escuela, respetaban como un ser superior á don Joaquín, reservándose un poco de burla para la casaquilla verde con faldones cuadrados que se endosaba los días de fiesta, cuando cantaba en el coro de la iglesia de Alboraya durante la misa mayor.
- Buscó el olor del incienso, los resplandores del altar y de las casullas, el aleteo de la oración común, el susurro del ora pro nobis de las masas católicas, la fuerza misteriosa de la oración colectiva, la parsimonia sistemática del ceremonial, la gravedad del sacerdote en funciones, la misteriosa vaguedad del cántico sagrado que, bajando del coro nada más, parece descender de las nubes.
- Sobre el suelo, con las patas atadas, recordando tal vez en aquella atmósfera de sofocación y estruendo las tranquilas llanuras de la Mancha o las polvorientas carreteras por donde vinieron siguiendo la caña del conductor, estaban los pavos, con sus pardas túnicas y rojas caperuzas, graves, melancólicos, reflexivos, formando coro como conclave de sesudos cardenales y moviendo filosóficamente su moco inflamado, para lanzar siempre el mismo cloc cloc cloc prolongado hasta lo infinito.