Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra correo

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra correo en el contexto de una oración.

Término correo: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "correo" aquí tienes una selección de 26 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra correo para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Llego mañana en el correo.
  • Volvían los esposos de Cádiz en el tren correo.
  • Pues fue con más prisa que un extraordinario el correo.
  • Era la hora del correo y aquel el camino de la estación.
  • Los sellos de correo se venden, las cajas de cerillas también.
  • Pocas veces había tantos lectores, a no ser a la hora del correo.
  • XVII A las once, en el correo, Azorín ha recibido otra carta de Verdú.
  • El poeta Trifón Cármenes también acudía sin falta a la hora del correo.
  • ¡Pero es que este telegrama lo firma Sarrió! ¿Sarrió va a llegar mañana en el correo?
  • Aún no se conocían el sello de correo, ni los sobres ni otras conquistas del citado progreso.
  • ¡ay Dios! entonces no se hablaba más que con el Obispo y el señor Roque el mayoral del correo.
  • A cuenta que yo no pido más que un triste destino pa portear el correo a cualsiquiera parte, y na.
  • También había correspondencia larga, y lo peor del caso es que yo era el correo de los dos amantes.
  • Esta mañana, lo ha visto medio Vetusta, al ir Mesía a tomar el tren de Madrid, el correo, el que sube.
  • Recogí las cartas en el correo, y en la primera que leí mi madre me decía que la abuela había muerto.
  • ¡Qué malo que estoy, hijo mío, y cuánto me alegraría de poder abrazarte! Te espero mañana en el correo.
  • Pero, cuando salió El Correo de Lúzaro, todos los amigos me instaron para que publicase mis memorias en el periódico.
  • Felizmente, el portero estaba en la esquina de la calle de la Paz hablando con un conductor del coche correo, y al punto oyó la voz de su señorita.
  • Pues amigo, una noche el ex capellán del vapor correo se lió la manta y le dio tal paliza a Rubín, que este hubo de salir con las manos en la cabeza.
  • Nos reímos en casa un poco de estos elogios y comencé a publicar mi diario en El Correo de Lúzaro y a pagar periódicamente las facturas de la imprenta.
  • El segundo era cura de tropa, echado del servicio por no sé qué desafueros, y el tercero ex capellán de un vapor correo expulsado porque le cogieron contrabando de tabaco.
  • ¡Se decían tantas cosas del coche de camino! Su figura se aproximaba a las sillas de posta antiguas, que todavía hacen el servicio del correo en Madrid desde la Central a las Estaciones.
  • Se salía al ser de día, en el tren correo, se llegaba a Roca Tajada una hora después, y a las diez de la noche entraban en Vetusta silenciosos, cargados de ramilletes de pluma y como sopa en vino.
  • Estuve ausente de Lúzaro una semana para llevar mi segundo hijo al colegio, y al volver de mi viaje me encontré con que El Correo había pasado a mejor vida, y mis memorias quedaban colgadas en lo que yo consideraba más interesante.
  • ¡Oh! si no fuera porque ella quería tener contento al Magistral, no serviría más tiempo a la hipócrita que la utilizaba como correo secreto y no le daba una mala propina, ni le decía palabra de sus trapicheos ni le ponía una buena cara, a no ser aquella de beata bobalicona con que engañaba a todos.
  • Soy yo, soy yo el que tiene la culpa, que suben sesenta escalones, y otros sesenta, y otros cincuenta para hacer un favor al amigo del amigo de un amigo, que contestan las cartas a correo vuelto, que lanzan largos telegramas entusiastas por nimias felicitaciones, que son buenos, que son sencillos, que son grandes.