Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra creciente

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra creciente en el contexto de una oración.

Término creciente: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "creciente" aquí tienes una selección de 13 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra creciente para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • La luna está en creciente.
  • Todos, en su furia creciente, acudían á Pimentó.
  • Cada día, la creciente masa de ladrillos tapaba una línea de paisaje.
  • La luna, en creciente, aparecía envuelta en nubes, y su luz alumbraba con vaguedad el mar.
  • Creía que de allí y de los bailes peseteros del teatro nacía la corrupción creciente de Vetusta.
  • Aprovechando la creciente delgadez, bajaba hasta los hombros como un fúnebre apagaluz de su existencia.
  • ¡Que se vaya a paseo! Siguió el baile con animación creciente y Andrés permaneció sin hablar al lado de Lulú.
  • Martín presenció todas estas maniobras con una curiosidad creciente, hubiera dado cualquier cosa por entrar, pero no tenía dinero.
  • El creciente desarrollo que los vecinos notan en su contestación al Cuestionario de Felipe II se detiene al promediar el siglo XVII.
  • Y aunque no tenía puesto en el buque, ni estaba de servicio, por ser de los recogidos, fue a ayudar a sus compañeros, bastante atareados con el creciente temporal.
  • Su pecho era desproporcionadamente abultado, su cuello corto, las caderas y el talle bien torneados, y las costuras de las mangas parecían próximas a reventar por causa de la gordura creciente de los brazos.
  • Era relator la memoria, fiscal la imaginación, y poco a poco, según las olas de salud subían en su marea, la enferma, perdido el terror con que despertara, oía la acusación con dulce curiosidad creciente.
  • Rugía con creciente ira el viento, y la tronada se había situado sobre los Pazos, oyéndose su estruendo lo mismo que si corriese por el tejado un escuadrón de caballos a galope o si un gigante se entretuviese en arrastrar un peñasco y llevarlo a tumbos por encima de las tejas.