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Ejemplos de oraciones con la palabra corona

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra corona en el contexto de una oración.

Término corona: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "corona" aquí tienes una selección de 24 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra corona para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Yo pongo sobre tu cabeza la corona de mujer honrada.
  • Cuando ella salió del convento con corona de honrada para casarse.
  • Una lápida preciosa, con el nombre de la difunta y una corona de rosas.
  • ¡Silencio digo! silencio y obediencia o duerme usted en la cárcel de la corona.
  • Arrodillóse, y rezó la media corona, contando por los dedos de la mano cada diez.
  • La malva, el polichinela, el borrego será un tigre, y del Provisorato te echa a la cárcel de corona.
  • ¡Qué dices, mujer! Que Don Amadeo, cansado de bregar con esta gente, tira la corona por la ventana y dice.
  • Vinieron los acólitos y ya yo estaba con un tocador en la cabeza por disimular la corona y fingir la enfermedad.
  • La edad viril le había enseñado y dado a conocer cuánto es el mérito y debe ser la corona del sacerdote puro.
  • ¡Corona de rosas! exclamó la de los Pavos, que con toda su diplomacia no supo disimular un ligero acento de ironía.
  • La Curriqui volvía el día de Reyes a su escenario de Aguirreche, con una capa blanca y una corona de latón, a cantar otras canciones.
  • También andaba por el suelo la corona real, triturada por las suelas de las botas, y el cetro de toda autoridad corría la misma suerte.
  • David, con corona de latón, barba de crin y el floreado manto barriendo los adoquines, avanzaba pulsando los bramantes de su arpa de madera.
  • ¡Qué iglesia tan pobre! Más bien parece la casuca de un aldeano, conociéndose únicamente su sagrado destino en la cruz que corona el tejadillo del pórtico.
  • Aquí es dijo Ballester, señalando la gran losa de cantería de Novelda, en cuyo extremo superior había una corona de rosas, bastante bien tallada, debajo del R.I.P.
  • Y rematando la robusta fábrica, en la que alternan los bloques ásperos con los escarolados y encajes del cincel, la apretada rúa de almenas cubiertas con la antigua corona real.
  • De vez en cuando un lacayo de librea, un mozo de cordel atravesaban la plaza abrumados por el peso de colosal corona de siemprevivas, de blandones como columnas, y catafalcos portátiles.
  • Por cierto que al instruir estas diligencias se hizo bastante burla de don Pedro y del señor de la Lage, a quien se acusaba de haber bordado la corona de marquesa en un juego de sábanas regalado a su hija.
  • Imágenes manchadas con brochazos de sangriento bermellón, la corona de espinas sobre las lacias y polvorientas melenas que agitaba el viento, una caña entre las manos y a los pies una bandeja con céntimos y un viejo pedigüeño.
  • Al extremo del puente, en una planicie entre dos jardines, frente á las ochavadas torres que asomaban sobre la arboleda sus arcadas ojivales, sus barbacanas y la corona de sus almenas, se detuvo Batiste, pasándose las manos por el rostro.
  • Era el sumo sacerdote de este templo del alcohol, y al querer obsequiar á alguien, sacaba, con tanta devoción como si llevase entre las manos la custodia, un vaso en el que centelleaba el líquido color de topacio con irisada corona de brillantes.
  • ¡Bien, bien! gritaron don Víctor y Edelmira, que cogidos del brazo y a los acordes de la marcha real (decía el ex regente), que tocaba allá dentro Visitación en un piano desafinado, se dirigieron los primeros a la huerta, seguidos de Paco, empeñado en ceñir las canas de don Víctor con una corona de azahar.
  • Todos los chiquillos de su escuela, que le aborrecían de corazón, se agolpaban en calles, plazas y balcones, a ver pasar al señor maestro, con su cruz de cartón al hombro y su corona de espinas al natural, que le pinchaban efectivamente, como se conocía por el movimiento de las cejas y la expresión dolorosa de las arrugas de la frente.
  • ¡Qué faltos estamos, amigo Don José María dijo mi amo, de un buen hombre de Estado a la altura de las circunstancias, un hombre que no nos entrometa en guerras inútiles y mantenga incólume la dignidad de la Corona! Pues cuando yo estuve en Madrid el año último prosiguió el embustero, me hicieron proposiciones para desempeñar la Secretaría de Estado.