Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "cuentos" aquí tienes una selección de 58 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra cuentos para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- No me vengas con cuentos.
- Basta ya, basta de cuentos.
- ¿tiene usted gana de cuentos?
- No me vengas a mí con cuentos.
- No me vengan a mí con cuentos.
- No me venga usted con cuentos de.
- Dispone de diez cuentos de renta.
- Se habían contado muchos cuentos.
- No me venga usted a mí con cuentos.
- Iii Quedamos en que no hay más cuentos.
- ¡Bah, bah! ¿Tiene usted gana de cuentos.
- Este don variaba en los diferentes cuentos.
- De pronto los cuentos de Estupiñá cesaron.
- ¿O es que le lleva cuentos a don Práxedes?
- ¡Qué barbaridad! Traer a esta casa cuentos de.
- No ponía aquella cara cuando contaba los cuentos.
- Repetidas veces llevó Estupiñá cuentos como este.
- Pero ya nadie se acordaba por allí de tales cuentos.
- Se acordó de cierto asesino de los cuentos de Edgar Poe.
- Es que Estupiñá me espiaba y le llevaba cuentos a mamá.
- Contábales cuentos que yo tenía estudiados para entretener.
- Castrelo se puso, como de costumbre, a espetar cuentos de caza.
- Se jugaba a las cartas y se contaban cuentos de brujas y de piratas.
- No pudieron romperla y se acostaron para contarse cuentos de dormir.
- Y en cuanto al que trae tales cuentos a un establecimiento público.
- Siempre andaba contando cuentos, que demostraban su imaginación excitada.
- Todos los pájaros de pluma negra vuelan hacia atrás, no andemos con cuentos.
- Reina de los moros, como forzosamente han de serlo todas en los cuentos del campo.
- Para acabar de aburrirle y trastornarle, un día fue Villalonga con nuevos cuentos.
- Los que venían de las aldeas y pueblos de pesca, traían hambre de cuentos y chismes.
- Sus cuentos no se diferenciaban gran cosa de las historias que él tenía por verdaderas.
- No me traiga usted a mí cuentos, que no me dan frío ni calor (con reprensión graciosa).
- Cuando nuestro amigo, el viejo lobo de mar, estaba más alegre que de ordinario, contaba cuentos.
- En su cabeza, cada idea tosca y primitiva lleva como atornillada una serie de cuentos y de chistes.
- él por ser muy atropellado, muy hablador, muy amigo de contar cuentos sucios y de decir palabras indecentes.
- Cansado de hacer solitarios, Olmedo se puso a contar cuentos indecentes, lo que a Maximiliano le pareció muy mal.
- Un año antes, la criadita y el estudiante se pasaban las horas muertas en la cocina, contándose cuentos o proponiéndose acertijos.
- Como nadie la consolaba al dormirse llorando, acababa por buscar consuelo en sí misma, contándose cuentos llenos de luz y de caricias.
- Quedose como el combatiente de los cuentos de niños, a quien por obra de magia se le convierte la espada en alfiler y el escudo en dedal.
- ¡Pobre Yurrumendi! Daría cualquier cosa por verle en la tienda de poleas de Zelayeta o en el Guezurrechape de Cay luce, contando sus cuentos.
- Es como la leyenda, como los cuentos de la infancia, candoroso y rico de color, fácilmente comprensible y refractario a los cambios de la moda.
- Le gustaba a Yurrumendi, cuando relataba estos cuentos extraordinarios, documentar sus narraciones con una exactitud matemática, y así decía.
- ¡Ojalá pudiera yo entregarle los míos! Y ahora, cuando tú me traes esos absurdos cuentos, me veo tan por bajo de ella, que no puede ser más.
- Rieron también de buena gana Martín y Bautista la manera de señalar del truhán, pero el campesino aseguró que él no tenía arte para estos cuentos.
- Tomaba su revancha en los cuentos, pues sabía muchos, y ella los escuchaba con embeleso, abierta la boca de par en par y los ojos clavados en el narrador.
- La cocina, en cuyas paredes ahumadas parece que no se extingue nunca el eco de los cuentos con que las abuelas amansan la travesura e inquietud de los nietos.
- Aquel poema estaba compuesto de las lágrimas de sus tristezas de huérfana maltratada y de fragmentos de cuentos que oía a los criados y a los pastores de Loreto.
- Fue el de siempre, resolvió como siempre, y nadie tuvo allí que pensar si el Provisor se habría vuelto loco, ni él necesitó inventar cuentos para engañar a su madre.
- Pero su pena de niña, la injusticia de acostarla sin sueño, sin cuentos, sin caricias, sin luz, la sublevaba todavía y le inspiraba una dulcísima lástima de sí misma.
- La única ocasión en que Germán correspondió al tipo ideal que de su carácter y prendas se había forjado Anita, fue cuando aceptó la escapatoria nocturna para ver juntos la luna desde la barca y contarse cuentos.
- Hubo momentos en que su imaginación, lanzada en el camino de la insensatez, hízole pensar que, como en los cuentos fantásticos, un colosal murciélago le abanicaba con sus alas, para chuparle la sangre después de dormido.
- Maxi, que al hablar de la familia se dejaba guiar más por el amor propio que por la sinceridad, le había hecho mil cuentos hiperbólicos de Nicolás, pintándole como persona de mucha virtud y talento, y ella se los había creído.
- Como supiera un día la dama que su hijo frecuentaba los barrios de Puerta Cerrada, calle de Cuchilleros y Cava de San Miguel, encargó a Estupiñá que vigilase, y este lo hizo con muy buena voluntad llevándole cuentos, dichos en voz baja y melodramática.
- Las sobremesas eran para él largo suplicio, pues a las anécdotas y cuentos de don Manuel, que versaban siempre sobre materias nada pulcras ni bien olientes (costumbre inveterada en el señor de la Lage), se unían las continuas inconveniencias del primo con la prima.
- La música de las palabras, que no le despertaban idea alguna, el haber vuelto a entrar en calor, la misma satisfacción de estar con su favorito, le trajeron insensiblemente el sueño anterior, y Perucho, al armar la algazara acostumbrada cuando terminan los cuentos de cocos, la vio con los ojos cerrados.
- Y sin embargo, la pobre hilandera, al llegar cerca de allí, deteníase indecisa, temblorosa, como las heroínas de los cuentos ante la cueva del ogro, dispuesta á meterse á campo traviesa para dar vuelta por detrás del edificio, á hundirse en la acequia que bordeaba el camino y deslizarse agazapada por entre los ribazos.
- A menudo se juntaban ambas mesas, la de abajo y la de arriba, y se discutía, y se reía y se contaban cuentos subidos de color, y se despellejaba a azadonazos porque no cabe nombrar el escalpelo a Trampeta y a los de su bando, removiendo entre risotadas, cigarros e interjecciones, el inmenso detritus de trampas mayores y menores en que descansaba la fortuna del secretario de Cebre.
- Y entre el trigo y el estrado, sentadas en tallos (asientos de tronco de roble bruto, como los que usan los labriegos más pobres), dos viejas secas, pálidas, derechas, vestidas de hábito del Carmen, ¡hilaban! Jamás había creído la señora de Moscoso que vería hilar más que en las novelas o en los cuentos, a no ser a las aldeanas, y le produjo singular efecto el espectáculo de aquellas dos estatuas bizantinas, que tales parecían por su quietud y los rígidos pliegues de su ropa, manejando el huso y la rueca, y suspendiendo a un mismo tiempo la labor cuando ella entró.