Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra dama

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra dama en el contexto de una oración.

Término dama: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "dama" aquí tienes una selección de 100 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra dama para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Le dijo la dama.
  • La dama se reía.
  • Eres una dama, Rafael.
  • , ¿ha venido esa dama?
  • Dijo la dama amoscándose.
  • ¡Pero la otra es una dama!
  • ¡El único! según la dama.
  • Llega Somoza, pulsa a la dama, pide.
  • Tuvo la dama intenciones de llamarle.
  • ¡Quite usted allá! replicó la dama.
  • Dama ilustre con quien te quieres casar.
  • Pues qué, ¿no era ella también dama ?
  • La dama pignoró los restos de su legítima.
  • Todo pasaba a vista de mi dama y de don Diego.
  • ¡Oh!, ¡y qué bien os la jugaron! dijo la dama.
  • Otros melómanos furiosos vio la dama en el palco.
  • Balbució la dama sin atreverse a acabar la frase.
  • Replicó la dama haciéndose la enfadada, herejote.
  • Don Álvaro acercó su rostro al de la dama golosa.
  • Por lo que voy viendo, aquí no viene más dama que yo.
  • Sácalos dijo la dama con voz de autoridad indiscutible.
  • Preguntó la dama llevándose a la sien su dedo índice.
  • Preguntó la dama a los caballeros, al ver llegar a Paco.
  • De Ido indicó la dama, ¿se comería usted una chuletita?
  • Presentose la dama a las nueve, acompañada de Estupiñá.
  • Entramos en el establecimiento el capitán de la Dama Zuri y yo.
  • De Izquierdo dijo la dama, planteando decididamente la cuestión.
  • Usted está loco exclamó la dama con arranque de enojo y despecho.
  • Fortunata conocía La Dama de las Camelias, por haberla oído leer.
  • Pues suponga usted, compañero, que yo tengo faldas, que soy una dama.
  • Su culto a la dama no tenía que ver nada con las exigencias del sexo.
  • Confusamente pudo columbrar unos brazos que oprimían a la dama la cintura.
  • ¡Aquello era señorío! ¡Ni una mancha! Los pies parecían los de una dama.
  • Visitación fue la primera dama agregada, por su prurito de agregarse a todo.
  • Por el bien parecer pidió que en su visita le acompañase otra dama de viso.
  • Sólo se degradan tanto las cursis y alguna dama de aldea en tiempo de feria.
  • El círculo que la rodeaba se iba estrechando, y la dama empezaba a sofocarse.
  • Querido dijo a Rubín la dama esférica, tocándole amistosamente en el hombro.
  • ¡Una dama que no sabe tocar el piano más que con un dedo! Quintanar es feliz.
  • Esta visita fue de tan poca sustancia, que la dama volvió muy triste a su casa.
  • Severiana estimó en lo que valían las bondades de la dama para con la pequeña.
  • La dama se acordó del Arcipreste, que tenía el don de parecerse a los pájaros.
  • Solían acompañarla doña Petronila Rianzares o alguna otra dama de su cónclave.
  • Aquí estoy, maestra dijo el anciano, y la dama se levantó para dejarle el asiento.
  • Cecilia, hermosísima joven e ilustre dama romana, consagró su cuerpo a Jesucristo.
  • Yo no tengo niños dijo la dama con tanta pena como el otro al decir no tengo camisa.
  • En la desesperación de su inevitable derrota, encontró aún la dama otro argumento.
  • En la excitación de su cariño, la dama acariciaba en su mente un plan algo atrevido.
  • ¡Venga usted acá, dama infiel! le dijo el frenético esposo, cogiéndola por un brazo.
  • La dama, completamente tranquila, sonriente, se metió un terrón de azúcar en la boca.
  • Anda, anda, corre, sube, mata a la dama, después desafía al galán y mátale también.
  • La Dama Zuri era una goleta de tres palos, blanca como una gaviota y airosa como un cisne.
  • No lo hará más dijo la dama sin hartarse de acariciar aquella cara tan tersa y tan bonita.
  • Entre la primera y la segunda hay colgado un zapatito auténtico de una dama del siglo XVIII.
  • Ahora, vamos añadió el viejo, dirigiéndose al capitán de la Dama Zuri, a nuestros asuntos.
  • El Arcipreste narraba las aventuras de la dama como lo hubiera hecho Marcial, salvo el latín.
  • Si usted descubre que esa divinidad, a quien usted ama con frenesí, esa dama que fue tan pura.
  • Martín dijo la dama, levantándose de su silla y poniéndole las manos pequeñas en sus hombros.
  • Ni él se atrevería a tanto, ni con dama como aquella era posible intentar semejantes atropellos.
  • Y dama y clérigo se vieron solos en el salón sombrío, de damasco verde obscuro y de papel gris y oro.
  • Bermúdez sostuvo la mirada de la ilustre dama y olvidó por un momento los cincuenta años de la Marquesa.
  • El silencio de don Fermín y su mirada a las estrellas indicaron a la dama que se iba a tratar de algo grave.
  • Anduvo calles y más calles, retrocedió, dio vueltas a esta y la otra manzana, y la dama nocturna no parecía.
  • Viii La primera vez que Don Evaristo visitó a su dama después de esta entrevista, abrazola gozoso, y le dijo.
  • Parecía una dama holandesa, blanca y rolliza, vestida de negro, que marchaba contoneándose con gracia por el mar.
  • Todos los que usted quiera replicó la señora de Rubín, encantada con la indulgencia y cortesía de la ilustre dama.
