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Ejemplos de oraciones con la palabra coronel

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra coronel en el contexto de una oración.

Término coronel: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "coronel" aquí tienes una selección de 40 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra coronel para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Conque ya sabes añadió el coronel.
  • Don Evaristo Feijoo, coronel o no sé qué de milicia.
  • Ahora dijo el simpático coronel retirado, a acostarse.
  • De cómo fue a un pupilaje por criado de don Diego Coronel.
  • Por la otra puerta entró un coronel viejo de la Guardia Civil.
  • El coronel Iglesias dijo Barbarita, que deseaba terminase el relato.
  • Su matrimonio había originado al coronel un rompimiento con su familia.
  • Por ahí duele dijo el ex coronel, arrimándose al partido de Maximiliano.
  • Preguntóle su nombre al estudiante, y él dijo que se llamaba tal Coronel.
  • Noten ustedes que hoy no han venido ni Ronzal, ni el capitán ni el coronel.
  • Al mediodía llegó un coronel, que al ver a Martín le saludó militarmente.
  • Martín le contó sus aventuras, pero el coronel al oírlas frunció las cejas.
  • Poco después Pepe vio salir al coronel Fulgosio y detrás a Somoza el médico.
  • A Manolita le sentaba a maravilla el uniforme de coronel, por su tipo hombruno.
  • El coronel Fulgosio le miró con respeto y aprobó la proposición sin entenderla.
  • Y al ruido se había asomado don Diego Coronel, que vivía en la misma casa de sus primas.
  • Aquellas condiciones las había copiado el coronel de una novela francesa que le había prestado Bedoya.
  • Vamos, vamos dijo el coronel sacudiendo toda aquella argumentación capciosa, como se sacuden las moscas.
  • Porque ha bebido mucho! Ese Juanito decía el coronel a don Frutos el americano me parece un gran pedante.
  • Era hombre de edad, solterón, y vivía desahogadamente de sus rentas y de su retiro de coronel del ejército.
  • Hazme el favor de pegárselo o decirle a Rafaela que se lo pegue, o en último caso llamar al coronel Iglesias.
  • Joaquín, el coronel, que estaba sereno, pero quería que muriese el Magistral, y otros dos o tres comensales borrachos.
  • Eso es, y coma usted mimitos dijo el coronel, haciendo también con sus labios la trompeta más larga que le fue posible.
  • El teniente coronel de ejército Don José Graullé, el teniente de fragata Urías y el guardia marina Don Antonio de Bobadilla.
  • Aquella tarde no asistieron al Casino a la hora del café, como solían, ni Mesía, ni Ronzal, ni el capitán Bedoya ni el coronel Fulgosio.
  • Levantaron los manteles y, estando en esto, vi venir un caballero con dos criados por la huerta adelante, y cuando no me cato, conozco a mi buen don Diego Coronel.
  • Pero los padrinos se habían portado mal, eran torpes, a pesar de las ínfulas del coronel Fulgosio que decía tener el código del honor en la punta de los dedos.
  • Llegábame de todos, a los hijos de caballeros y personas principales, y particularmente a un hijo de don Alonso Coronel de Zúñiga, con el cual juntaba meriendas.
  • Alrededor del lecho estaban los dos médicos, Frígilis que tenía lágrimas heladas en los ojos, Ronzal, estupefacto, y el coronel Fulgosio lleno de remordimientos.
  • Contó el ex coronel aventuras con solteras y casadas, que a su amiga le parecían mentira, y no las habría creído si no las oyera de labios de persona tan verídica y formal.
  • Y no se vaya a creer que le faltaron pretendientes a la viudita, pues había, entre otros, un Don Evaristo Feijoo, coronel de ejército, que le rondaba la calle y no la dejaba vivir.
  • El coronel contestó que por Dios y todos los santos continuasen viviendo donde habían nacido, que él se lo suplicaba por bien de la misma finca, que sin ellas se vendría a tierra.
  • ¡Estómagos, a defenderse! Algunas palabras había cogido la Delfina al vuelo que no tenían, a su parecer, ninguna relación con aquello de las Cortes, el coronel Iglesias y el ministerio Palanca.
  • En muchas batallas demostró grandes conocimientos en el arte de Vauban, construyó duraderos y bien dispuestos fuertes en varias costas, y llegó pronto a coronel de ejército, comandante del cuerpo.
  • Lo cierto era que Fulgosio, el coronel, nunca había presenciado un duelo a pistola, aunque él aseguraba haber asistido a muchos, y Ronzal y Bedoya en su vida habían intervenido en semejantes negocios.
  • En fin, que si no acierta a pasar el coronel Goiri, que me quería mucho, y me coge a la fuerza y me arranca de allí y me lleva a mi casa, aquella tarde sale el redaño de un cura a ver la puesta del sol.
  • El futuro suegro de mi amita, Don José María Malespina, que no tenía parentesco con el célebre marino del mismo apellido, era coronel de Artillería retirado, y cifraba todo su orgullo en conocer a fondo aquella terrible arma y manejarla como nadie.
  • Divulgóse por el pueblo el caso atroz, llegó a oídos de don Alonso Coronel y como no tenía otro hijo, desengañóse de los embustes de Cabra y comenzó a dar más crédito a las razones de dos sombras, que ya estábamos reducidos a tan miserable estado.
  • , y una lindísima chaqueta de grana, con las insignias de coronel bordadas en plata por bocamangas y cuello, herencia de la abuela de don Manuel Pardo, que según costumbre de su época, autorizada por el ejemplo de la reina María Luisa, usaba el uniforme de su marido para montar diestramente a horcajadas.
  • Una hora después en el comedor del Casino que ocupaba una crujía del segundo piso, no lejos de la sala de juego, se sentaban a la mesa presidida por don Pompeyo Guimarán, don Álvaro Mesía, enfrente del protagonista, y en agradable confusión después, sin pensar en preferencias de sitio, Paco Vegallana, Orgaz padre e hijo, Foja, don Frutos Redondo (que acudía a todas las cenas fuesen del partido religioso o político que fuesen), el capitán Bedoya, el coronel Fulgosio, desterrado por republicano, famoso por sus malas pulgas y buena espada, un tal Juanito Reseco, que escribía en los periódicos de Madrid y venía a Vetusta, su patria, a darse tono de vez en cuando, y además un banquero y varios jóvenes de la bolsa de Mesía, trasnochadores abonados del Casino.