Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra cueva

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra cueva en el contexto de una oración.

Término cueva: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "cueva" aquí tienes una selección de 45 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra cueva para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Entramos en la cueva.
  • Una cueva de ladrones.
  • ¡A la cueva! ¿Para qué?
  • Allí estaba la cueva de la fiera.
  • Habrá que ir directamente a la cueva dije yo.
  • Bajaron a la cueva por una escalera desmoronada.
  • ¡Ah! Es una cueva donde hay duendes, según dicen.
  • Había una cueva pequeña en las dunas con una puerta.
  • Fuimos bordeando algunas rocas de la entrada de la cueva.
  • Desde que supimos esto, la cueva nos imponía algún respeto.
  • Al cabo de algún tiempo cesó de llover y salimos de la cueva.
  • Las familias se metían en sus casas, como los trogloditas en su cueva.
  • Se le figuraba aquel día, que salir de Palacio era salir de una cueva.
  • Ahora, si no tiene usted miedo, bajaremos a la cueva antigua dijo Dorotea.
  • ¡Ca! Me metería en una cueva que hay cerca de la mía, y me estaría allá.
  • Cerca existía una cueva llena de maleza, donde solíamos meternos a huronear.
  • Recalde me confesó que pasó momentos de miedo terrible en aquella maldita cueva.
  • Llovía cada vez más fuerte, cuando llegamos cerca de la cueva de la Egan suguia.
  • Más asco le daba barrer las inmundicias que dejaban allí aquellos osos de la cueva.
  • En el primer trozo de esta cueva había una serie de tinajones empotrados a medias en la pared.
  • Pero si en esta azotea hay veinte grados y en la cueva quince, esa relación es una cosa exacta.
  • El no haberme asustado tanto como él en la cueva del Izarra le parecía, sin duda, una gran superioridad.
  • X LA CUEVA DE LA SERPIENTE Una semana después, mi prima me comunicó su pensamiento de trasladarse a Lúzaro.
  • ¡Pobrecita! ¡En una cueva así debe tener mucho frío! Yo no creo que esa Egan suguia sea tan mala como dicen.
  • Ponía lazos a las nutrias en la cueva de Amaviturrieta, que se hunde en el suelo y está a medias llena de agua.
  • Entre ellas le dijo que él mismo había guardado cerca de Urdax, en una cueva, más de treinta fusiles modernos.
  • Fué lástima que no tuviéramos el cañón de la cueva del río para saludar con salvas nuestra primera conquista.
  • Las nubes, al pasar por el cielo aclarando u obscureciendo la boca de la cueva, cambiaban aparentemente la forma de las cosas.
  • ¿Creía Jacinta aquellas cosas, o aparentaba creerlas como Sancho las bolas que Don Quijote le contó de la cueva de Montesinos?
  • Estos libros debían de haber estado en alguna cueva, porque echaban olor a humedad y tenían las pastas carcomidas por las puntas.
  • Estábamos sobre una cornisa de piedra carcomida, llena de agujeros y de lapas, que corría en pendiente suave hacia el interior de la cueva.
  • El mozo aseguró que en aquella cueva se habían encontrado huesos humanos, y mostró en la pared la huella de una mano que él suponía era de sangre.
  • El viejo Yurrumendi, un extraño inventor de fantasías, le dijo a Zelayeta que aquella cueva era un antro donde se guarecía una gran serpiente con alas, la Egan suguia.
  • Respecto a la cueva que hay en el Izarra, frente a Frayburu, él no quería hablar y contar con detalles las mil cosas extraordinarias y sobrenaturales de que estaba llena.
  • Bastaba decir que las sirenas, los unicornios navales y los caballos de mar andaban como moscas, y que un gigante, con los ojos encarnados, tenía en la cueva su misteriosa morada.
  • Yo conté de mil maneras distintas las impresiones que se experimentaban en la cueva del Izarra y demostré que en ella no había nada maravilloso, sino restos del paso de contrabandistas.
  • En la cueva de Caracas solían estar a todas horas, de tertulia, un borracho, que se llamaba Joshepe Tiñacu, y un tipo mediotonto, de blusa azul y de gorro rojo, que vigilaba las lanchas, apodado Shacu.
  • Quería recorrer aquel camino del acantilado que tantas veces pasé de niño, echar una ojeada a la cueva de la Egansuguía y recordar el olor de las aliagas y de los helechos, ya olvidado por mí desde la infancia.
  • Las fantasías que edificamos sobre el Stella Maris no tenían fin, lo pondríamos a flote, llevaríamos a bordo el cañón enterrado en la cueva próxima al río, y nos alejaríamos de Lúzaro disparando cañonazos.
  • Muchas veces, después de tantos años, suelo soñar que voy en el Cachalote por la entrada de la cueva del Izarra y que no encuentro sitio donde atracar, y tal espanto me produce la idea, que me despierto estremecido y bañado en sudor.
  • Parece que en mi cerebro entra de improviso una gran luz que ilumina y da forma a mil ignorados prodigios, como la antorcha del viajero que, esclareciendo la obscura cueva, da a conocer las maravillas de la geología tan de repente, que parece que las crea.
  • Los dos criados encontraban cada vez más pesadas sus cestas, y seguían con dificultad a la señora al través del gentío compacto e inquieto que se agitaba a la entrada del Mercado Nuevo, cuyos pórticos, en plena tarde de sol, tenían la lobreguez y humedad de una boca de cueva.
  • Y sin embargo, la pobre hilandera, al llegar cerca de allí, deteníase indecisa, temblorosa, como las heroínas de los cuentos ante la cueva del ogro, dispuesta á meterse á campo traviesa para dar vuelta por detrás del edificio, á hundirse en la acequia que bordeaba el camino y deslizarse agazapada por entre los ribazos.
  • ¡Lo que quisieran! Andresito vio cómo se alejaban los dos viejos, mostrando una nueva cara por el revés chamuscado de su pantalón, riendo su postrera hazaña, dándose besos y abrazos para afirmar la fraternidad del cafetín y hablando a gritos para que quedase bien sentado que la casa grande era una cueva de ladrones, y ellos, desengañados, se retiraban a la vida privada.
  • Mientras los demás chicos estudiaban la doctrina y el catón, él contemplaba los espectáculos de la Naturaleza, entraba en la cueva de Erroitza en donde hay salones inmensos llenos de grandes murciélagos que se cuelgan de las paredes por las uñas de sus alas membranosas, se bañaba en Ocin beltz, a pesar de que todo el pueblo consideraba este remanso peligrosísimo, cazaba y daba grandes viajatas.