  • Hay mucha miseria observó la dama, tomando el tema por otro lado, y los que tenemos qué comer nos quejamos de vicio.
  • Con la risa del gracioso chiquillo resurgía de un modo extraordinario el parecido que la dama creía encontrar en él.
  • Lo referente a esta insigne dama lo sabe mejor que nadie Zalamero, que está casado con una de las chicas de Ruiz Ochoa.
  • Y durante la comida, aunque éste celebraba todos los platos con desusado calor, la implacable dama no cesaba de gruñir.
  • La dama obligaba a su hija mayor a vestirse de una manera pobre y ridícula, con el objeto de que nadie se fijara en ella.
  • Don Álvaro tenía que inclinarse para que su aliento, al hablar, rozase blandamente la cabeza graciosa y pequeña de la dama.
  • Por fin, decidiose la dama a romper el silencio sobre punto tan capital, y levantándose dio algunos pasos hacia donde Ido estaba.
  • No interesaba a Jacinta aquel triste relato tanto como creía Nicanora, y viendo que esta no ponía punto, tuvo la dama que ponerlo.
  • Y vea aquí novecientos y un sonetos y doce redondillas (que parecía que contaba escudos por maravedís) hechos a las piernas de mi dama.
  • Yo, triste, que me había visto moler a palos delante de mi dama, y me vi llevar preso sin razón y con mal nombre, no sabía qué hacerme.
  • Y al decir esto estaba ya la del Banco con los brazos abiertos frente a la Regenta, y chocaban las rodillas de una dama con las de la otra.
  • Durante un rato estuvo la dama silenciosa, sintiendo que se le hacía en la garganta el nudo aquel, síntoma infalible de las grandes penas.
  • Como una dama rica y elegante deja vestidos casi nuevos a sus doncellas, Mesía más de una vez dejaba en brazos de Paco amores apenas usados.
  • Tanto la asustaba y sobrecogía la presencia de la respetable dama y la presunción del grave negocio que en aquella conferencia se iba a tratar.
  • Don Víctor había desaparecido y el seductor de oficio y la dama se habían ocultado poco a poco entre los árboles, en un recodo de un sendero.
  • Más que reunir dinero para el asilo, preocupaba a la dama el ver resuelto según su deseo lo que ella y su marido habían tratado la noche anterior.
  • Subió Nones, y la dama, después de recomendar al sillero y a otros vecinos que barrieran la delantera de las respectivas puertas, iba a subir también.
  • Lo que este chico dice indicó el farmacéutico, comunicando a la dama sus temores, me parece tan lógico, que casi casi me inclino a tenerlo por cierto.
  • Como advirtiera la dama en los ojos de su interlocutora una lucidez y movilidad singularísimas, sospechó si aquella mujer padecería enajenación mental.
  • El mancebo sonríe con amabilidad, figurándose de buen grado a la dama delgada, pero de buenas formas, tiritando en camisa bajo los rigores de una nevada.
  • Enterose la dama minuciosamente de cómo había pasado la noche, de quiénes se quedaron a velarla, de lo que había dicho el médico en la visita de la mañana.
  • Pocas veces habían cruzado la palabra la hermosa dama y el Provisor, y nunca había pasado la conversación de los lugares comunes a que obliga el trato social.
  • Aquel día le llevó la dama unas botitas muy lindas, y prometió llevarle otras prendas, pendientes y una sortija con un diamante fino del tamaño de un garbanzo.
  • EL DRAGÓN I EL CAPITÁN DE LA DAMA ZURI De la Compañía de vapores de Bilbao a Liverpool, pasé a otra de tras atlánticos de la línea de Burdeos a Buenos Aires.
  • A solas con él, la dama se entretenía fabricando en su atrevido pensamiento edificios de humo con torres de aire y cúpulas más frágiles aún, por ser de pura idea.
  • Un rincón del bosque, una dama que monta a la inglesa, y un jinete que le va a los alcances dispuesto, según todas las señas, a besarle una mano en cuanto pueda cogerla.
  • Anuncios de funciones de teatro impresos en seda, rezando que la dama de música había de cantar una chistosa tonadilla, y el gracioso representar una divertida pitipieza.
  • Y mientras le abrochaba, la dama, sin quitarse los guantes, el botón del cuello, don Víctor comenzó a darle cuenta de sus propósitos irrevocables de distraer a su mujer.
  • Y sin embargo, al ver a la insigne dama aristocrática humillarse de aquel modo, avergonzose de no tener valor para imitarla, y sacando fuerzas de flaqueza, ofreció su ayuda.
  • Un día estaba haciendo los preparativos para zarpar, cuando recibi la visita del capitán de la goleta Dama Zuri, que me traía una carta de recomendación de mi amigo Recalde.
  • Su literatura se había reducido a la Historia de la prostitución por Dufour, a La Dama de las Camelias y sus derivados, con más algunos panegíricos novelescos de la mujer caída.
  • En opinión de la dama vetustense, en general, el arte dramático es un pretexto para pasar tres horas cada dos noches observando los trapos y los trapicheos de sus vecinas y amigas.
  • Porque no ha habido princesa de cuento oriental ni dama del teatro romántico que se ofreciera a la mente de un caballero con atributos más ideales ni con rasgos más puros y nobles.
  • Creo que Dios te toca en el corazón dijo la dama guiñando los ojos, y poniendo sobre la cabeza del triste caballero su mano derecha, en la cual tenía el libro de misa y el rosario.