Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra daban

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra daban en el contexto de una oración.

Término daban: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "daban" aquí tienes una selección de 100 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra daban para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Se daban la mano.
  • Pero no daban de comer.
  • Comía lo que le daban.
  • Me daban mil excusas inverosímiles.
  • Los dos matrimonios se daban buena vida.
  • Me daban ganas de ir a pedirles perdón.
  • Le daban asco ellas, su tertulia y sus teatros.
  • ¡Estaban frescos! Allí no se daban más copas.
  • Al recogerse, sus hermanas daban matraca a Rita.
  • Y mientras más repelones le daban, peor que peor.
  • Los recuerdos de la infancia me daban datos falsos.
  • Tomaba todo lo que le daban, y si se le preguntaba.
  • En las oficinas de Hacienda pública no daban razón.
  • De vez en cuando daban golpes en la puerta por fuera.
  • Las visitas le daban cumplida enhorabuena por su boda.
  • Pero casi siempre las enfermedades le daban sorpresas.
  • A Jacinta le daban marcos cuando los miraba con fijeza.
  • Otros no se daban por satisfechos con lo que recibían.
  • En entrando allí daban tentaciones de echarse a la larga.
  • Y con todo eso, las malditas gallinas no daban nada de sí.
  • Nos daban de comer un poco de pan, pescado salado, leche y miel.
  • Las letras saltaban, estallaban, se escondían, daban la vuelta.
  • Todo lo que le daban de comer no le servía más que de aperitivo.
  • En cambio don Manuel y Nucha daban señales de inquietud y desagrado.
  • Entre su fe y cierta maliciosa experiencia le daban ganancias seguras.
  • Sintió que la sujetaban por la cintura y le daban un beso en la nuca.
  • ¡Le daban una fe en sí mismo aquellas palabras! No quería saber más.
  • Estos, unidos a los geranios y a los dompedros, daban un poco de verdura.
  • Ambos llevaban más de un año buscando el tesoro, pero no daban con él.
  • El ratón y culebra que me daban guerra y me comían mi hacienda he hallado.
  • Los enormes chopos que rodeaban la taberna daban sombra á los animados grupos.
  • Ya daban cuenta de un pan, y el que más comía era el cura, con el mirar sólo.
  • Y estos pensamientos, que antiguamente la atormentaban, ahora le daban alegría.
  • Y todos se guiñaban un ojo, reían, se daban palmadas para expresar su contento.
  • Se comía, allá arriba, lo que salía al paso, lo que daban los pasmados venteros.
  • El oído y la vista daban de rato en rato alguna impresión fugaz de la vida exterior.
  • Oí en el reloj de la iglesia que daban las once de la noche, y me dirigí hacia casa.
  • En el coro daban señales de vida violines y flautas con quejidos y suspiros ahogados.
  • Y aquí me daban el perro, allá el duro, en otra parte el billetito de cinco o de diez.
  • Los curiosos agolpados a ambos lados de la vía daban a entender lo mismo con sus palabras.
  • Que de la laceria que les traían me daban alguna cosilla, con la cual muy pasado me pasaba.
  • Sus pláticas con aquella muchacha tranquila y juiciosa le daban nuevos ánimos para trabajar.
  • Esta era la ocupación a que daban más importancia entre todas las de su atareada existencia.
  • Otra vieja rara de la vecindad era la señora Benjamina, a quien daban el mote de Doña Pitusa.
  • Ya mis muchachos se habían armado de piedras y daban tras las revendederas y descalabraron dos.
  • Se acordaba de las dudas de los filósofos y los ensueños de los teólogos y le daban lástima.
  • Del tormento que estas ideas daban a su alma se defendía Barbarita con su ardiente fe religiosa.
  • Tenía algún parecido con Cavour, de lo que provenían las bromas un tanto pesadas que le daban.
  • Ésta envió un criado a los hoteles, pero en ninguno daban noticias ni de Bautista ni de Catalina.
  • Sobre la puerta de la escalera destacábase una testa de toro disecada, con unas astas que daban frío.
  • Los desabridos y no muy abundantes guisos del ama de llaves daban cierta figura a su corpachón huesoso.
  • Y mientras estaba malo, siempre me daban alguna limosna, mas después que estuve sano, todos me decían.
  • En cambio su madre, André Anthoni, se ponía como una fiera cuando oía que a su hijo le daban este mote.
  • El marqués de Vegallana, a quien sus viajes daban fama de instruido, declaró que los versos eran libres.
  • A cambio de los negros daban fusiles, pólvora, instrumentos de hierro y brazaletes de latón y de cristal.
  • Así le nombraba el ama delante de los criados y era el tratamiento que ellos le daban y tenían que darle.
  • Sin confesárselo, sentía a veces desmayos de la voluntad y de la fe en sí mismo que le daban escalofríos.
  • El lugar, la ocasión daban a su acto mayor fealdad, y así lo comprendió en un rápido examen de conciencia.
  • A veces los remeros daban una pasada para atrás, con el objeto de no avanzar, sin duda esquivando alguna roca.
  • Pero los arrendadores nos daban goletas viejas sin condiciones marineras, llenas de agujeros tapados con estopa.
  • La comadrona tenía una casa bastante grande con unos gabinetes misteriosos que daban a la calle de la Verónica.
  • Pusque lo que menos creíamos era que los casacones habían salido de Gibraltar tras de nosotros y nos daban caza.
  • Daban más valor a la dote y a los vestidos, y creían que las proporciones los novios aceptables harían lo mismo.
  • Los mismos tertulios procuraban cerrar las puertas, porque se daban tono así, y además no les convenían testigos.
  • Las rejas, con sus cruces, daban una impresión de romanticismo y de misterio, de tapadas y escapatorias de convento.
  • Los más gustaban de que se les sirviera el café sin ninguna tardanza, y daban palmadas si el chico no venía pronto.
  • Cuando explicaba algo bajaba los párpados, con un aire de suficiencia tal, que a Andrés le daban ganas de estrangularle.
  • De las paredes del Norte y Sur pendían sendos cuadros de Cenceño, pero retocados con colores chillones que daban gloria.
  • De tarde en tarde algunos señoritos se daban de bofetadas en el Espolón, en algún sitio público, pero no pasaba de ahí.
  • Por el arroyo central daban vueltas y más vueltas, como arcaduces de noria, los carruajes alineados en interminable rosario.
  • Estaba orgullosa de sus ojos negros, tan bonitos que, según dictamen de ella misma, le daban la puñalada al Espiritui Santo.
  • En las contratas de vestuario para el Ejército y Milicia Nacional, ni Santa Cruz, ni Arnaiz, ni tampoco Bringas daban la cara.
  • Todos estos riesgos exaltaban la imaginación, aumentaban el valor, daban el pensamiento de luchar contra el mal y de vencerlo.
  • Guardaba los trozos de tocino que daban en el rancho, les ponía una mecha con un poco de estopa y me servían para alumbrarme.
  • Su bigote blanco, su perilla blanca, sus cejas grises le daban venerable y hasta heroico aspecto de brigadier y aun de general.
  • Pero la confianza y la soledad daban encanto a ciertas expresiones que habrían sido ridículas en pleno día y delante de gente.
  • Él se estaba quieto, inmóvil, con los ojos muy abiertos y fijos, sin osar respirar, tan hermoso, que daban ganas de comérselo.
  • La tía Úrsula la repartía, mientras nosotros, los chicos, mirábamos si a alguno le daban más que a los otros, para protestar.
  • Comprendía aquellos ardores que con miradas unos, con palabras misteriosas otros, daban a entender todos los jóvenes de Vetusta.
  • Se extinguía á lo lejos, como agotado por las bifurcaciones innumerables de sendas y caminitos que daban entrada á las barracas.
  • Una porción de chimeneas, como tubos de órgano, le daban un aspecto fantástico, y otras en zig zags parecían brazos en flexión.
  • De allí teníamos que saltar a la galería redonda del coronamiento de popa, adonde daban los balcones de la cámara del comandante.
  • Sin duda, eran los obstáculos los que me daban antes bríos y fuerza, el ver que todo el mundo se plantaba a mi paso para estorbarme.
  • El Magistral recordaba haber estado allí, de rodillas, con un hacha de cera en la mano, mientras le daban a la pobre joven el Señor.
  • En todos los grandes hombres que, según frase de Andresito, habían tenido malas pulgas, y lo mismo escribían que daban una estocada.
  • Ya había miradas de fuego, sonrisas perezosas que presentían imposibles, celos dramáticos que daban al conjunto un tono de grandeza.
  • Ya expresaban alegría, como un saludo de buen viaje, y yo escuchaba el rumor cual si fuese de humanas voces que nos daban la despedida.
  • Y como todos daban a entender que su aventura de la barca de Trébol había sido una vergüenza, su ignorancia dio por cierto su pecado.
  • Daban las ocho en el reloj de las iglesias de Estella, cuando Martín oyó dos golpecitos en la puerta, Martín contestó del mismo modo.
  • Los amigos del valentón le daban broma al ver que después de las guindillas daba tientos al jarro, sin cuidarse de si su enemigo le imitaba.
  • Fortunata dijo que sí con la cabeza, y sus miradas daban a entender que aquel perdón era de los fáciles, porque el amor andaba de por medio.
  • Estas cosas daban a Fortunata alegría y esperanza, avivando los sentimientos de paz, orden y regularidad doméstica que habían nacido en ella.
  • El escritor de Hacienda se apresuró a dar su opinión favorable al café de Santo Tomás, porque allí daban más azúcar que en ninguna parte.
  • Cerradas las ventanas y las tres aspilleras del remate de la fachada que daban luz al piso alto, á la cambra, donde eran guardadas las cosechas.
  • Las rentas apenas si daban para los réditos, y hasta la misma casa en que ella vivía era una finca que producía poco, por culpa de su vanidad.
  • Los balcones y puertas estaban adornados con centenares de banderitas rojas y amarillas, que daban a la plazuela el aspecto de un buque empavesado.
  • A él no le daban un anciano venerable por un hombre joven, aunque estuviese teñido, ni un hombre con una hernia por un individuo bien organizado.
  • El Botánico le gustaba más a Lulú por ser más popular y estar cerca de su casa, y por aquel olor acre que daban los viejos mirtos de las avenidas.
  • El manjar más insulso, si se lo daban diciendo que estaba hecho con una receta antigua y que figuraba en La Lozana Andaluza, le parecía maravilloso.
  • Mas domada la furia sin que fuese preciso apelar a la fuerza, cuando se repetían los accesos de indisciplina y procacidad no les daban gran importancia.